(CUBARTE).- Existe una estrecha relación entre las Industrias Culturales y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Los ejemplos más triviales son las industrias del audiovisual (cine y televisión), la música y el libro.

Existe una estrecha relación entre las Industrias Culturales y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), que más que una relación pudiéramos decir que constituye una interdependencia pues, en la actualidad, es prácticamente imposible pensar en estas industrias sin utilizar las TIC o que las TIC se sigan desarrollando sin tener en cuenta las necesidades de las Industrias Culturales.

Los ejemplos más triviales son las industrias del audiovisual (cine y televisión), la música y el libro, donde en todos los casos las TIC comenzaron interviniendo en el proceso productivo de estas industrias pero terminaron formando parte de los procesos de distribución y consumo, así como de otros procesos de la cadena de valores.

La Música fue la pionera de estos procesos y donde los esquemas industriales probaron los diferentes esquemas de producción y distribución, desafortunadamente con muchos desaciertos, especialmente en los procesos de distribución y consumo. No creo que nadie conciba hoy un estudio de grabaciones o un proceso de masterización sin computadoras, programas (software), discos duros, bancos de sampling (sonidos pregrabados para su reutilización). De hecho la mayoría de los músicos han incorporados de manera natural las TIC a su actividad de creación, presentaciones y grabaciones.

La música ha sido la “punta de lanza” del desarrollo de las TIC como parte de las Industrias Culturales, incluso su influencia no se ha limitado al entorno de lo cultural, sino que ha marcado pauta para casi todo el entorno comercial digital actual.

Es difícil hoy imaginar que el teléfono celular no sea un reproductor de música o que no se puedan aplicar mecanismos de cobros y pagos a través del móvil. Pero además, los cambios afectaron las llamadas cadenas de valores de casi todos los negocios online, las formas del actual marketing digital incluyendo los llamados CRM (Customer Relationship Managment) para el control y atención a clientes y los mecanismos de publicidad.

La historia comenzó mucho antes de lo que normalmente se analiza.

La primera computadora personal que se inventó fue la Apple, por el ya fallecido Steve Jobs y sus compañeros Steve Wozniak y Wayne Ron por allá por el 1976. Es conocido que el suceso fue desacreditado por las grandes compañías comercializadoras de equipos de cómputo, especialmente por IBM que lideraba el mercado en aquel momento. Sin embargo, a finales de 1979 la propia IBM hacía un negocio tripartita con Intel y la recién surgida Microsoft para crear la primera PC.

A pesar de las estrategias de marketing aplicadas y el poder contar con la supremacía del mercado con que contaba IBM (sin hablar de los planes de Bill Gates con su empresa Microsoft) muy tempranamente la tecnología Apple tuvo una fuerte ventaja sobre la de IBM y era la posibilidad de reproducir sonido.

En la década de los 80 se generó toda una pléyade de equipos para reproducir e, incluso, crear música. ¿Quién interesado en hacer o reproducir música, no recuerda los populares equipos de la marca Amiga o Comodore que marcaron toda una época? Pero desde muy temprano la línea Apple (después conocida como Machintosh o simplamente Mac) incluyó la posibilidad de reproducir sonido en toda su gama, a diferencia de las IBM PC que solo permitían la reproducción de tonos o timbres.

No por gusto se creó la tendencia de que los músicos utilizaran las Mac como herramientas de trabajo en vez de las hoy llamadas PC.

De igual forma ocurrió con el desarrollo de los programas asociados a la reproducción, grabación, edición y conversión de sonidos y bandas sonoras, donde la línea Mac acaparó la atención del mercado. El uso de las computadoras dentro del sector musical se desarrolló sobre todo en países como EE.UU. y Alemania, en el caso de esta última más orientada a equipos como los Comodore y Amiga. En el caso de Inglaterra hubo una tendencia inicial a copiar la línea de Alemania aunque terminaron asumiendo la tendencia comercializadora norteamericana.

