En Bolivia ya no es claro cuál es la derecha y cuál la izquierda. O nunca lo fue en la historia republicana. Por eso ya no nos sirve esa clasificación. Pero como la izquierda de la derecha hoy gobernante insiste en auto-proclamarse de izquierda pues recurrimos aún a esta clasificación espacial para dejar entender que en el gobierno está la derecha.

En términos reales habría dos derechas en Bolivia. Una derecha moderada liberal y otra derecha ultra con rasgos profundamente autoritarias que está afuera del gobierno del MAS con posiciones tácticas y con obvias vinculaciones con los de adentro del gobierno. Las políticas públicas, los agentes ubicados en lugares estratégicos, y las últimas acciones del gobierno es el mejor ejemplo de esta afirmación como ya abordamos en otros artículos.

¿Por qué la izquierda no se diferencia de la derecha? Pues la izquierda entendida como una visión de justicia social en base a la idea de igualdad, no tiene sentido de realidad. Queda por lo menos en el espacio del gobierno la derecha que defiende la idea de la desigualdad natural de las cosas, hoy idea-acto gobernante. Y las propuestas de los pueblos indígena-originarios de reconstruir otra historia fuera de la colonialidad y de combate al sistema de explotación humana y de los recursos naturales, tampoco tiene cabida en dicho espacio del poder. En este punto habría que decir que no sólo basta que estén unos indígenas en el gobierno sino lo fundacional es la idea-acción de otra propuesta civilizatoria del poder y de la sociedad. Para el mal de todo ello se rompió el histórico Pacto de Unidad entre cinco organizaciones sociales indígenas originarios campesinos: la CSUTCB, los Interculturales y Bartolina Sisa,por un lado, y CONAMAQ y CIDOB, por otro.

Así en Bolivia el liberalismo en su forma multiculturalista está en los espacios claves del gobierno y tiene voz propia. En ese sentido el antiderechismo del Vicepresidente García Linera como lo expresó en los últimos días es una simple retórica extravagante que no tiene sentido de realidad. Eso ya lo hicimos notar en otro artículo en el contexto de la violenta represión policial de Caranavi de 2010.

El Vicepresidente acusa y re-acusa que el movimiento indígena originario de la Amazonia y los Andes que inicia su IX marcha el 25 de abril desde Chaparina por sí mismo sería para fundar y promover un partido político de la derecha. “Ya no es una marcha por el parque, ya no es una marcha por una carretera. Sí se da como se está dando ahorita, es una marcha en función de criterios políticos, especialmente para los activistas, es para un proyecto político de derecha”. [1]

Tamaña aseveración nos recuerda una vez más el lenguaje señorial del Vicepresidente. Es decir, esa acusación suena igual o peor que la de un Sánchez Berzaín, o Guillermo Fortún. La distinción frente al mundo indígena en tanto un hecho sociológico estructural es este lenguaje señorial; y es éste mismo lenguaje las que los une entre la derecha y la izquierda porque vienen de una misma camada cultural criolla. Continúa. “Pídanos lo que sea, pero no anular la democracia. Pedir que no haya consulta es pedir que no haya democracia”. [2] Luego de ocho días de aquella afirmación dice que la marcha ahora es democrática. Aquí aunque es ex contemporánea la consulta por razón de poder, es democrática, eso quedó claro.

Pues en esto hace sólo diez años la democracia liberal era imperfecta para el Vicepresidente y hoy es cuasi perfecta ante la marcha de los indios “malos” que de pronto se han vuelto anti-democráticos. Además juega con un derecho reconocido en la Constitución. Es en este sentido que no se entiende cuál es la diferencia entre la derecha e izquierda. La variable de la camada señorial parece ser una de las columbras vertebrales para entenderlas en sus diferencias y en sus profundas similitudes.

