Estocolmo y Addis Abeba (PL).- En 2001 Suecia se vio salpicada por un escándalo de torturas a dos ciudadanos egipcios durante un vuelo secreto de la CIA que partió del país escandinavo rumbo al Cairo. Los suecos creen que fue el peor escándalo sufrido por su país en los últimos 20 años, de acuerdo con un sondeo realizado para el canal 5.

En 2011 el gobierno sueco se vio envuelto en una trama de torturas del cuestionado programa ilegal de transferencia de detenidos de la Central de Inteligencia estadounidense (CIA), en plena faena de traslado de prisioneros sospechosos de terrorismo.

Tal programa incluye procedimientos extralegales, mediante los cuales los sospechosos de terrorismo son enviados a prisiones clandestinas en otros países diferentes de Estados Unidos o el Reino Unido para encarcelamiento e interrogación, maniobra que incluye frecuentemente métodos de tortura.

El primer ministro sueco de entonces Göran Persson reconoció que en el incidente no había mediado orden de deportación alguna. Dijo que él había confiado en las garantías de Egipto para proteger a los prisioneros, pero admitió que se había equivocado.

En el marco de la llamada Guerra contra el Terrorismo, otras naciones europeas como Polonia, Lituania, Macedonia o Rumanía se vieron envueltas en escándalos similares por su respaldo al criticado programa de la CIA, tras los atentados contra las Torres Gemelas en 2001.

Suecia es una de las naciones, en su mayoría europeas, que no cumplieron con solicitudes destinadas a develar su implicación en los vuelos secretos de la CIA. Las autoridades escandinavas cubrieron su presunta complicidad en la llamada “rendición extraordinaria” del cuestionado programa antiterrorista de Estados Unidos, al denegar información sobre tales operaciones a dos organizaciones humanitarias que realizaban una pesquisa sobre el tema.

Una investigación sobre los vuelos secretos de la CIA llevada a cabo por grupos de derechos humanos identificó 54 aviones registrados en Estados Unidos, supuestamente involucrados en vuelos de entrega. En virtud del derecho a la información, presentaron solicitudes a 28 países, en su mayoría europeos, sobre el trasiego aéreo. La maniobra que pretendía obtener datos sobre los movimientos de las aeronaves obtuvo la negativa de Suecia, Canadá y Portugal, en tanto 13 Estados ni siquiera respondieron a la petición.

Según una reciente encuesta difundida por el canal 5 de Suecia, el escándalo derivado de los vuelos secretos de la CIA ocupó el primer puesto por encima de la deficiente gestión gubernamental ante el tsunami de 2004 en Asia, que amenazó a decenas de miles de ciudadanos suecos que estaban en Tailandia. El tercer lugar recayó en el polémico apoyo y participación de Estocolmo en la construcción de una fábrica de armas en Arabia Saudita, situación que conllevó a la renuncia en marzo pasado del ministro de Defensa Sten Tolgfors.

Por otro lado, en diciembre de 2011, la Fiscalía etíope encontró culpables de apoyo al terrorismo a dos periodistas suecos detenidos el 1 de julio junto a un grupo rebelde secesionista en Ogadén (sudeste) y pidió para ellos 18 años y medio de cárcel.

Los corresponsales independientes Johan Persson y Martin Schibbye, colaboradores de la agencia gráfica sueca Kontinent, fueron apresados el 1 de julio pasado en Ogadén durante un combate entre el Ejército etíopes y el Frente de Liberación Nacional de Ogadén (FLNO), grupo etíope de etnia somalí que lucha por la secesión de esa región.

Los acusados negaron los cargos de apoyo al FLNO, pero reconocieron su entrada ilegal a Etiopía. Durante el juicio ambos reporteros no lograron probar su inocencia, “demostraron ser periodistas respetados, pero no se puede excluir que (…) sean capaces de cometer actos criminales”, según el juez Shemsu Sirgaga.

Una resolución de Sirgaga, emitida el 3 de noviembre dicta que los dos reporteros tuvieron contactos con líderes del FLNO en Londres, Kenia y Somalia, y entraron en Etiopía para promover actos del grupo considerado terrorista.

Para el primer ministro sueco Fredrik Reinfeldt, tanto Persson como Schibbye son inocentes y deben ser liberados y alegó que ambos periodistas estaban en ese lugar realizando su trabajo. Algunas versiones apuntan que durante el combate entre los bandos hubo 15 bajas y seis personas resultaron heridas, entre ellas Persson y Schibbye.