México y Managua (SEMlac).- Las mujeres indígenas practican, antes que cualquier actividad, una ceremonia espiritual: la de sus pueblos ancestrales. Saben que este reconocimiento ritual les da fuerza para luego defender sus vidas de la violencia en las comunidades. Pero también para custodiar a las comunidades de otras formas de violencia y racismo, y salvaguardar la madre tierra, el agua y las plantas de la rapacidad de empresas y gobiernos. Hoy también ese ritual les da fuerzas para exigir su derecho a estar en la política real.

A37 años de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, cuando en México solo estuvo una indígena, las líderes emblemáticas del movimiento indígena continental compartieron sus aprendizajes en el foro internacional sobre “Participación Política de Mujeres Indígenas de las Américas: retos y lecciones aprendidas”, el pasado 30 de mayo en la Ciudad de México.

Martha Sánchez, lideresa indígena de origen amuzgo y nueva asesora de ONU Mujeres, fue impugnada siete veces como líder nacional indigenista por su propia organización. En Oaxaca, casi 40 por ciento de las presidentas indígenas han sido obligadas a renunciar y hasta salir de la comunidad. Como todas las indígenas de América Latina, avanzan con pisada fuerte: un paso para adelante y otro para no caer.

El Foro fue organizado por la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México, el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, y la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, bajo el auspicio de ONU Mujeres. “Hemos tenido que salir y enfrentarnos a medios generalmente hostiles y hemos aprendido no a sobrevivir, sino a hacer frente a ese espacio donde a veces hay una mano amiga y a veces puertas cerradas”, dijo al comienzo Tarcila Rivera Zea, quechua, integrante del Foro Permanente de Pueblos Indígenas de la ONU y una de las fundadoras de la Alianza Continental de Mujeres Indígenas.

Reunidas en la antigua escuela de Medicina, antes palacio de la Inquisición, en la Ciudad de México, seis emblemáticas lideresas coincidieron en que el racismo y la discriminación por género están presentes en las estructuras partidistas a lo largo de América. Por ello, en las elecciones al Congreso de Perú, Rivera Zea -quien trabajó en el servicio doméstico, como la mayoría de indígenas migrantes en el continente-, sostuvo: “No deberíamos apoyar estar en la cola de la lista”.

“Las mujeres ya no queremos puestos de tercera. Necesitamos tener acceso como ciudadanas plenas de derechos. Aspiramos a puestos claves de decisión para contribuir a orientar nuestro destino y nuestro país”, dijo Zea.

Al Foro asistieron mujeres de una docena de pueblos de México, Perú, Colombia, Guatemala, y Ecuador. Se reunieron mixtecas, zapotecas, amuzgas, kichua, maya, mixe, triqui, entre otras. A su turno, la primera misquita graduada como médica y también lideresa en la revolución sandinista, Mirna Cunningham, habló sobre el papel político de las mujeres indígenas y dijo no concebirlo sin lograr transformaciones estructurales.

Esta ex congresista nicaragüense destacó la necesidad de asumir responsabilidades como pueblos y prepararse académicamente para que, al llegar al poder, “no se repita lo de antes, pero con otro nombre.” Desde su experiencia y el análisis de las trayectorias de otras lideresas indígenas, Tarcila Rivera reiteró la importancia de llegar con una multiplicidad de alianzas dentro y fuera del movimiento indígena, de los partidos y otros grupos.

“Debe darse una formación hacia esa identidad política para hacer y ser, porque si dejamos de ser, nos convertimos en instrumentos”, coincidió la feminista maya Manuela Alvarado López y agregó que, con frecuencia, “repetimos los antivalores políticos porque nos los impone el poder, que es muy fuerte”.

Reconocieron que sus lecciones son que la participación política “significa soledad. No se tienen muchas relaciones honestas, sinceras”. Agregó que “una no entra a un partido político a hacer su propia agenda, uno promueve su agenda al interior del partido.” Su última lección fue recordar que “lo de las mujeres solo lo atendemos las mujeres”, aunque haya que representar a todos los pueblos.

