Tras el gran error cometido al entregar muestras, sin ningún compromiso por parte de los surcoreanos, se pretende hacernos creer que éstas no fueron gravitantes para los procesos novedosos descubiertos.El desprendimiento del gerente de Recursos Evaporíticos con algo que no le pertenece debería ser objeto de una urgente investigación a cargo de las autoridades correspondientes. ¿Se habrá tenido el cuidado de hacerles firmar a los técnicos chilenos un documento de confidencialidad para que no comenten con la competencia los avances bolivianos? Es demasiado el financiamiento para adquirir una planta de baterías de iones de litio con tecnología no precisamente de punta.

La disparatada refutación a mi más reciente artículo titulado “La historia de los cátodos de litio” por el Gerente Nacional de Recursos Evaporíticos (GNRE) comienza con una referencia al siguiente párrafo del mismo: “El valor intangible de las salmueras de Uyuni se encuentra en la potencialidad de las concentraciones de los diferentes minerales que la componen”. A tiempo de calificarlo como una presuntuosa y absurda afirmación, sostiene al respecto que: (i) “no se trata de minerales, sino de iones catiónicos y aniónicos disueltos en agua”, aunque “la salmuera sí puede considerarse como un mineral”; (ii) “todas las salmueras de cualquier salar del mundo registran concentraciones diversas, unas más altas que otras de diversos iones, a tiempo de indicar que la salmuera de Uyuni tiene concentraciones medias, es decir mucho menores en litio que las de Atacama y las del Hombre Muerto, pero superiores a los salares de la China e Irán”; (iii) “no es ninguna novedad” que “la explotación debe ser integral”; y (iv) “es absolutamente falso” que “la investigación coreana y sus resultados sólo fueron posibles por el supuesto ´obsequio a cambio de nada´ de la salmuera de Uyuni”.

Está claro que para pergeñar esta serie de pueriles afirmaciones ha tenido que desempolvar sus amarillentos textos universitarios de hace varias décadas como si el conocimiento científico se hubiera estancado desde entonces a su gusto y paciencia. Su primer razonamiento parece anclarse en la idea de que las sales disueltas en el agua (de la salmuera) no son minerales, pero que la salmuera (es decir, las sales más el agua en la que se encuentran disueltas) sí lo es. Empecemos por la primera absurdez que señala. ¿Será que para este señor el cloruro de sodio (NaCl) que viene a ser el componente principal de la salmuera no es un mineral? Es más, me pregunto: ¿qué considera como minerales? Según la edición 1991 del Webster´s College Dictionary y la edición 2001 del Diccionario de la Lengua Española, los minerales se pueden definir como cualesquier substancias que se hallan en la superficie o en las diversas capas de la corteza del globo terráqueo, usualmente relacionadas con elementos inorgánicos con una composición química precisa y, generalmente, con una estructura de cristales determinada, aunque algunas veces también incluyendo rocas formadas por tales substancias, así como ciertos productos naturales de origen orgánico, cuya explotación ofrece interés. Su confusión es realmente preocupante, teniendo en cuenta su formación académica. Si en su desbaratada concepción, las salmueras son minerales, luego tendríamos que aceptar también que el agua de mar es un mineral, lo cual no está científicamente comprobado.

