“Los medios (…de derecha) construyeron el mito de pulmón del planeta, de casi el paraíso encerrado en un pequeño territorio (TIPNIS) en la Amazonía… Por otra parte, se nos mostró a los hermanos indígenas casi como los dueños de ese pulmón del mundo y cuando uno comienza a ver en detalle, los dueños no son los pueblos indígenas…”. Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera.[i]

Habría mucho que criticar a los medios modernos de comunicación masiva (en general, no únicamente a los alineados con determinada visión ideológica) por su enorme poder para construir realidades ficticias a despecho de lo que todavía nos informan nuestros propios sentidos, y particularmente el sentido común, sobre las realidades concretas y diversas que delimitan las actividades humanas. A pesar de que esto no es nada nuevo (McLuhan ya hablaba en los 1960 de que “el medio es el mensaje”), nos deberíamos felicitar de que ahora exista una creciente conciencia de que los medios no son nada inocentes o neutrales en cuanto a la información que supuestamente sólo vehiculan. Es más, hay muchos estudios, escuelas, expertos e intelectuales que nos advierten sobre la manipulación que operan los medios modernos sobre la conciencia de los individuos y las colectividades; ni qué decir la legión de aquellos que denuncian la manipulación de los medios de derecha ya sea para ampliar el dominio del capital transnacional a nivel global, o bien para socavar los procesos políticos que intentan revertir (o sustituir) el dominio de partidos tradicionales que representan a las elites conservadoras en sus países.

¿Hay acaso alguna razón para no felicitarnos por el creciente compromiso de estas personas con la promoción de una conciencia crítica en nuestros países cada vez más bombardeados con imágenes de los medios de comunicación transnacionales? Una de ellas, el Vicepresidente Álvaro García Linera, destaca estos días por su supuesto desmontaje de la “estafa mediática” en torno al TIPNIS. Según García Linera, “todos los medios privados, sin excepción, nos han hablado del Tipnis como el pulmón del mundo. Suena muy lindo y es muy impactante hablar del pulmón del mundo, donde están los bosques que te dan el aire, que te dan el agua, entonces uno dice, pero cómo no cuidar ese pulmón del mundo”. Pero en realidad “en el TIPNIS hay y había venta de maderas, incluso con los actuales dirigentes involucrados…. un pulmón del mundo no es una concesión maderera, un lugar donde (además) anualmente se matan miles de lagartos -cocodrilos- para convertirlos en cuero por empresas privadas extranjeras, y después llevar esas pieles a Italia y convertirlas en carteras y cinturones carísimos”. Recordó también que “en el lugar sigue habiendo turismo de privilegio. Un boleto para ir al TIPNIS y estar cuatro días cazando en lagos y ríos valía siete mil dólares. Ningún boliviano iba. Solo venían de Estados Unidos y de Europa, con vuelos a pistas de aterrizaje en el TIPNIS, hoteles ecológicos de primera y los siete mil dólares para tres noches”.

¿Qué decir frente a esta supuesta posición crítica frente a los medios (de derecha) de nuestros (ex) amigos de izquierda comprometidos con el proceso de cambio? ¿Se trata más bien de mentiras cínicas para encubrir acciones (del gobierno) a todas luces antipopulares (por divisionistas y anti-indígenas)? ¿Están en lo cierto quienes creen que los actuales titulares del proceso de cambio han mutado de piel para convertirse en los principales defensores de las transnacionales y otros intereses inconfesables? Me parece que ni lo uno ni lo otro: ni verdaderamente críticos ni totalmente cínicos. Ni las elaboraciones del Vicepresidente respecto a una supuesta “estafa mediática” sobre el TIPNIS representan una posición crítica frente a la distorsión programada de la realidad que operan los medios de comunicación masiva (independientemente de su orientación política), ni la distorsión engañosa de la realidad que realizan los actuales gobernantes es equivalente a mentiras cínicas (como las de algunos ex dictadores atrabiliarios estilo García Meza o Arce Gómez) que encubren una política delincuencial en función de intereses inconfesables (narcotráfico).

¿Cómo entender entonces las maniobras de los gobernantes que últimamente se parecen tanto no ya a las prácticas neoliberales sino a las dictatoriales? (solo en la época de Banzer la política era una mala palabra como lo es ahora en boca de ministros/as y asambleístas del oficialismo). Para entenderlas hay que acudir a un término originado en el psicoanálisis: la racionalización de la conducta propia a la que suele recurrir el individuo cuando pretende ocultar las reales motivaciones e implicaciones de su conducta incluso a sí mismo (como cuando alguien golpea a sus hijos para desfogarse de sus frustraciones y pretende que lo hace para “educarlos” y se convence a sí mismo de ello).

En otras palabras, lo que hacen el Vicepresidente y otros representantes del gobierno del MAS es racionalizar su accionar cada vez más alejado de las prácticas democráticas con la especie de que los medios son sus principales opositores al crear mitos (como el del TIPNIS) para encubrir realidades más prosaicas (como la tala de madera en el “supuesto” bosque virgen y la caza furtiva del lagarto amazónico en un área “supuestamente” intangible) que delatarían la existencia de intereses creados de grupos ligados a las clases dominantes tradicionales . Asimismo, su incapacidad de diálogo y aceptación de las realidades políticas inherentes a las luchas sociales de los movimientos indígenas que hasta hace poco representaban se racionaliza como un supuesto plus de conciencia que les permitiría, a los funcionarios y defensores del gobierno de Evo Morales, desenmascarar los intereses creados (de transnacionales conservacionistas, ONGs interesadas, oposición manipuladora) que estarían detrás de “las mentiras de los medios” (de derecha y “alguna izquierda” que se deja instrumentalizar por esta) y de la manipulación de “unos cuantos dirigentes indígenas que obligaron a sus bases a participar en las marchas indígenas de tierras bajas sin consultarles previamente si querían la intangibilidad de su territorio” . Ante semejante distorsión de los hechos, no es de extrañar que los dirigentes de la novena marcha indígena les reclamaran a los ministros que los acusaban de mentir y manipular a sus bases: “antes de señalarnos que nos quitemos la paja de los ojos, quítense la viga que tienen en los suyos”.