Los cambios y adelantos no se produjeron solo en el “hardware”, sino también en el “software”. Desde los formatos para guardar los archivos de música generados (como el AIFF) hasta los programas para manipularlos, fueron incluyendo cada vez más opciones y posibilidades para los músicos, compositores, arreglistas y técnicos de sonido. Tal fue el caso, por solo poner un ejemplo, de la introducción de los “Cue Point” o marcas dentro del archivo para poder retomar la grabación desde un punto determinado, hacer mezclas, etc.

También se fue avanzando en la posibilidad de crear partituras y a partir de estas lograr la reproducción del sonido. La tecnología MIDI fue muy importante en estos procesos, y si bien logra una fidelidad máxima en cuanto a la reproducción de la música, depende del timbre del instrumento o equipo que lo reproduce para generar el sonido que se escuche.

Comenzó entonces a ser muy importante contar con bancos de timbres apropiados, para lo cual era necesario hacer sampling (grabar miles de veces el mismo sonido en una unidad de tiempo para escoger de manera digital el sonido que más veces se repite en la muestra) de instrumentos y sonidos reales para ser utilizados como timbres. Hoy incluso es posible realizar la grabación de una orquesta sinfónica completa sin tener que convocar a ningún músico para ejecutar algún instrumento gracias a los grandes bancos de timbres disponibles en el mercado.

Cualquier estudio de grabaciones de hoy en día cuenta con equipos de cómputo y los programas necesarios para la grabación, masterización y edición final de discos de música. Y siempre encontraremos dentro de los mismos equipos y programas asociados el mundo de las Mac. También ocurre con muchos músicos que han creado sus home-studio o estudios de grabaciones en casa o que utilizan los equipos de cómputo como parte de sus espectáculos e interpretaciones en vivo.

Creo que con estos breves elementos podemos tener una idea de cómo el proceso de grabación, masterización, edición y fijación de una grabación a un soporte determinado ocurre hoy de manera digital y totalmente dependiente de las TIC. Podemos incluir en esta lista el procesos de creación (partituras, demos, etc.) y hasta la reproducción por instrumento si fuera necesario.

Sería inapropiado decir que la música utilizó el desarrollo de las TIC, pues las TIC también desarrollaron diferentes líneas de desarrollo para satisfacer las necesidades de la industria musical. Fue un enorme factor movilizador que retó a los desarrolladores a crear nuevos microships, mejorar los programas, algoritmos de compresión y descompresión, entre otras tecnologías y procesos. Pero hasta finales de los 90 la distribución, reproducción y consumo de las grabaciones seguía asociada al disco de música u otros soportes como los relacionados con el cine.

Uno de los principales problemas que tenían las grabaciones musicales para poder aprovechar el desarrollo de las redes da datos que proliferaban en la última década del siglo XX, era el tamaño de los archivos y la pérdida de calidad que se producía al tratar de lograr algún nivel de compresión.

Desde 1986 el Instituto Fraunhofer, en colaboración con la Universidad de Erlangen, en Alemania, trabajaron en un proyecto para la creación de un algoritmo que permitiera reducir el tamaño de los archivos musicales en una computadora, evitando pérdidas significativas en el proceso de compresión. Así surgió el estándar ISO-MPEG Audio Layer – 3 comúnmente conocido como MP3.

Una señal de audio digital típica consiste en una muestra de 16 bit de datos a 44.1 kHz o, lo que es lo mismo, el registro de 44 000 muestras de sonido por segundo a 16 bits de datos cada una, obteniéndose más de 1 MB de espacio en disco para representar solo 1 segundo de música estéreo con calidad de CD. Con el algoritmo MP3 el factor de compresión se multiplicaba por 12 sin pérdida fácilmente perceptible en la calidad del sonido. En términos prácticos eso significa que en un CD se podía grabar en formato MP3 la música equivalente a 12 discos compactos en formato de audio digital tradicional.