Respecto al segundo punto, sostiene que las salmueras de Uyuni tienen concentraciones medias en relación con otros salares. Toda vez que sólo se refiere al litio, comete un grueso error pues subestima el valor de otros elementos químicos existentes en las salmueras bolivianas tales como el magnesio, el boro o el sodio, por ejemplo. Huelga decir que esto nos permite cuestionar también su supuesto apego a un enfoque integral en la explotación de los recursos evaporíticos del lago de sal más extenso y alto de la tierra. Por último, en su habitual estilo, mantiene que es falso que las investigaciones coreanas no hubieran sido posibles sin las salmueras bolivianas entregadas a título gratuito puesto que “cualquier salmuera puede ser replicada de manera artificial, como precisamente hicieron en Corea del Sur para reiterar sus pruebas una vez que agotaron la salmuera natural…” Esto es realmente gracioso. Por una parte, es fácil deducir por qué el encargado de la planta piloto de litio se empeña tanto en subestimar el valor de nuestras salmueras. Ahora nos viene con el cuento de que no eran necesarias porque los surcoreanos podían haberlas replicado. Me pregunto: ¿Qué hubieran podido replicar los surcoreanos sin nuestras salmueras? Como el experto está consciente del gran error que cometió al entregar esas muestras sin ningún compromiso por parte de los surcoreanos, pretende hacernos creer a todos que éstas no fueron gravitantes para el desarrollo de los procesos novedosos descubiertos. Por cierto, me gustaría saber también qué sucedió con nuestras muestras de salmueras entregadas a Japón, China y Francia. El desprendimiento del gerente de evaporíticos con algo que no le pertenece debería ser objeto de una urgente investigación a cargo de las autoridades correspondientes.

Por otra, dudo que efectivamente resulte factible replicar las salmueras medias del Salar de Uyuni, considerando que, según una reciente investigación (véase: http://www.geo.tu-freiberg.de/fog/FOG_Vol_26.pdf) están compuestas por más de 34 elementos (o iones aniónicos y catiónicos, en los rebuscados términos técnicos del gerente de evaporíticos). Para ese efecto, se requeriría una casi infinita cantidad de combinaciones entre elementos y muestras extraídas de diferentes lugares representativos, teniendo en cuenta que las concentraciones de las salmueras del Salar de Uyuni son muy variables de una zona a otra, tal como Francois Risacher ha demostrado hace ya más de 20 años.

A continuación, me acusa de no tener idea de lo que estoy hablando cuando afirmo que “que la novedosa tecnología coreana obtiene de la salmuera directamente cátodos de litio sin pasar por el carbonato de litio”. Dice que “el proceso coreano, que es además una adecuación de procesos conocidos, no sólo que no es directo, por el contrario, establece más procesos porque primero obtiene por precipitación fosfato de litio, y en segunda instancia en un proceso de electrodiálisis obtiene hidróxido de litio, y es finalmente en un proceso final que a partir de este hidróxido y junto a otros precursores se obtienen los materiales catódicos litiados”.

En primer lugar, le aclaro al despistado ingeniero que cuando sostengo que la tecnología surcoreana (llamada KB3+) permite obtener directamente cátodos de litio sin pasar por el carbonato de litio, no estoy argumentando que no existen algunos procesos intermedios. Lo único que asevero es que con esa tecnología no hay necesidad de usar carbonato de litio como precursor para fabricar cátodos de litio – que constituye el procedimiento estándar utilizado hoy en día-, lo cual viene a ser en verdad – aunque a él no le interese reconocerlo – un avance científico-tecnológico de enorme significación para el mundo entero. En segundo lugar, le recuerdo que los propios surcoreanos denominan su proceso KB3+ “Síntesis Directa de Materiales de Cátodos”, porque eso es precisamente lo que es. En tercer lugar, le hago notar que lo primero que obtienen los surcoreanos es hidróxido de magnesio y carbonato de calcio, no fosfato de litio. Su no mención a esta primera fase del proceso surcoreano me inclina a sospechar que el responsable de la planta piloto no quería divulgar esta información. ¿Por qué? Posiblemente, porque de esta forma se hubiera sabido que el “proceso boliviano” sería una copia parcial de otro proceso surcoreano desarrollado también a partir de nuestras salmueras.

