Juba, Naciones Unidas, Bruselas y La Habana (PL).- El Consejo de Seguridad de la ONU alertó que la crisis entre Sudán y Sudán del Sur constituye “una seria amenaza para la paz y la seguridad internacionales” y advirtió que la violencia puede llevar a ambos países a una guerra total con pérdida de vidas, destrucción de infraestructura y devastación económica.

El territorio de Sudán se dividió en dos luego de la guerra entre el Movimiento Popular para la Liberación de Sudán (MPLS) y el Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (ELPS) que concluyó en 2005. Ahora los dos países disputan por el control de la zona fronteriza de unos 1.800 kilómetros, y por “el tránsito de petróleo sursudanés a través del territorio y las infraestructuras de Sudán”.

El Acuerdo Integral de Paz de 2005 entre el gobierno de Hassán al Bashir y la guerrilla del MPLS definió que las disputas territoriales se debatirían tras la celebración de un referendo de autodeterminación del sur, primer paso institucional hacia una nueva configuración estatal. Las dos partes aceptaron posponer esa definición claramente estratégica, pero tal decisión conllevó a nuevas disputas territoriales.

Sudán del Sur proclamó su independencia el 9 de julio del año pasado, como parte del Acuerdo Integral de Paz firmado por el gobierno de Jartum y la guerrilla del MPLS, ahora autoridad en este Estado austral. Siendo el Estado más pobre, pero con grandes recursos petroleros, al independizarse no resolvió varias cuentas pendientes con su similar Sudán, donde está la infraestructura para el refinamiento y exportación del crudo.

La aceptación de los resultados de la consulta por la administración, la posposición del debate territorial y sus aspectos complementarios, como es la distribución de las ganancias por la explotación de las fuentes de hidrocarburos, creó un ambiente tenso y muy complejo. Pasado el jolgorio por la secesión comenzaron a aflorar dilemas que, aunque muchos se previeron, no dejaron de ser desafíos (principalmente económicos y políticos), pues la ruptura significó el fin de una complementariedad que -con todos sus defectos- había logrado por años preservar cierto equilibrio.

La división que condujo a la aparición de dos países habría de tener otro costo y fue que al cruzar la línea comenzaron a presentarse fisuras en cuanto a la composición nacional. Grupos armados hasta entonces calificados como controlables ganaron beligerancia al sentirse motivados por la separación de Sudán del Sur. Casos como la persistente guerrilla de Darfur, en el occidente sudanés y los intentos separatistas en la provincia de Kordofán del Sur, podrían interpretarse como receptores del estímulo emancipador pero que amenazan con destruir o fragmentar gravemente a la unidad nacional.

Cada uno alegaba que el otro le amenazaba la integridad como Estado y que cada uno conspiraba contra el otro para excluirlo del juego político. Un largo intercambio de acusaciones se suscitó también por la posesión de la región de Abyei, ubicada en la frontera y poseedora de un gran potencial del hidrocarburo y donde comenzó a ocurrir un éxodo de habitantes que huían de la contienda que enfrentaba a las tropas de los dos actores.

Las autoridades de Sudán del Sur informaron que en un corto período más de 150 mil personas huyeron de esa zona disputada con el norte. El ministro de Asuntos Humanitarios James Kok Ruea precisó que muchos de los desplazados carecían de techo para cobijarse tras escapar del área donde se intensificaron los enfrentamientos ente el ejército sudanés, que ocupó la localidad y la ex guerrilla sursudanesa del MPLS.

De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el pasado año 360 mil personas abandonaron el norte con destino al nuevo país, donde existen dificultades para la reinserción de inmigrantes, como son los retrasos en la adjudicación de tierras prometidas por el gobierno de Juba a los repatriados.

El 19 de marzo unas 2.300 personas regresaron a Sudán del Sur procedentes de Sudán, como parte de un proceso de repatriación, según la OIM. Fue la primera operación de su tipo desde que se estableció que el retorno debe ser voluntario y seguro, según acordaron el mes pasado los dos gobiernos.

Representantes de ambos Estados sostuvieron negociaciones en Etiopía en busca de un arreglo al diferendo bilateral, sobre lo cual ya se han firmado tres acuerdos de paz que no han sido cumplidos. Las conversaciones han chocado siempre con el principal motivo bilateral de disenso, la exigencia sudanesa de recibir pagos por oleoductos que atraviesan su territorio, frente a la negativa sursudanesa de efectuarlos.

El consejo de Seguridad alarmado por los choques

El 27 de marzo el Consejo de Seguridad de la ONU advirtió sobre un eventual resurgimiento del conflicto entre Sudán y Sudán del Sur y un empeoramiento de la situación humanitaria, con el consecuente daño a la población civil.