Si efectivamente el gobierno es antiderechista ¿por qué el Presidente Morales se reúne, juega fútbol con unos de los gobiernos más derechistas de América Latina como es la Juan Manuel Santos de Colombia? En la reciente Cumbre de las Américas llevado en Cartagena de Indias en Colombia, hicieron todo para congeniarse con aquel gobierno que tiene una temida política llamada Plan Colombia financiando por Estados Unidos. Este hecho alcanzó grados de intimidad sospechosas porque es el propio Vicepresidente de aquel país Angelino Garzón quien hizo halagos impensables. “Los presidentes Morales y Santos juegan bien al fútbol y gobiernan bien”,[3] afirmó. Por principio ideológico el propio Fidel Castro de Cuba no se juntaría fácilmente con los Santos y Garzón. Entonces si el gobierno es revolucionario ¿dónde está la revolución en el gobierno del MAS? En ese sentido es que ese antiderechismo es pura retorica extravagante. Una retorica señorial que tiene una larga data porque igual solían hacer sus antepasados al recurrir a ese tipo de lenguaje para tratar de congraciarse con los pueblos oprimidos.

En este contexto de pronto Evo Morales se muestra también preocupado por la CIDOB que según el Presidente organiza alianzas con los opositores.“A mí me preocupa la organización (social). Como CIDOB que organice con alianza de grupos opositores contra un derecho de los pueblos indígenas. Indígenas contra sus derechos”. Continúa. “Me hubiera gustado que los acuerdos que estamos firmando (con las regionales) sea con la CIDOB pero como no quieren tengo que atender a la regionales o departamentales de la CIDOB. Reconocemos que no habíamos llegado a Sécure, Isiboro, hemos estado en otros sectores pero en esa zona, recién estoy conociendo y me ha impresionado como viven”. [4] Este es un descaro absoluto y deshonesto. Y continúa. “Rechazar la consulta es rechazar los derechos de los pueblos indígenas. No sé qué pasa con algunos hermanos, estoy sorprendido.”[5] Una afirmación que está referida a la novena marcha que el 25 de abril partirá desde Chaparina.

En síntesis, aquí la retórica de la razón del poder es la criminalización de la lucha social. No sólo es eso. Quieren recuperar el ansiado apoyo social pero sin embargo juegan a una contra-lógica porque divide, confronta, y anula a los movimientos indígena originarios y sectores obreros que las critican. En este sentido, el gobierno ha girado abiertamente hacia el modelo extraccionista en colusión con expresas transnacionales y empresas que no tienen bases reales de cómo están constituidos. Es el caso de la minería que destruye y contamina atrozmente el agua y el medio ambiente. Por ello esta izquierda de la derecha es abiertamente neo-desarrollista de base cepalina. Y abiertamente enfrentado a los pueblos de la que viene.

Con todo lo anterior, la acusación de que todo quien crítica y se moviliza es derecha, logra efectos devastadores como es el desbaratar el profundo tejido social construido en los últimos 30 años. Ese es un típico acto de agentes de los grupos de poder dominante que no quiere que la sociedad sea un gran espacio de debate y de crítica. La derecha radical solía hacer lo mismo. ¿No estarán preparando otro Calamarca del MNR de 1985 que desmontó el movimiento obrero ahora definido en la marcha que viene desde Chaparina?

Porque el Vicepresidente García Linera en una entrevista en el periódico Los Tiempos de Cochabamba dijo que la nueva función de las Fuerzas Armadas es la administración de la coerción legítima. “[E]s la administración de la coerción legitima, es el punto de definición y de existencia sine qua non de las Fuerzas Armadas en cualquier parte del mundo, sobre esa base reforzada materialmente”. Además dijo: “pero la presencia militar es la vanguardia, es la cabeza de playa.”[6] Todas estas afirmaciones están dadas en el contexto de la nueva ebullición de la lucha social en Bolivia.

Notas:

1. http://www1.abi.bo/#, (consultado 14/4/2012).

2. http://www1.abi.bo/#, (consultado 14/4/2012).

3. http://www1.abi.bo/#, (consultado 14/4/2012).

4. http://www1.abi.bo/# (consultado 17/4/2012).

5. http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.cambio.bo (consultado 19/4/2012).

6. http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.lostiempos.com (consultado 15/4/2012).

* Sociólogo aymara.