En efecto, tal como indica el actual ministro de minería y metalurgia en su respuesta a la Petición de Informe Escrito del Senado No. 063/2012-2013 de fecha 18 de abril de 2012, el “proceso boliviano”, en su última versión, se inicia “con el bombeo de la salmuera cruda a una planta de encalado, en la cual se combina con hidróxido de calcio y de esta manera se elimina el ión sulfato en su totalidad y en un 30% el ión magnesio como hidróxido de magnesio y un 70% del boro en forma de borato de calcio y sodio. Continúa el proceso con dos fases de evaporación solar en las cuales se elimina gran parte del sodio y el potasio. Una tercera fase química que es en realidad el núcleo de la investigación del proceso boliviano, por el cual en fases sucesivas de química y evaporación se va reduciendo el contenido de magnesio hasta obtener el licor concentrado en litio, que será tratado en la última fase química con carbonato de sodio para producir el carbonato de litio”.

Cabe señalar que el “proceso boliviano” presenta una gran similitud con el proceso descrito por 6 científicos surcoreanos en el artículo titulado “Recovery of lithium from Uyuni salar brine” (“Recuperación de litio de las salmueras del Salar de Uyuni”) publicado en febrero de este año en la revista Hydrometallurgy porque en ambos casos se utiliza hidróxido de calcio para remover el sulfato y precipitar el magnesio en forma de sulfato de calcio e hidróxido de magnesio, a tiempo de adsorber el boro. Se debe reconocer, sin embargo, que sí existe una diferencia importante entre los dos procesos: Que el proceso surcoreano continúa aplicando químicos (oxalato de sodio) para seguir removiendo el calcio y el magnesio hasta lograr un nivel muy alto (presumiblemente superior al 99%, tal como plantean los procesos KB1, KB2, KB3 y KB3+) de recuperación de estos elementos antes de proceder a la aplicación de evaporación solar en la última fase de obtención del licor de litio (v.g. cloruro de litio con aproximadamente 6% de contenido de litio), mientras que el proceso boliviano recurre a químicos y a la evaporación solar para esta tarea, toda vez que en la primera fase sólo logra reducir el magnesio en un 30%. Esta divergencia del proceso boliviano respecto del surcoreano parece estar vinculada más a la disponibilidad o al costo del insumo (oxalato de sodio) en Bolivia sugerido por los surcoreanos, que a una originalidad del proceso boliviano. Como se puede apreciar, los insultos proferidos por el irresponsable personaje se caen por su propio peso.

Para concluir la explicación del proceso KB3+, debo decir que luego de la precipitación del hidróxido de magnesio y carbonato de calcio, y la adsorción del boro, los surcoreanos, utilizando otros químicos y energía, recién obtienen fosfato de litio, manteniendo en la salmuera al litio, el calcio, el sodio, el potasio, el cloro y el sulfato, para que luego de aplicar un proceso de electrólisis – no electrodiálisis (como desatinadamente sostiene el responsable de la planta piloto) – y una substancia ácida no identificada a los iones de litio se pueda producir hidróxido de litio. El proceso termina en la fabricación de cátodos de litio, a través de la combinación del hidróxido de litio con dióxido de carbono y los diferentes metales (Co, Ni, Fe, Mn) actualmente utilizados como elementos catódicos de baterías. Nótese que hasta aquí no se mencionó para nada al carbonato de litio porque en realidad este compuesto prácticamente desaparece de la cadena de producción de cátodos litio, convirtiéndose, en el mejor de los casos, en un biproducto del proceso. Habría que preguntarle ahora al experto de la planta piloto si finalmente entendió mi argumento y, sobre todo, quién se hará merecedor a los calificativos que me otorgó abusando de su acceso irrestricto al medio escrito del gobierno.

Asimismo, mantengo mi argumento acerca del valor intangible de nuestras salmueras, el cual se refiere fundamentalmente “a la potencialidad de las concentraciones de los diferentes minerales que las componen, que sólo admite la posibilidad de una explotación integral de las mismas, generando valor agregado no sólo a partir del litio sino también del magnesio, el boro y, en menor medida, del potasio”. Si bien no puedo desconocer el rol crucial que juega la investigación científica en este tema, está claro que no me refiero aquí al tipo de investigación ad hoc desarrollada hasta la fecha en la planta piloto de litio.

