Los bosques de las montañas cubren más de nueve mil millones de kilómetros cuadrados, es decir el 28% de la superficie mundial de monte cerrado, pero estos ecosistemas tan peculiares del planeta están desapareciendo. El informe “Evaluación global de los bosques por teledetección” de la FAO confirma que los bosques del mundo perdieron una media de 4,9 millones de hectáreas al año desde 1990 hasta 2005.

Los bosques húmedos templados costeros, que producen más materia viva que ningún otro ecosistema, en otros tiempos crecían en todo el mundo, mas hoy apenas cubren 40 millones de hectáreas, sobre todo en Chile y la parte noroccidental de América del Norte.

Casi el 90% de los bosques higrofíticos nubosos de los Andes septentrionales se ha perdido, a pesar de ser refugio y fuente de alimentos de miles de personas, animales y plantas. También en esa zona se ha deforestado el 98% de la superficie anteriormente cubierta por el queñual, el árbol que crece a mayor altura en la Tierra.

Estos ejemplos denuncian lo que ya es un hecho: la integridad y capacidad de recuperación de los bosques de montañas corren peligro. Las altas temperaturas, los incendios forestales, el crecimiento demográfico, la inseguridad alimentaria y la inestabilidad en materia de combustibles son los causantes de tal degradación.

También las presiones demográficas y la expansión de la agricultura intensiva han empujado a pequeños agricultores hacia zonas marginales y laderas empinadas, con la consiguiente pérdida de masa forestal. Así lo señala un informe elaborado por la Secretaría de la Alianza para las Montañas, con sede en la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y la Agencia suiza para el Desarrollo y la Cooperación.

“Bosques de montaña en un mundo cambiante” se publicó a fines de 2011, a tono con la celebración del Día Internacional de las Montañas el 11 de diciembre. “El desarrollo sostenible de los bosques de montaña requiere y merece ocupar un lugar destacado en la agenda internacional”, subrayó en su presentación el subdirector general del Departamento Forestal de la FAO Eduardo Rojas-Briales.

Las razones son de peso: las montañas suministran el 60% de los recursos de agua dulce del mundo, a pesar de cubrir sólo el 12% de la superficie de la Tierra, según el documento del organismo internacional. Más de la mitad de la población mundial depende del agua dulce almacenada en las montañas para beber, cocinar y lavar, para el riego de las plantaciones, la energía hidroeléctrica, las industrias y el transporte.

Cuando se eliminan los bosques de montañas se deja la tierra sin protección y aumentan las escorrentías y la erosión del suelo. En tanto las especies acuáticas se ven amenazadas, las poblaciones se hacen más vulnerables a los desastres naturales y se acentúan los efectos del cambio climático. Además de resultar vitales para proteger nuestro bienestar y de proporcionar bienes y servicios esenciales, como los alimentos, las zonas boscosas son tesoros naturales cuya presencia salvaguarda el patrimonio cultural de la humanidad.

No en balde la FAO instó a los responsables de elaborar las políticas de los países a tener en cuenta la importancia de proteger y conservar estos ecosistemas. Señaló, además, que la población de las montañas -que son de las más pobres y hambrientas del mundo- deberían tener voz en la gestión de los recursos forestales locales de los que dependen, y participar de los beneficios del uso y conservación de los bosques.

El 2011 fue el Año Internacional de los Bosques, nombrado así por la ONU en la búsqueda de ganar conciencia de la necesidad de proteger y conservar este ecosistema. Al tema se le dedicaron jornadas de reflexión, seminarios, siembras de árboles, proyectos e investigaciones.

Centenares de millones de personas, fundamentalmente en los países en desarrollo, dependen de los bosques para su vida cotidiana, son el pulmón del planeta, dijo el presidente de la Asamblea General de la ONU Joseph Deiss, al dejar oficialmente inaugurada la celebración. Al concluir el 2011 la situación de las zonas boscosas no era nada halagüeña, mal que arrastra tras décadas de pérdidas despiadadas.

El informe “Evaluación global de los bosques por teledetección” de la FAO confirma que los bosques del mundo perdieron una media de 4,9 millones de hectáreas al año o casi 10 hectáreas por minuto entre los años 1990 y 2005.

En 2005 la cubierta forestal del planeta era de 3.690 millones de hectáreas, 30% de la superficie terrestre. En 15 años la tasa mundial de deforestación se valora como promedio en 14,5 millones de hectáreas. Estas cifras fueron obtenidas a partir de datos satelitales de alta resolución, que proporcionaron una imagen más precisa de los cambios producidos en la masa forestal en ese período.

Demostraron que la pérdida neta de superficie forestal en década y media no fue tan grande como se pensaba, ya que la ampliación de la superficie forestal es mayor de lo previamente estimado. Muestran, además, que la pérdida neta de bosques se aceleró, al pasar de 4,1 millones de hectáreas al año entre 1990 y 2000, a 6,4 millones en los cinco años posteriores.

De acuerdo con el estudio, la merma de masa forestal fue mayor en las zonas tropicales, donde se perdieron 6,9 millones de hectáreas. La mayor tasa de conversión de tierras forestales a otros usos no especificados se percibió en América del Sur, seguida de África. Asia fue la única región que mostró ganancias en el uso de la superficie forestal en ese período, pues la extensiva plantación documentada de varios países del área, principalmente China, fue superior a la pérdida de áreas boscosas. En las zonas subtropicales, templadas y boreales se registró un ligero aumento de la faja de bosques.

“La deforestación está privando a millones de personas de bienes y servicios forestales decisivos para la seguridad alimentaria, el bienestar económico y la salud ambiental”, alertó el subdirector general de la FAO del Departamento Forestal Eduardo Rojas-Briales. Ante este panorama, el funcionario subrayó la necesidad de que los países y las organizaciones enfrenten con urgencia el problema y frenen la pérdida de valiosos ecosistemas forestales.

* Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.