Parece que el presidente ya no sabe lo que quiere, primero, durante la VIII marcha indígena, amenaza con que de todas maneras se hará la carretera. Después, cuando la VIII marcha llega a La Paz, hace aprobar una ley, la 180, de defensa del TIPNIS, declarándolo incluso intangible; esta ley la promulga. A los pocos días, decide hacer campaña en contra la ley que promulgó; lo siguen sumisos todos los funcionarios, los asambleístas y ministros en este devaneo y diletantismo estrambóticos, sin inmutarse de sus gruesas contradicciones. Después aprueban la ley 222, que dicen que es de consulta cuando es un triste cuestionario impuesto, violando la estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en los convenios internacionales y en la Constitución.

Se trata de un cuestionario y un protocolo que inducen a la construcción de la carretera. ¿Qué clase de consulta es esta? Paralelamente invaden militarmente el TIPNIS, presionando, chantajeando, dando obsequios, obligando a firmar su inasistencia a la IX marcha a dirigentes de comunidades. Todo esto anula plenamente la legalidad y legitimidad de su propio cuestionario impuesto.

Empero no se dan por aludidos. Ahora el presidente dice que se inclina por un referéndum a los departamentos involucrados, Cochabamba y el Beni. ¿Quién entiende al presidente? Lo que demuestra este diletantismo y dubitación constantes del presidente es que los intereses en cuestión son muy grandes. No interesan las comunidades indígenas del TIPNIS, interesa la perspectiva del negocio, tanto del gobierno de Brasil, involucrado en el IIRSA, las empresas brasileras, petroleras y de la construcción, así como también interesa la compulsión por la ampliación de la frontera agrícola para el cultivo de la coca excedentaria.

Queda claro que quieren hacer la carretera a como dé lugar, empleando todos los medios a su alcance, la violencia estatal, abierta y velada, el chantaje y la presión, la estrategia de división de las organizaciones indígenas, la cooptación de dirigentes, la manipulación, la aprobación y la imposición de una consulta espuria, hasta un referéndum no contemplado en la Constitución, cuando se trata de territorios y derechos de pueblos indígenas.

¿Hay diletantismo en el presidente o se trata de un juego de fuerzas y distintos posicionamientos al interior del gobierno? Se puede lanzar una hipótesis interpretativa. Tal parece que los que se oponen a la imposición de la carretera es el sector de menor influencia, empero hace sentir de alguna manera su posición, sobre todo cuando el conflicto arrecia. Empero, los que siguen como caballos cocheros la consigna de la carretera del supuesto “desarrollo” parecen ser la fuerza preponderante. Estos hacen sentir su influencia permanentemente, aunque entran en pánico cuando el conflicto adquiere intensidad y amenaza con desencadenar una crisis mayor. Empero, lo que es como la estructura causal de estos devaneos y diletantismos, estas gruesas contradicciones, manifestadas incluso en las declaraciones, es la estructura de poder inscrita y mantenida en el Estado, en la sociedad y en las relaciones dependientes del gobierno en el contexto regional e internacional, estructura y relaciones de poder basadas en el modelo extractivista del capitalismo dependiente.

¿Qué clase de gobierno es este de los diletantismos? Para entender esta pregunta y para responderla debemos hacer visibles los planos en los que se mueve esta gubernamentalidad con ribetes populares y nacionalistas. Hay que preguntarse si el diletantismo se mueve en el plano de los discursos y no en el plano de las prácticas. Si esto ocurre entonces se puede entender que se trata de cortinas de humo mientras se hace otra cosa. ¿Pero, es así?

Si se llega aprobar una ley en defensa del TIPNIS y después se busca desesperadamente abrogarla, terminando aprobando una ley de consulta, aunque en realidad ya no se trate de una consulta, sino de la imposición de un cuestionario inductor, entonces podemos entrever que el diletantismo no está solamente en los discursos sino también en las prácticas. ¿Cómo se explica esto? ¿Improvisación, falta de estrategia? El de las leyes no es el único otro plano de funcionamiento del gobierno; hay otros, los acuerdos, convenios, arreglos, proyectos, compromisos políticos y operativos, como los relativos a los créditos.

El proyecto de la carretera que conecta Villa Tunari y San Ignacio de Moxos es anterior, por lo menos, en lo que corresponde al gobierno de Evo Morales Ayma; data de los acuerdos con el gobierno del Brasil, BNDES y OAS en el 2008. Uno de los planos más materiales, por así decirlo, es este de las transacciones, relaciones y acuerdos entre gobiernos. ¿Es esta la estrategia, construir carreteras que cumplan con el proyecto IIRSA? Por otra parte, el llamado polígono siete del TIPNIS, que corresponde a la zona de avasallamiento de los cocaleros, ya se había dado, incluso con anterioridad al gobierno de Evo Morales. Enfrentamos entonces una realidad, la expansión de la frontera agrícola, en este caso de la frontera de la coca excedentaria. Esta es la materialidad de los desplazamientos y movilidad social, migración, agotamiento de tierras y, por lo tanto, necesidad de tierras nuevas.

Por lo tanto tenemos por lo menos cuatro planos, el de los discursos, el de las leyes, normas y reglamentos, el de los acuerdos y transacciones operativas, y el de la ampliación de la frontera agrícola; todos estos planos sostenidos por la matriz colonial de la economía extractivista y su formulación estatal rentista.

La base del MAS y el núcleo fuerte del presidente son las federaciones del trópico de Cochabamba. ¿Hay un compromiso del presidente, del gobierno y del MAS de favorecer la ampliación de la frontera de la hoja de coca excedentaria? Todo apunta a que si lo hay. ¿Entonces cuál es el proyecto, industrialización de la coca, expansión de la economía política de la cocaína? Algunas voces ingenuas, como queriendo justificar el diletantismo gubernamental, dicen, ya en su desesperación, que se trata de un proyecto geopolítico, se trata de quitarle el dominio y la hegemonía a la oligarquía de Santa Cruz, formando una burguesía cocalera y beniana. ¿Qué es esto? ¿Geopolítica?

En todo caso podríamos aceptar a duras penas que se trata de una versión vulgar e improvisada de la “geopolítica”. Esto no se sostiene cuando los acuerdos implícitos y explícitos se han dado precisamente con la burguesía agroindustrial, los terratenientes y los soyeros, que también están interesados en la ampliación de la frontera agrícola. Pero, dejando de lado esta constatación empírica, tomando en cuenta su pretendida “geopolítica”, llama la atención que la gente del gobierno haya reducido su comprensión del proyecto del proceso al emplazamiento de nuevas elites y al enriquecimiento de las mismas; obviamente comprensión alejada de una interpretación de la Constitución, la que ha quedado colgada en la vitrina del palacio quemado; se trata como se ve de la formación de una burguesía cocalera y beniana.

Parece salido de las elucubraciones asombrosas de la ideología del nacionalismo revolucionario, que efectivamente se encaminó, en su momento, a formar una burguesía nacional, pues las tareas democrático burguesas estaban pendientes. Esta formación contó con la transferencia de recursos del Estado, con préstamos y créditos jamás devueltos, con la complicidad de la tolerancia de escandalosas corrupciones. Empero, al final el balance es negativo, tal burguesía nunca se conformó; lo que se produjeron son nuevos ricos, el empobrecimiento de las arcas del Estado y del proyecto nacionalista.

Una burguesía no se forma con transferencia dineraria, tampoco con sólo el empleo de la violencia estatal, con el forcejeo político inconstitucional, favoreciendo a los sectores más fieles y sumisos al gobierno. La formación de una burguesía requiere tiempo, control económico, articulación coherente y expansiva con los circuitos comerciales, monopolio de mercados, control financiero; sobre todo perspectivas a largo plazo de los productos en circulación e intercambio, cosa que obviamente no tiene la hoja de coca excedentaria. Se trata de una economía a corto plazo, un enriquecimiento rápido, acompañado por el agotamiento de la tierra, transfiriendo los grandes costos a la naturaleza. Es pues una ilusión, que dura lo que puede durar la explotación irresponsable de la tierra, mientras los que verdaderamente controlan los tráficos de valor agregado, la acumulación ilícita dineraria, son otros, los famosos carteles. No tiene sentido el proyecto de estos geopolíticos de los últimos días.

Una respuesta a la pregunta parece ser mas bien que se trata de un gobierno progresista que no puede salir de la telaraña del modelo extractivista, no puede resolver sus profundas contradicciones, prefiriendo engañar y engañarse con geopolíticas baratas, cuando en realidad se somete a los dominios consagrados por el orden mundial y hegemonías en emergencia. En todo este transcurso los costos son altos, costos políticos, pero también costos morales, pues se tiene que tolerar la expansión morbosa de la corrupción.

El diletantismo no es una salida, es la manifestación más triste de las contradicciones profundas que no se quieren reconocer, es la expresión penosa de las renovadas subordinaciones al sistema financiero internacional, al mapa opresivo de los monopolios explosivos de las empresas trasnacionales extractivitas, ahora desplegándose en pleno campo de irradiación de la compulsión por materias primas de la potencia industrial emergente de China.

* Activista de Comuna, http://horizontesnomadas.blogspot.com