Respecto al aprovechamiento de nuestras salmueras, opta por la flojera intelectual, sosteniendo que se debe hacer hincapié principalmente en la producción de “sales básicas de potasio y litio, después boro y magnesio y finalmente en las líneas de industrialización de cada uno de estos elementos”. En el país, continúa, “a diferencia de Chile y Argentina, por lo menos hasta ahora ya se encara en el proyecto estratégico la agregación de valor en la línea de industrialización del litio, con emprendimientos piloto de cátodos litiados y baterías de ion litio”.

Por un lado, existen razones para pensar que Bolivia parece estar siguiendo los pasos de Chile – no por nada el proyecto piloto ha contratado a varios técnicos de esa nacionalidad para llevar adelante el emprendimiento más estratégico de la historia de Bolivia. Me pregunto, si al menos habrá tenido el cuidado de hacerles firmar un documento de confidencialidad para que no comenten con la competencia los avances tecnológicos que día a día se realizan en la planta de Llipi Llipi. Adicionalmente, faltaría saber qué necesitamos aprender de tales técnicos, dadas las particularidades de nuestros yacimientos y las condiciones físico-climáticas (v.g. tasas de evaporación solar mucho más bajas y temporada de lluvias que dura entre 2 y 3 meses al año) a las que están sometidos. En este sentido, probablemente ya estará convencido de hacer con el magnesio, por ejemplo, lo que los chilenos hacen con él: utilizarlo como material para compactar caminos de tierra, en lugar de procesarlo para su uso como un sustituto del acero y el aluminio. ¿Sospechará el extraviado gerente que nada menos que el Centro Técnico Avanzado (en China) de General Motors, actualmente la fábrica de automóviles más grande del mundo, acaba de completar la fabricación de una parte de magnesio que constituye un hito en la investigación de materiales para automóviles? Para su información, la utilización de magnesio en el chasís, podría no solamente mejorar la eficiencia de los vehículos a combustión interna sino, fundamentalmente, eléctricos, cuyo principal problema a este respecto es el peso de la batería. Resulta imperativo remarcar que los 6 científicos surcoreanos mencionados anteriormente en su artículo de febrero de este año sostienen que “el valor del magnesio en la salmuera de Uyuni es tan alto como para el litio si se pudiera producir un grado (alto) de óxido o hidróxido de magnesio”. Está claro que aquí los surcoreanos no están hablando de producir estos compuestos sólo para utilizarlos en la fabricación de ladrillos refractarios, tal como da a entender el director de operaciones de la GNRE, en un reciente artículo (Véase: http://www.argenpress.info/2012/06/bolivia-las-clarividencias-acerca-el.html).

Por otro lado, se vanagloria de los tremendos pasos que habría dado al suscribir el convenio con los surcoreanos para producir cátodos de litio y la compra (llave en mano) de una planta piloto de baterías de iones de litio de una firma (china) completamente desconocida en el mercado global de baterías de iones de litio. Al respecto, se olvida de mencionar algunos detalles: que en el primer caso no necesitó hacer ningún esfuerzo y que más bien fue empujado por sus socios circunstanciales y que en el segundo, lo único que hizo fue comprometer una cantidad enorme de recursos financieros escasos del país para adquirir una planta de baterías de iones de litio con tecnología no precisamente de punta.

Cita como evidencia de que el sistema de explotación de litio basado en la evaporación solar no es obsoleto que las dos empresas productoras de litio en Chile lo siguen utilizando. ¡Vaya descubrimiento! ¿Cuándo terminará de entender que aún en Chile se han empezado a indagar nuevos métodos de producción debido a la escasez de agua? Conviene anotar que esta última situación no es para nada distante de la realidad boliviana, tal como ha argumentado hace poco un geoecólogo alemán (Véase: http://www.amigo-latino.de/indigena/noticias/newsletter_07_11/537_0017_entrevista_rs.html).