En realidad, a los gobernantes poco les importa la información relevante sobre el TIPNIS —la enorme diversidad biológica preservada, su contribución como una especie de pulmón a la contención del cambio climático, la decisión de sus comunidades para oponerse a la construcción de una carretera que pase por el núcleo de su territorio y otras tantas— toda vez que ellos creen (“sienten”, diría Evo) que el beneficio económico de la carretera (y para ellos, sobre todo el político) está fuera de discusión. Lo contrario significaría hacer cuentas que están más allá de las posibilidades de cualquier método de auditoría ambiental: ¿cómo se puede contabilizar la pérdida de tan enorme diversidad biológica que implicaría la construcción de una autopista moderna por medio del TIPNIS? No es que se desconozca la magnitud de las pérdidas en curso, como aquella que indica que las masas forestales en países europeos y Estados Unidos aumentan (al haberse sustituido la leña por combustibles fósiles) pero continua la destrucción de los bosques tropicales húmedos en el mundo a una velocidad de media hectárea por segundo, o que las especies desaparecen a un ritmo que es tal vez mil veces más rápido que lo normal, sin dar tiempo a catalogarlas, sin saber lo que se pierde.[ii] Tampoco faltan estimaciones referidas específicamente al TIPNIS, como aquella investigación PIEB que tenía una proyección de lo que ocurriría con la construcción de la carretera, realizada con base en una veintena de indicadores biofísicos y socioeconómicos, y mostraba que en 18 años podría deforestarse el 65% de la cobertura vegetal de la reserva natural, lo que implicaría 600 mil hectáreas deforestadas equivalentes a 90 millones de toneladas de dióxido de carbono liberadas a la atmósfera.[iii] Pero ninguno de estos argumentos haría mella en los gobernantes pues tienen claro, para sí mismos, que han de ser otras tantas “mentiras” inventadas por los medios.

Por ello mismo, García Linera cierra el tema señalando que “se mostró a los hermanos indígenas casi como los dueños de ese pulmón del mundo y cuando uno comienza a ver en detalle, los dueños no son los pueblos indígenas. Es la empresa maderera, es la empresa lagartera, la de turismo, como esas que hay en toda la Amazonía boliviana. Son las ONGs…”, las verdaderas dueñas pues “el Estado no tiene presencia allí. No hay Estado”, expresó. No es de extrañar, entonces, que de nada valgan los reclamos de los representantes de la Subcentral del TIPNIS de ser los legítimos titulares del territorio indígena puesto que el título de propiedad de la TCO que el mismo gobierno de Evo Morales les otorgó hace unos años sería apenas un saludo a la bandera.

A continuación el Vicepresidente, a través de su despacho u otros ministerios, realiza una campaña de difusión de sus engañosas racionalizaciones en spots televisivos y publicaciones periódicas, donde se pretende transformar la realidad mediante la propaganda, si fuera posible adecuándola a las racionalizaciones y justificaciones de los gobernantes en su propósito geopolítico de destruir el predominio económico de las elites cruceñas actualmente venidas a menos y a favor, claro está, de las nuevas elites emergentes del Chapare y el occidente del país. Estas justificaciones se vuelven más peligrosas cuando el poder o carisma del gobernante logra contagiar a otras personas que, por necesidad de preservar sus empleos o dejándose seducir por una retórica de supuesto develamiento crítico de los medios, se dedican a difundir esta especie de racionalizaciones mentirosas que son aún más destructivas que las simples mentiras porque suponen un proceso de mentirse a sí mismos. De ahí a que el “proceso de cambio” se transforme en un burdo intento de cambiar la realidad para que se adecúe a “nuestras” mentiras solo dista un paso: la consulta tramposa en el TIPNIS para que las comunidades indígenas del Isiboro-Sécure se vean obligadas a elegir ya sea la “intangibilidad” (NO TOCAR) del propio territorio que les permite subsistir, o bien la “carretera ecológica” que los vincule, quieran o no quieran, con el futuro territorio integrado del Estado plurinacional.

[i] Declaraciones del Vicepresidente Álvaro García Linera durante la reunión del Comité Ejecutivo de la Unión Latinoamericana de Agencia de Noticias, (Prensa Latina, La Paz, 21 julio 2012; todas las demás citas a continuación corresponden a esta misma fuente)

[ii] Ver Joan Martínez Alier “Hacia una economía sostenible: dilemas del ecologismo actual” http://www.ecopolitica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=119:hacia-una-economia-sostenible-dilemas-del-ecologismo-actual&catid=23:econom&Itemid=69

[iii] Ver estudio “Compensación por Servicios Ambientales de Carbono. Una alternativa para reducir la deforestación en el TIPNIS” de María Teresa Vargas, Noelia Garzón, Edil Osinaga y Robert Müller de la Fundación Natura, presentado como parte de la serie de cinco publicaciones de la convocatoria “Sostenibilidad de las Áreas Protegidas en la Cuenca Amazónica de Bolivia”, promovida por el Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) y la Embajada Real de Dinamarca. http://www.pieb.com.bo/sipieb_nota.php?idn=6711.