Hace cinco años, los bolivianos estábamos en manos de empresas transnacionales de telefonía celular, sometidos a la tiranía de sus tarifas, que hasta el presente son las más caras del mundo, en tanto soluciones al respecto no parecen estar muy cercanas.

La Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel) fue nacionalizada y de esa manera volvió a manos del Estado, pero sus empleados, más afectos a las transnacionales, se mantuvieron en los cargos y en las políticas comunicacionales de libre mercado que les son favorables para acumular ganancias y exportarlas a sus países de origen. Hace poco, la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) realizó un estudio, mediante el cual comprobó la tendencia a una rebaja de tarifas por llamadas de los usuarios, pero como el negocio va viento en popa, las transnacionales, Tigo y Viva se niegan a proceder a una rebaja porque, según su punto de vista, Bolivia todavía vive bajo el régimen de libre mercado, es decir, el neoliberalismo aún está vigente. La Ley de Telecomunicaciones, señala en su artículo 14 que la ATT tiene la facultad para regular tarifas y precios en los servicios de telefonía móvil, fija y larga distancia, pero las transnacionales se resisten, para ellas sigue el “país de Jauja”, sigue el neoliberalismo y el libre mercado. Los caprichos de las transnacionales, están motivando que los servicios de Internet, sean igualmente los más costosos del mundo, impidiendo un acceso fácil a grandes segmentos de la población que se ven privados de contratar este servicio por lo elevado de sus tarifas. Con la nacionalización de Entel, todos esperábamos una notable reducción de tarifas en el servicio celular, pero no ocurrió tal. ¿Qué explicaciones pueden darnos los administradores de la nacionalizada, que son prácticamente los mismos que antes procuraron su privatización? La empresa dominante y con mayor cantidad de usuarios, tendría que ser Entel porque todos los bolivianos buscamos afiliarnos a ella para conseguir menores costos, pero nada. No hay rebaja de tarifas, seguimos pagando un dólar por cada tres minutos de conversación, aún en días feriados. Mientras las transnacionales de telefonía móvil continúan saqueando los bolsillos de los bolivianos, las cooperativas de telefonía fija se encuentran rumbo a la quiebra con efecto sobre millones de usuarios que adquirieron acciones en ellas. ¿No es acaso hora de concederles ayuda y licencia para operar también en el mercado celular? Entre todas ellas, ¿No podrían constituir una empresa celular verdaderamente nacional? ¿No es hora de evitar la exportación de capitales por parte de empresas que poco hicieron en renovación tecnológica y se limitaron a explotar el eje central de las comunicaciones? Las cooperativas telefónicas se encuentran distribuidas en todos los departamentos y hasta en pequeñas poblaciones, por tanto podrían prestar un mejor servicio en sana competencia con la empresa nacional, que felizmente está nuevamente en manos de los bolivianos. Es hora de actuar a favor de quienes utilizamos frecuentemente el servicio celular, que ya no es ningún lujo.