Es más, su argumento respecto a la inviabilidad de otras tecnologías (relativamente más caras) carece de todo sentido en las actuales condiciones de mercado, caracterizadas por un marcado crecimiento de la demanda de litio y una clara tendencia al aumento de precios, tal como acaba de señalar precisamente una de estas empresas. La falta de agua, sumada a los problemas legales que enfrenta para la ampliación de las áreas de explotación en virtud de que el litio sigue siendo no concesionable en Chile, así como los conflictos aún no resueltos entre comunidades locales y empresas, y los desincentivos a la inversión extranjera (mediante, por ejemplo, control de divisas) imperantes en Argentina, presentan una perspectiva inmejorable para Bolivia que, lamentablemente, no podremos aprovechar. Al paso que vamos, lo más probable es que las condiciones de mercado conduzcan más bien a un eventual dominio de las empresas productoras de litio mineralizado, lo que a su vez podría poner en riesgo la consolidación del nuevo paradigma tecno-económico con el litio como su factor clave que pronostiqué en enero de 2008.

Descalifica de plano los procesos surcoreano y japonés insistiendo que son experimentales. Me pregunto: ¿quién podría negarles ese carácter? Sin embargo, el más simple sentido común obliga también a anotar que poseen el respaldo tecnológico suficiente porque fueron descubiertos por empresas de dos países que, entre otras cosas, han logrado extraer exitosamente litio y otros recursos evaporíticos de las aguas del mar, unas salmueras, por cierto, mucho más complejas y pobres que las del Salar de Uyuni. No diré más sobre los surcoreanos, excepto que al parecer no han desarrollado sólo un proceso para la explotación de las salmueras del Salar de Uyuni sino al menos cinco, el último de los cuales – como he anotado líneas arriba – guardaría –curiosamente- una estrecha relación con el “proceso boliviano”. Estos últimos días me he puesto a pensar si por ahí los surcoreanos se hubieran copiado el “novedoso” proceso boliviano. No estaría demás entonces que las autoridades bolivianas inicien un proceso de investigación sobre este asunto para luego plantear los reclamos que correspondan. Con relación a los japoneses, he escuchado que han empezado a trabajar en la planta de Llipi Llipi. Entiendo que aún si se lograra confirmar esta información, los responsables del proyecto intentarán negar tal posibilidad por la sencilla razón de que aquello podría poner en cuestión el rótulo del “100% estatal” que hasta el nuevo ministro de minería y metalurgia ha empezado a defender a capa y espada, aun a costa de los perjuicios que esta posición – esencialmente retórica – pudiera ocasionar al país. Como las mentiras tienen patas cortas, estoy seguro que más temprano que tarde se empezarán a develar éste y otros misterios sobre el emprendimiento más importante de la historia del país.

Finalmente, no podía faltar el toque de gracia al que este señor y sus más estrechos colaboradores están acostumbrados: La acusación sobre mis supuestos nexos con empresas transnacionales. El as bajo la manga al que recurren para echarme lodo cuando se les acaban todos los argumentos para la discusión civilizada. Comoquiera que se trata de la misma cantaleta de siempre, no necesito dar más vueltas al respecto; sólo debo solicitar a mis amables lectores que se refieran a mi respuesta publicada hace cerca de un año y medio (http://www.hidrocarburosbolivia.com/nuestro-contenido/noticias/39661-la-verdad-sobre-la-industrializacion-del-litio-cuestionada.html).

*Analista de la economía del litio. Respuesta al artículo titulado “El valor intangible de las salmueras, “el histórico descubrimiento” de un “analista” (Partes 1 y 2) por Luis Alberto Echazú, publicado en el periódico Cambio en fechas 29 y 30 de mayo de 2012 (Véanse: http://www.cambio.bo/opinion/20120529/valor_intangible_de_las_salmueras,_el_%22historico__descubrimiento%22_de_un_%22analista%22_(parte_1)_72021.htm; y http://www.cambio.bo/opinion/20120530/valor_intangible_de_las_salmueras,_el_%22historico_descubrimiento%22_de_un_%22analista%22_(parte_2)_72108.htm)