Todo esto, unido al desarrollo de programas para generar y reproducir los archivos en formato MP3, hace que se tome como patrón y comienza a desarrollarse un mecanismo mediante el cual todo el que tuviera una computadora conectada a Internet podía compartir un espacio de su disco duro donde tuviera grabaciones musicales que quisiera compartir con otros interesados y mediante un programa en la Web se rastreaba lo que cada cual compartía, así lo ofrecía al resto de los interesados, incluyendo el control sobre las grabaciones repetidas y la posibilidad de copiar desde el lugar en el que en un momento determinado fuera más fácil y rápido para el interesado o continuar desde otro equipo si este primero fallaba. A esta clase de red se le conoce con el nombre de Peer-to-peer (Punto a punto) o por sus siglas P2P.

En mayo de 1999, Shawn Fanning, de solo 19 años, junto a Sean Parker, fundan Napster Inc., crean uno de estos servicios para compartir gratuitamente archivos de música a través de Internet. El proyecto es todo un éxito y alcanzó la cifra de 70 millones de usuarios, pero frente las demandas presentadas ante tribunales por diferentes demandantes del sector musical, en julio del 2001 Napster cierra sus puertas. El delito fue “infringir la ley de propiedad intelectual, por permitir el intercambio de archivos de música entre sus usuarios, sin control alguno, de manera gratuita”.

La compañía fue adquirida por BMG que invirtió unos 85 millones de dólares en ella buscando convertirla en un sitio de venta de música en formato MP3, pero casi cae en bancarrota y es comprada por ROXIO, fabricante de programas para grabación de CD y DVD, a finales del 2002 por unos 5 millones de dólares.

La industria de las TIC, ante la popularidad del formato MP3, venía trabajando en reproductores para este tipo de archivo musical y así marcaba el comienzo de este siglo por una gran avidez por los programas para convertir (en inglés to ripe) grabaciones musicales en archivos con formatos comprimidos como el MP3, circular los mismos a través de las redes y contar con aparatos específicos para su reproducción.

El fenómeno “Napster”, replicado posteriormente en otros servicios como “Kazaa”, revolucionó por completo la industria del disco, abriendo el camino para una nueva forma de distribución y comercialización de las grabaciones musicales. Si bien propició el desarrollo de la piratería en la Red, demostró que existía una nueva forma de distribuir y consumir música, que debía ser tomada en cuenta seriamente.

A pesar del fomento que esto generó en cuanto a la piratería, no eran los autores los que más protestaban por estos cambios, pues al final la mayoría de los autores nunca recibía lo que realmente le correspondía y vieron más en este proceso una posibilidad de promoción y romper anonimatos que de pérdida de beneficios.

La verdadera protesta era liderada por los grandes consorcios de la industria musical que veían afectadas sus “jugosos” beneficios por esta aparente “revolución de los consumidores”. Muchos consideran que el real fomento de la piratería se produce al no asumir la industria estas nuevas formas de distribución y consumo, pues como reza el viejo refrán “el espacio que no ocupamos, alguien lo ocupará por nosotros”.

Como conclusión se produce entonces un enfrentamiento entre el esquema clásico de distribución / comercialización / consumo frente al nuevo modelo que se desarrollaba con el apoyo de las TIC.

Algo más de 5 años le tomo a la industria musical (nos referimos a los que manejan más del 80% del mercado) reaccionar y darse cuenta de que el mundo había cambiado, que esto no era algo más, ni una pequeña porción del mercado a futuro, sino que los procesos iban cambiar definitivamente incluyendo la formación de la cadena de valor dentro del negocio.

No es casual que en el 2003 uno de los líderes mundiales del desarrollo de las TIC, la empresa Apple Inc. (precisamente la que dio origen a la primera computadora personal) creó un servicio en la Web para comprar música en formato digital. La idea surge a partir de que esta compañía crea un reproductor de música digital denominado iPod y esta fue la forma que encontraron para garantizar que los mismos se convirtieran en los líderes del mercado, como lo son hoy (hay quien precisamente por esto asevera que Apple vende equipos y no música). La iTunes Music Store se convirtió en el “escaparate” más importante a nivel mundial para comercializar música digital.

