El Senado paraguayo resolvió por 39 contra 4 votos la destitución del Presidente constitucional, el centro-izquierdista Fernando Lugo, para que sea reemplazado por su vicepresidente liberal Federico Franco. Mientras tanto algunos miles de paraguayos se han aglomerado en las plazas adyacentes al congreso pidiendo que continúe Lugo en el poder, el mismo que cuenta con el respaldo de los cancilleres de la Unasur.

Los colorados, los impulsores de dicho movimiento, son el partido que más ha gobernado una república latinoamericana, pues ha estado en el poder la inmensa mayoría del tiempo que va desde que este se fundó en 1887. Desde 1945 al 2008 estuvo ininterrumpidamente en palacio, siendo durante 1947 y 1961 el único partido legalizado, habiendo ejercido totalitariamente el manejo del Estado durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-89).

Los colorados lograron sobrevivir con distintos mandatarios casi hasta dos décadas después que un levantamiento expulsó al entonces tirano más antiguo de las Américas. Es más, este siguió siendo el único partido nacionalmente estructurado habiendo Lugo fracasado en crear una fuerza rival, pues su coalición de decenas de partidos se fragmentó haciendo que sus socios liberales repentinamente pidan su caída a fin de llevar a su militante Franco a la presidencia.

Para Lugo este es un “golpe express” pues en pocas horas se le ha hecho un juicio político donde el veredicto ya estaba fabricado, por lo que ellos han acusado de que este proceso es nulo. La oposición, en cambio, le acusa de inepto y de haber tenido mano blanda ante grupos campesinos que querían tomar tierras, como la de un hacendado colorado, lo que fue la gota que rebalso el vaso.

Lo acontecido recuerda en algo a lo que pasó con Honduras cuando el congreso destituyó a otro presidente popularmente electo centro-izquierdista (Mel Zelaya), pero, a diferencia de dicho caso, en Asunción las FFAA no arrestaron y deportaron previamente a Lugo.

Para la mayoría parlamentaria conformada por colorados, liberales y oviedistas no les va a ser tan fácil repetir lo que aconteció con Honduras debido a que todos sus vecinos apuntalan a Lugo (Bolivia, Argentina y Brasil), los mismos que han amenazado con utilizar distintas vías económicas, diplomáticas y políticas para que el ex cura populista siga en palacio. Venezuela podría embargar el petróleo subsidiado y esta nación mediterránea podría tener dificultades para acceder al mar y seria boicoteada por todos sus naciones en el Mercosur así como por un bloqueo por parte de la Unasur.

Por el momento la reacción popular de apoyo a Lugo no es muy fuerte y queda ver si la crisis deviene en una transacción, un adelanto de elecciones, un retroceso de las fuerzas anti-izquierdista como antes aconteció en los casos de Ecuador y Bolivia o una consolidación de un nuevo régimen a lo hondureño.