La decisión de Sudán de cerrar su frontera con Sudán del Sur evidenció el deterioro de sus relaciones. Tal acción se percibió como una represalia al supuesto apoyo sureño a los rebeldes de Nilo Azul y Kordofán del Sur. La administración de Juba, encabezada por el ex guerrillero Salva Kiir, ha rechazado las acusaciones del gobierno de Jartum, e identificó al otro como enemigo, caracterización poco sólida si se tiene en cuenta que hace menos de dos años ambos Estados componían uno sólo, el gigantesco Sudán.

Fuerzas de ambos países sostuvieron los pasados 26 y 27 de marzo enfrentamientos considerados los más graves desde la proclamación de la República de Sudán del Sur. Medios militares de todo tipo fueron empleados en los combates, entre ellos aviones, tanques y artillería pesada, tras los cuales los dos gobiernos denunciaron las operaciones del otro.

“Los choques se iniciaron el 26 de marzo después de un ataque de un batallón sudanés contra fuerzas de Juba en Teshuen”, afirmó el portavoz de las Fuerzas Armadas sursudanesas Philip Aguer, y aseguró que los combates en la frontera obligaron al presidente Omar Hassán al Bashir a postergar un viaje a Juba. Según Ague, la acción respondió a un plan del sector probélico en Jartum que quería sabotear la visita de Al Bashir.

El gobierno de Juba denunció el 10 de abril que Sudán volvió a bombardear territorios sursudaneses, mientras Jartum reiteró su acusación de ataques contra sus posiciones fronterizas. Al menos cuatro civiles resultaron heridos cuando aviones sudaneses bombardearon la localidad fronteriza de Abiemnom, aseguró el ministro sursudanés de Información Barnaba Marial Benjamin.

El titular del Gobierno de Juba argumentó que Jartum pretende apoderarse de instalaciones sursudanesas de combustible. “Dos brigadas de las Fuerzas Armadas Sudanesas, apoyadas por 16 carros y milicias avanzaron hacia Unity, estado al que pertenece Abiemnom, con la intención de capturar y ocupar campos petrolíferos”, afirmó.

Por su parte, el gobierno de Sudán prometió que responderá “con todos los medios” a las operaciones del Ejército sursudanés contra emplazamientos militares de su país cerca de los límites territoriales. Jartum divulgó en un comunicado que Juba realizó tres operaciones militares en el estado de Kordofán del Sur.

El 14 de abril las autoridades de Sudán del Sur informaron que sus fuerzas rechazaron un ataque del ejército de Sudán cerca de la región petrolera de Heglig, tomada por tropas sureñas hace cuatro días. El vicepresidente Riek Machar dijo que los combates ocurrieron la víspera a más de 30 kilómetros al norte de Heglig.

El ejército de Jartum anunció que lanzó un contraataque para recobrar el área y reiteró que la situación de la petrolera Heglig se definiría en breve tiempo. “En este momento avanzamos hacia la ciudad de Heglig”, en la frontera, “estamos muy cerca”, afirmó el vocero del ejército sudanés Sawarmi Khaled Saad, sin hacer precisiones sobre las porciones del territorio perdidas o recuperadas.

Por su parte, medios de prensa destacaron que “la Unión Africana exigió la retirada incondicional de las fuerzas del sur de la zona”, y recordaron que las grandes potencias pidieron calma a los dos países que combaten en la frontera. El 28 de marzo la Unión Europea pidió cesar los combates y retornar a anteriores conversaciones para buscar una solución al diferendo. “Más actividad militar transfronteriza podría resultar en un enfrentamiento militar más amplio”, afirmó la jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton.

En una declaración aprobada por sus 15 miembros el 12 de abril, el Consejo de Seguridad de la ONU demandó “en forma completa, inmediata e incondicional” el fin de los combates, la retirada del ELPS de la ciudad de Heglig, el cese de los bombardeos de las Fuerzas Armadas Sudanesas contra Sudán del Sur, y que ambas partes corten el apoyo a “grupos satélites que actúan en el otro país”.

El Consejo de Seguridad también exigió que las dos partes redesplieguen sus fuerzas a 10 kilómetros de la línea fronteriza establecida en enero de 1956; la creación de una zona desmilitarizada segura, y solicitó a los gobiernos de Jartum y Juba que respeten la letra y el espíritu del memorando de entendimiento sobre no agresión y cooperación suscrito el 10 de febrero.

Mientras, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon expresó su inquietud por los combates. Ban “está hondamente preocupado por los enfrentamientos militares y llama a los gobiernos de Sudán y Sudán del Sur a respetar plenamente e implementar los acuerdos que ya alcanzaron en materia de seguridad y protección de las fronteras”, informó el portavoz del secretario general Martin Nesirky.

Este sábado Ban Ki-moon conversó por teléfono con el ministro de Relaciones Exteriores sudanés Alí Ahmed Kar e instó a su gobierno a demostrar la máxima moderación para tratar de resolver la extrema tensión. Sostuvo que la prioridad inmediata es reducir la escalada en el conflicto, ya que “no existe una solución militar” para la crisis.

* Periodista de la Redacción de África con reportes de las corresponsalías en Naciones Unidas, Bruselas y Juba.