Ahora se preparan cuadros, según explicó orgullosa Martha Sánchez Néstor, que desde hace 18 años se lanzó a la arena pública como mujer indígena hasta lograr premios, reconocimientos y ser nombrada asesora de ONU Mujeres. El socialdemócrata Partido de la Revolución Democrática, en las próximas elecciones en México, previstas para el primero de julio, le negó una candidatura.

Más obstáculos en el camino

Mónica Chuji, kichwa y ex directora de comunicación para la presidencia de Ecuador, lo dijo rápidamente: El ámbito político es “cerrado, racista, arribista, no es nada fácil.” “El tema electoral divide a las organizaciones y compra conciencias”, dijo la ex asambleísta acusada muchas veces de radical. “Radicalidad es ver los problemas de raíz, es pedir lo máximo a ver si por lo menos se puede conseguir la mitad.”

Los partidos que entienden de diversidad son mejores para recuperar la problemática indígena, pero ni la izquierda entiende la lucha del movimiento indígena aún, lamentó Chuji. Pese a todas estas piedras en el camino, estas mujeres, con su orgullo de frente y su laptop de lado, reconocen el avance como lo dijera Martha Sánchez, quien describió el camino desde el tiempo en que las indígenas solamente participaban haciendo los mandados, labores de secretarias y avanzada en las marchas multitudinarias hasta hoy, con su propia representación nacional e internacional.

Una nicaragüense en el Grupo Asesor de ONU Mujeres

Afrodescendiente, ex monja, ex guerrillera y feminista, la nicaragüense Dorothea Wilson Tatum fue seleccionada para formar parte del Grupo Asesor de la Sociedad Civil para América Latina y el Caribe de ONU Mujeres. Ella, conjuntamente con sus colegas de otros países, 15 en total, brindarán asesoría política técnica al más alto nivel y actuarán como canal para el diálogo entre ONU Mujeres y las organizaciones de la sociedad civil en la región.

Dorotea, la única centroamericana en este Comité, está en compañía de grandes líderes e intelectuales feministas, entre ellas Marcela Lagarde (México), Magaly Pineda (República Dominicana), Teresa Valdés (Chile) y Virginia Vargas (Perú). También forman parte del grupo Teresa Lanza, de la organización Católicas por el Derecho a Decidir de Bolivia, y Moni Pizani, directora regional ONU Mujeres América Latina y el Caribe, entre otras feministas.

La conformación del Grupo Regional Asesor se acordó en la 56ª sesión de la Comisión del Estatus de la Mujer, celebrada en Nueva York a inicios de este año, y fue escogido a partir de propuestas de la sociedad civil por un grupo ad hoc.

Dorothea nació en Bilwi, en la costa Caribe nicaragüense y proviene de una familia de nueve hermanos, cinco de ellos mujeres. De profesión maestra, fue religiosa de la Orden Maryknoll hasta que en 1975 se incorporó a la guerrilla. Al triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Dorothea se convirtió en alcaldesa de su ciudad natal, hasta 1984 cuando fue electa diputada a la Asamblea Nacional.

A partir de la década de los noventa fungió como integrante del gobierno regional, y desde 1994 hasta 1998 formó parte de la Dirección Nacional de ese partido. Al cierre de esa década se integró a los movimientos de mujeres y resultó electa en algunos períodos como parte de la conducción colectiva de La Red de Mujeres Contra la Violencia. Fundó Voces Caribeñas, una organización basada en el Caribe nicaragüense para la defensa de los derechos de las mujeres en el contexto de la identidad de la nación, y el debate sobre la existencia de racismo en Nicaragua.

El activismo contra el racismo la llevó en 1992 a constituir la Red de Mujeres Afrolatinoamericana, Afrocaribeña y de la Diáspora , un espacio de articulación del movimiento de mujeres negras de América Latina y el Caribe formado por más de 200 organizaciones de 30 países de la región. Entre sus acciones están la reflexión, intercambio, denuncia y propuesta para el desarrollo de las mujeres Afrodescendientes. En Nicaragua, Voces Caribeñas está integrada a la Coalición Movimiento Feminista.

* saralovera@yahoo.com.mx poneloya@hotmail.com