La Habana (PL).- Cuando Jonnhy Weissmuler visitó Cuba por primera vez aún no era una estrella hollywoodense, ni se había convertido en el más conocido de los actores que representaron en la gran pantalla el personaje de Tarzán. Pero el 15 de agosto de 1931, al arribar en el vapor Virginia a la capital de la isla caribeña, ya era el talentoso nadador que había obtenido cinco medallas olímpicas de oro y era aclamado mundialmente como el amo indiscutible de las piscinas.

El atleta que conquistó la gloria primero en París, en 1924, y luego en Ámsterdam, en 1928, llegó a La Habana contratado por la marca de ropa interior masculina BVD, con la cual firmó un jugoso contrato en 1929, cuando ya había decidido retirarse de las piscinas. De acuerdo con los investigadores Luis Báez y Pedro de la Hoz, la compañía decidió costear el viaje del ídolo deportivo a La Habana, cuando la capital cubana parecía un buen mercado para los calzoncillos ajustados, con botonaduras plateadas.

En el libro Hotel Nacional de Cuba, revelaciones de una leyenda, los autores refieren que Weissmuler llegó a la isla junto a su esposa, Boby Arnst, y el también nadador olímpico Harold “Stubby” Kruger. “Pocas, muy pocas veces, ha pasado por La Habana un atleta de tan asombrosas facultades. Es más, estamos por creer que ninguno se acercó a La Habana en la plenitud de su forma como lo hace ahora John Weissmuller”, publicó un influyente diario capitalino, citado por el investigador Leonardo Depestre.

El hombre que suscitaba tales comentarios había nacido el 2 de junio de 1904 en una región de la actual Rumania (en aquel momento parte del Imperio Austro-húngaro), y muy pequeño se trasladó con sus padres hacia Estados Unidos.

Algunas biografías sobre el deportista devenido actor apuntan que desde muy joven, por indicaciones médicas, se inició en la práctica deportiva para fortalecer su constitución física, destacándose fundamentalmente en el mundo de la natación.

El 6 de agosto de 1921 debutó como amateur y ganó su primera competición en las 50 yardas estilo libre. Menos de un año después, el 9 de julio de 1922, rompió el récord mundial de Duke Kahanamoku en los 100 metros libres, con una marca de 58,6 segundos, la primera vez que se bajaba del minuto en la distancia.

Desde entonces, la carrera del nadador fue en meteórico ascenso, al llegar a establecer, a lo largo de la década, 67 récords mundiales y ganar, además de las medallas olímpicas, 52 campeonatos estadounidenses.

El 24 de febrero de 1924 ganó el oro en los 100 metros libres de los Juegos Olímpicos de París, donde batió al propio Kahanamoku, presea a la que se sumaron las obtenidas en los 400 metros y el relevo 4×200, también de estilo libre. En esa cita bajo los cinco aros ganó, además, una medalla de bronce como miembro del equipo norteamericano de waterpolo, mientras en Ámsterdam, en 1928, ganó otros dos metales dorados.

Con ese palmarés llegó Weissmuller a la capital cubana para alojarse en el Hotel Nacional, donde fue recibido por William Taylor, gerente de la instalación, y el representante de la división de exportaciones de la BVD, que ya se encontraba en la isla con su familia.

En horas de la tarde del día de su llegada, según narra Depestre en su libro Cien famosos en La Habana, ofreció una demostración en la piscina del hotel, “ante un público numeroso y ávido por ver al campeón dar unas cuantas brazadas”.

Un cronista del Diario de la Marina escribió sobre el distinguido visitante: “Parece hecho para discutir la velocidad a los peces con sus brazos y piernas donde ningún músculo contrae la fina piel, que luce como una envoltura suave de seda”.

La magnífica figura del atleta colocó sobre él la mirada de los ejecutivos de la Metro Goldwyn Mayer para convertirlo en Tarzán, personaje novelesco que este 2012 cumple un siglo de creado por el escritor Edgar Rice Borroughs.

Desde 1932 protagonizó seis películas de Tarzán para la MGM, junto a la actriz Maureen O‘Sullivan en el papel de Jane, y en 1942 firmó con los estudios RKO para realizar otros seis filmes sobre el Rey de los Monos.

Luego del papel de Tarzán, realizó 13 películas para la Columbia Pictures representando al personaje de historietas Jungle Jim, mientras con los mismos estudios protagonizó otros tres largometrajes en los que se interpretó a sí mismo.

Según los investigadores Báez y De la Hoz, luego de convertirse en Tarzán, Weissmuller se hizo cliente habitual del Hotel Nacional de Cuba, a donde realizó una última visita en abril de 1957. “Reservó las fotos para el abrazo con su esposa bajo una de las palmeras de la terraza posterior, y el saludo cordial a los empleados del restorán.”

En 1973, el amo de las piscinas y estrella de la gran pantalla sufrió un ataque cardíaco que lo llevó a sucesivas hospitalizaciones, después de las cuales decidió instalarse en la ciudad mexicana de Acapulco, escenario de su última película de Tarzán. En la sureña localidad murió, el 20 de enero de 1984, el hombre que electrizó primero con su desempeño en las piscinas del mundo y después con su icónico personaje.

Aunque Cuba no fue sede de ningún acontecimiento deportivo que contara con su participación, algunos habitantes de la isla pudieron ver, en el emblemático Hotel Nacional, las tremendas habilidades natatorias del multicampeón.

Los que en aquella tarde veraniega de 1931 no pudieron presenciar el acontecimiento, igual tuvieron la posibilidad de ver en acción al genio de las albercas, inmortalizado con su distintivo taparrabos y el potente grito que le darían, para siempre, un lugar en la historia del cine.

* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.