El panorama actual es bien distinto. Los reproductores de música digital en formato MP3 u otros son el medio por excelencia para consumir música, proceso que se ha extendido a otros equipos como las móviles. En la WEB pululan los sitios que comercializan o permiten el acceso a música en formato digital, tanto en streaming para escuchar o como downloading para descargar hacia otro equipo. Incluso las formas de pagar por estos servicios han cambiado existiendo diferentes variantes como pagar por descargar, pagar una cuota mensual por un grupo de servicios o sencillamente descargar o escuchar gratis.

Hoy se estiman unos 13 millones de pistas (records) licenciadas por compañías discográficas a los diferentes “servicios de música” existentes, que ya superan la cifra de 400. En el 2011 las ventas de música digital superaron el 30% de las ventas totales a nivel mundial, alcanzando la cifra de 4,6 mil millones y un crecimiento de los beneficios en más de un 6% con respecto al año anterior.

Como elementos significativos podemos destacar que en los EE.UU. las ventas de digital superaron las ventas en físico (CD/DVD), y los principales espacios de publicidad comienzan a medir la popularidad de los artistas por la cantidad de descargas o reproducciones en servicios de streaming (reproducción bajo demanda).

Ya incluso se habla y vaticina sobre la desaparición del CD como soporte y no es raro constatar que las computadoras que hoy se venden, especialmente las portátiles, no incluyen un lector de CD/DVD. Una vez más los rasgos de las Industrias Culturales inciden en la industria de las TIC.

¿Quiere decir esto que desaparece el concepto disco? Si bien el CD puede desaparecer lo más probable es que surja otro en su lugar. La reproducción de la música en “discos de pasta” o “discos negros” ha sido retomada (aunque es apenas un 5% de las ventas totales). Podemos decir que lo que está ocurriendo es una redistribución del mercado y sus formas de consumo a partir de las preferencias del consumidor y la significativa influencia de las TIC en la vida moderna.

A modo de resumen podemos decir que el uso de las TIC dentro de la industria musical cambió la forma de crear, producir, generar música, pero también ha cambiado la forma de distribuirla (canales y soportes), comercializarla y consumirla, en un dinámico proceso de cambio que aún no se detiene y que ha trasformado los modelos económicos y comerciales que se aplican hoy al comercio online o comercio electrónico, no solo de la propia música y sus productos, sino del resto de los productos susceptibles de comercializar por esta vía.

Podemos concluir entonces que la industria musical se vio marcada por el desarrollo de las TIC y que estas últimas se desarrollaron a partir de las necesidades y potencialidades de la propia industria musical en un binomio que ha caracterizado la relación de las TIC con las Industrias Culturales, y donde la música ha estado a la vanguardia.

Este mismo proceso podemos verlo si analizamos lo que ha pasado con la industria del audiovisual y el cine, o con la industria del libro, pero esto mejor lo vemos en detalle en un próximo encuentro.

La estrecha relación entre las Industrias Culturales y las TIC no se limita a la Música, pionera en estos avatares y motor fundamental aún de los principales cambios. Hay otras dos industrias culturales que siguen las huellas de la maquinaria musical: El Libro y el Cine y Video. En ambos casos los vínculos con las TIC comenzaron desde los procesos de producción.

Quizás en el caso del Libro nos sea mucho más evidente. Los viejos linotipos de la imprenta comenzaron a ser sustituidos por computadoras, programas procesadores de texto e impresoras, lo cual tuvo mucha aceptación por la industria ya que se facilitaba el trabajo, especialmente la corrección de errores, se acortaban los plazos de producción y las posibilidades que permitían las computadoras brindaban un nuevo universo para la edición, el diseño y la composición gráfica y editorial.

La industria del audiovisual no corrió con igual suerte. Si bien los creadores de materiales en video y en particular la Televisión, pusieron buena cara a los recién llegados, el poderoso cine se refugiaba detrás del celuloide con una defensa a toda costa y todo costo. A primera vista, la industria del libro avanzaría aceleradamente hacia la asimilación de las TIC y la del mundo audiovisual adelantaría con más lentitud y tendría que enfrentar grandes escollos. Pero no fue exactamente así.

El Libro: Del papel al digital

En el caso del Libro la industria siguió desarrollando tanto el proceso de edición, corrección, diseño y arte final, como el de impresión y reproducción. Hoy es prácticamente imposible pensar que se pueda hacer de otra forma. Como titula un conocido escritor cubano uno de sus libros, se pasó “de Gutenberg a Bill Gates” en apenas unos diez años.

La sensación táctil del papel, su olor, el de la tinta recién impresa y el formato de los libros seguían constituyendo elementos esenciales de cara a los lectores y, por tanto, a la distribución y comercialización de los libros. Pero las propias TIC, que ayudaban a acelerar la producción, comenzaron a ser canal de distribución de los libros terminados.

El escritor podía trabajar sin salir de su casa o estando de vacaciones y bien lejos de los editores. Los editores y diseñadores podían ni conocerse y la imprenta podía estar en otro país, cruzando el océano. Ya no asombraba que un libro de un escritor inglés fuera editado en Nueva York, impreso en Colombia y presentado a la vez para su lanzamiento en Los Ángeles, Londres y Madrid; incluyendo la posibilidad de que, la tirada presentada en España, se hubiera reproducido en ese país a partir del archivo original que fuera enviado desde Colombia, directamente a la plancha de impresión en la imprenta madrileña, para evitar posibles cambios o transformaciones en el formato u otros. Esto comenzó a ser cada vez más natural.

Pero si el libro podía viajar por las redes de trasmisión de datos para su impresión, también podía llegar a otra computadora para ser leído desde el propio equipo. En el mundo científico esta práctica comenzó a extenderse, sobre todo a partir de formatos como el PDF que preservaba el diseño y características originales con cierto grado de protección sobre posibles cambios al contenido y posibilidades de impresión y cambios en la forma de verlo (agrandar el texto, ver varias páginas a la vez, etc.).

Algunas publicaciones como las Enciclopedias encontraron en el mundo digital la posibilidad de abaratar sus costos, cambiar los límites en relación con la cantidad de contenidos y contar con un mecanismo que permitía fácilmente la actualización y corrección para una nueva edición, con muy bajos costos. Esto hizo casi desaparecer del escenario mundial aquellas colecciones enciclopédicas bellamente encuadernadas y con una exquisita edición y calidad de impresión.

Comenzaron a aparecer las publicaciones digitales como revistas, periódicos y otras. En muchos casos como un reflejo en la Web de sus hermanas en papel, pero otras incluso sin existencia previa en papel. Las publicaciones seriadas comenzaron a cambiar, hasta llegar al día de hoy donde ya es común oír acerca del cierre de algún que otro periódico impreso y la aparición de una nueva publicación que solo existe en el mundo digital.

Las discusiones acerca de si sucedería lo mismo con el libro impreso, se incrementaban día tras día. Había dos razones de peso bastante fuertes, en relación con cualquier otra percepción del problema, por el cambio cultural que esto podía representar: leer en la computadora mucho tiempo provocaba cansancio en la vista producto de la emisión de luz que generan las pantallas de las computadoras, y aunque existían ya los equipos portátiles de diferentes tamaños y pesos, no eran prácticos como el libro para poder ir con nosotros a todas partes.

El reino de Amazon

Aparece otro aspecto significativo en la década de los años 90 del pasado siglo y tiene que ver con el comercio electrónico, que abrió un nuevo camino en la comercialización de bienes por vías digitales aunque la distribución se hiciera aun de manera tradicional. Así surge Amazon en la Web, un sitio que fue reconocido como el mayor vendedor de libros a través de Internet.

La empresa Amazon fue creada en 1994 y salió “al aire” en 1995 como una librería “on line” con más de 200 mil títulos (inicialmente fue llamada CADABRA pero se le cambió el nombre por la similitud en inglés de esta palabra con “cadáver” cuando se pronuncia). Su fundador, Jeff Bezzos, en 1999 fue nombrado “Persona del Año” por la revista Times.

Amazon operaba de forma muy similar a la venta por catálogos: usted revisa, escoge, paga y a vuelta de correos recibe su selección. Así llegó a convertirse en una de las empresas de venta minorista más grandes de los EE.UU. Si bien su imagen publicitaria la enfocaba al mundo de los libros, su éxito comercial estuvo a cargo de otros muchos bienes, como los DVD y CD de películas, juegos, música, programas de computadoras; pero también muebles, comida y otros rubros. Amazon fue, poco a poco, ampliando su alcance y hoy son los dueños de Alexa Internet, a9.com, Shopbop, Kongregate, Internet Movie Database (IMDb), Zappos.com, entre otros.

Tienen su propia línea de productos Pinzon (textiles, utensilios de cocina, enseres domésticos, alfombras, pinturas, joyas, ropa, calzado, etc.), una tienda propia de alimentos (AmazonFresh) y absorbió a empresas como Audible (audiolibros), BokkSurge (Libros bajo demanda), Mobipocket (ebooks y dispositivos electrónicos) y Fabric (empresa de costura).

Si esto no fuera poco para convertirse en un gran consorcio internacional, otras empresas importantes la utilizan como plataforma de presentación para promover sus productos y directamente sus ventas. Es el caso de Borders, Waldenbooks, VirginMega, CDNow y HMV, todas grandes cadenas internacionales para la venta de libros, discos de música y video.

Otras grandes cadenas la utilizan como anunciante, promotor y socio comercial. Es el caso de NBA, Marke & Spencer, Target Corporation y Sears Canadá, con lo que reconocen así su poder y alcance para la venta. Sin embargo Amazon nunca ha perdido la etiqueta de “vendedor de libros” en Internet. Y con la entrada del libro digital, se lanzaron a fondo no solo con un importante catálogo, sino con un nuevo equipo para leerlo, el Kindle, que han logrado convertir en el principal estándar actual del mercado. A tal punto se “lanzaron a fondo” en el tema de lo digital, que cambiaron su menú principal de navegación poniendo en las posiciones privilegiadas todos los productos y servicios que comercializan de manera digital, ampliando incluso la anterior oferta, y relegando a posiciones menos relevantes el comercio de productos tangibles.

A esta nueva era comercial se sumaron otros como Barnes & Noble quien, como buen competidor de Amazon, apostó por otro tipo de lector de libros electrónicos, en este caso el Nook, que si bien no ha navegado con la misma suerte que el de Amazon, no ha dejado de tener éxito.

Los lectores electrónicos

Sin dudas el cambio en las nuevas formas de distribución y consumo asociados al libro digital, que ha llevado incluso al cierre de un grupo significativo de librerías tradicionales como las pertenecientes a la súper cadena de librerías Borders, lo tiene la aparición y aceptación en el mercado de los lectores de libros digitales o e-readers a partir de la aparición de la llamada “tinta electrónica”.

Estamos hablando de una tecnología que permite en un dispositivo de apenas 3 mm de espesor (similar a una cartulina), un soporte incluso flexible, que no necesita retro-iluminación, colocar tres capas que incluyen una con microtrasmisores eléctricos, otra con un polímero y la tercera que actúa como capa protectora.

La novedad está realmente en la capa del polímero de nueva generación, que es una especie de gel o aceite, donde flota una matriz de millones de cápsulas que pueden ser estimuladas de forma electromagnética. Cada una de estas cápsulas (de 40 micrómetros de diámetro y elaboradas de urétano), semejantes a las partículas de un toner de impresora, está dividida en dos hemisferios de distinta polaridad: uno blanco, con polaridad negativa y otro negro, con polaridad positiva. Al activarse los microtrasmisores, de la otra capa, con un patrón de cargas positivas y negativas, esto provoca que las cápsulas muestren su lado de color negro o su lado de color blanco y permitan hacer una combinación que muestre diversos textos y gráficos, hasta que se cambie el patrón electromagnético.

El uso de esta tecnología incluso ha permitido crear dispositivos de grosores realmente finos y del tamaño de una página, libro o revista estándar o aún mayor (Los hay de 122 cm x 183 cm), flexibles, de poco peso, que se pueden enrollar y llevar en un bolsillo, con luz reflectante, con capacidad de almacenamiento similar al de una computadora, con muy buena visibilidad sobre lo que nos muestra, aun incluso, cuando sobre él incide la luz solar o el ángulo no es el más apropiado, y que se ha dado en llamar “papel electrónico o inteligente”. Se presentó incluso un prototipo a modo de periódico, con textos que cambiaban a decisión del lector y publicidad incluida.

Como siempre pasa con la introducción de nuevos dispositivos electrónicos, ha comenzado la lucha por establecer el estándar y han proliferado los distintos e-readers, con más o menos prestaciones de cara al usuario. No obstante, algunos elementos se van haciendo comunes en la mayoría de ellos: tienen un consumo energético bajo, pues solo necesitan corriente eléctrica para cambiar de página o realizar operaciones de búsqueda (algunos pueden estar hasta un mes sin recargar la batería); incluyen opciones de comunicación vía bloetooth, conexión tipo WiFi o mediante acceso telefónico (como los móviles) para acceder a descargar libros o actualizar los sistemas; leen varios formatos disponibles para los archivos de libros digitales; tienen dimensiones y peso que permiten su fácil portabilidad, sin reducir su tamaño para facilitar la lectura.

Existe hoy una diversidad de formatos en los archivos que almacenan libros digitales, desde los e-books o libros electrónicos hasta los archivos de ficheros de texto, como los PDF u otros existentes desde mucho antes. Es solo cuestión de tiempo que el mercado se decida por uno o que los dispositivos sean capaces de leerlos todos.

Lo cierto es que el consumo de libros en formato digital ha aumentado de manera exponencial reduciendo el ya mermado mercado del libro en papel, afectado de antemano por los precios, aspectos de carácter cultural y social y la supremacía del audiovisual sobre las demás formas de consumo cultural.

Papel vs. Digital

Casi siempre el análisis de este tipo de problemática que ha llevado, una vez más, al cambio en los modelos de producción, distribución y consumo dentro de una de las industrias culturales, termina en disquisiciones filosóficas sobre si prevalecerá el nuevo modelo o producto o se mantendrá su antecesor. Este análisis parte de la errónea conclusión de que son modelos incompatibles.

Una vez más, podemos “mirarnos en el espejo” de la industria musical. Aunque poco a poco se va imponiendo el consumo de música digital, la comercialización de esta en soportes como CD o DVD se mantiene, pero con una cuota menor de mercado. Incluso reaparecieron las viejas y olvidadas grabaciones sobre discos de vinilo, como algo muy exclusivo y de gran calidad.

Con el libro sucederá los mismo y convivirán la versión en papel con su pariente digital. En primer lugar porque el papel ha demostrado su perdurabilidad en el tiempo (al menos durante 100 años) y lo digital aún está por defenderse, frente a tantos cambios de soporte y el desconocimiento humano sobre la manipulación y protección de los nuevos soportes para lo digital. Pero también porque seguirá existiendo mercado para ambos productos.

Lo que sí es inevitable e irreversible es la dependencia entre las Industrias Culturales y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Si a esto sumamos que ambas están incluidas en el nuevo concepto de Industrias Creativas, podemos entender mejor tanto su vínculo como su definición formando parte del proceso creativo del hombre.

¡Larga vida al libro!, ahí está la esencia, el soporte… ya veremos por cual nos inclinamos más.

* Director del periódico Cubarte. Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/periodico/opinion/22535/22535.html