El denominado Método es una técnica de actuación derivada de la teoría y la práctica del famoso actor, director y maestro ruso Konstantín Stanislavski. Las pautas del Método, como él lo concibió, constituyen líneas de trabajo antes que pasos necesarios. Y su principal objetivo es la reproducción de una realidad reconocible. Y una verosimilitud basada en la aguda observación del entorno.

Tal procedimiento de actuación y gran estilo del cine norteamericano comenzó como una revolución en el teatro. Cambio iniciado en Nueva York, en 1931, cuando el Grouph Theatre lanza un modo de interpretar, que fuera, a la vez, característico de la agrupación y consistente con sus valores políticos.

Como fundadores de este conjunto teatral figuran Lee Strasberg, Harold Clurman y Cheryl Crawford, antiguos directores del Theatre Art Guiad, establecido en 1915. Basando sus búsquedas en el método de Stanislavski, durante 10 años persiguió el realismo psicológico y social en las puestas en escena.

El Grouph cesó sus actividades en 1941 y dio origen, seis años después, al Actors Studio, fundado por Elia Kasan, Robert Lewis y Cheryl Crawford. Poco más tarde, Lewis abandonó y fue reemplazado por Strasberg, quien se convirtió en el teórico y director del Studio.

Aplicando el Método, la escuela formó a figuras como Marlon Brando, James Dean, Montgomery Clift, Paul Newman, Jack Palance, Ben Gazzara y Rod Steiger. Y a actrices como Shelley Winters, