México (PL).- Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el mariachi es uno de los orgullos de México. Este modelo de grupo musical es el alma cultural del país. Sus canciones conmueven, de generación en generación, a todos los mexicanos. Estén donde estén.

El mariachi está presente tanto en las fiestas públicas como en las privadas, entre estas bodas, cumpleaños, serenatas y otras celebraciones familiares. Compuesto generalmente de 12 músicos, puede tener más. Visten con un traje típico de charro, de color negro o blanco por lo regular. Especialmente llamativos son sus grandes sombreros.

Inicialmente solo lo integraban hombres, sin embargo, ya muchas de esas orquestas incluyen mujeres y hasta hay varias totalmente compuestas por ellas. Sus instrumentos indispensables son la vihuela, la guitarra, el guitarrón, el violín y la trompeta. No obstante, algunos tienen más instrumentos, como la flauta, el arpa y el acordeón.

Aunque en su concepción más completa surgió durante el siglo XIX en la región occidental del país, en los estados de Jalisco, Michoacán y Nayarit, ahora se encuentra extendido a todo el territorio nacional, así como a otras muchas naciones.

Durante sus inicios, esos grupos interpretaban canciones de sus regiones originarias, pero luego ampliaron sus repertorios con rancheras, corridos, huapangos, sones jarochos, valses y boleros mexicanos, y hoy en día también incluyen composiciones universales.

El cine mexicano de los años 40 del siglo pasado, en su época de oro dio a conocer internacionalmente al mariachi por medio de las películas protagonizadas por intérpretes como Tito Guízar, Jorge Negrete, Pedro Infante y Luis Aguilar.

En el exterior, esta orquesta tiene mayor presencia en Venezuela, Colombia y El Salvador, así como en Estados Unidos debido a la numerosa emigración mexicana. Actualmente en la ciudad de Guadalajara se celebra cada año el Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería, al cual asisten agrupaciones de numerosos países.

Sobre el origen del nombre de mariachi hay varias versiones, empero la más extendida, aunque también cuestionada, es que proviene de la palabra francesa “mariage” (boda). Según esta explicación, en los tiempos de la invasión de Francia al país, unos soldados de esa nacionalidad llegaron a donde se efectuaba una fiesta en Jalisco, animada por uno de estos grupos.

Al preguntar los extranjeros qué se celebraba, le respondieron “est un mariage” y de ahí se derivó el nombre a mariachi. Entre las canciones más conocidas que estos interpretan se encuentran Cielito lindo, María bonita, México lindo y querido, Adelita y Las Mañanitas. Asimismo están El rey, Un mundo raro, Ay Jalisco no te rajes, El son de la negra, Amorcito corazón. Media vuelta y Volver, volver, por solo nombrar algunas.

En Ciudad de México, el templo del mariachi es la popular Plaza Garibaldi, donde muchos de estos grupos acuden cada día, desde la mañana hasta la noche. Aquí vienen mexicanos y turistas extranjeros para encontrarse con estos, escucharlos en el lugar o contratarlos para que vayan a alguna fiesta.

Este enclave se encuentra situado en la parte centro norte de la capital. Anteriormente se llamó Plazuela de Jardín y más tarde El Baratillo. Cambió en 1921 su nombre por Plaza Garibaldi en alusión al nieto de Giuseppe Garibaldi, José “Peppino” Garibaldi, quien combatiera en 1911 en las filas de Francisco I. Madero durante la Revolución Mexicana.

Una de sus fiestas más populares es la celebrada en homenaje a Santa Cecilia, patrona de los músicos. Igualmente se efectúan variadas actividades, entre ellas el festival del taco, que en su última edición incluyó la confección del más grande del mundo, con una longitud de 50 metros y 17 centímetros.

En esa explanada, mientras almorzaba un sabroso taco “al pastor” bien picoso (tortilla de maíz con cerdo y chile), Pedro, guitarrista de una de las bandas, comentaba que allí se canta “a lo mero mero mexicano”. La Unesco inscribió en noviembre del 2011 al mariachi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Durante la reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial, que se celebró en Bali, Indonesia, recibió el voto unánime de los países participantes. Con esa séptima distinción, México -junto con Colombia e Irán- ocupa el octavo lugar entre los países que la poseen. Ese orden lo encabezan China, con 29; Japón, con 20; Corea, con 13, Croacia, con 11; España, con 10; Turquía, con 9; y Francia, India y Mongolia, con ocho.

Tales Patrimonios mexicanos son las Festividades Indígenas dedicadas a los Muertos (2008); la Ceremonia Ritual de Los Voladores, de Veracruz (2009); Tradiciones vivas y lugares de memoria de los pueblos otomí-chichimecas, de Tolimán, en Querétaro (2009). También La Pirekua, canto tradicional de los p‘urhépecha (2010); Los Parachicos en la fiesta de enero de Chiapa de Corzo (2010); la Cocina Tradicional Mexicana, el paradigma de Michoacán (2010) y ahora el Mariachi, música de cuerdas, canto y trompeta (2011).

Pedro Infante vive

El cantante y actor Pedro Infante, ícono de la Época de Oro del cine mexicano, dejó de existir un día como hoy hace 55 años, sin embargo su figura aún convoca a cientos de seguidores que le recuerdan.

Y fue la suya una muerte sorpresiva, a causa de otra de sus pasiones: la aviación. El 15 de abril de 1957, piloteaba un Consolidated B-24 Liberator, matrícula XA KUN, un bombardero utilizado en la Segunda Guerra Mundial.

La aeronave se desplomó en horas tempranas de aquel día en el cruce de las calles 54 y 87 de Mérida, Yucatán, en el sureste de México. Había despegado poco antes del aeropuerto quién sabe con cuántos proyectos en mente, cuando desde apenas unos 20 metros de altura el aparato cayó a tierra.

Dicen quienes le conocieron que fue un fanático de la aviación, incluso acumuló cerca de tres mil horas de vuelo como piloto. Cuando se despojaba del artista, de luces y escenarios, pasaba a ser el Capitán Cruz.

Antes de aquel fatal accidente, ya Pedro Infante había tenido otro desplome próximo a Zitácuaro, Michoacán, razón por la que le implantaron una placa de titanio en parte de su cráneo, pero quería seguir volando. Al final lo logró: se elevó muy alto. Su nombre es imprescindible en el panorama de la cultura mexicana y mundial.

Pedro Infante Cruz, nació en Mazatlán, Sinaloa, el 18 de noviembre de 1917 y su multidimensionalidad se sostiene gracias a la manera en que sus seguidores le recuerdan, afirmó el crítico e investigador de cine Jorge Ayala.

“Cuando yo era niño lo iba a ver cantar a la estación W Radio, y desde luego, después fui a ver sus películas. Nunca me imaginé en lo que se convertiría, pues logró aportar y permanecer en la tradición popular del país gracias a su carisma”, dijo Ayala.

Durante su carrera profesional Infante filmó más de 60 películas y grabó unas 310 canciones. Tuvo seis hijos y en la página de Internet dedicada a su memoria aparece una frase que pudo definirlo: “Yo soy quien soy, y no me parezco a naiden”.

Año tras año sus fieles admiradores se reúnen alrededor de su tumba para corroborarlo.

* Corresponsal jefe de Prensa Latina en México.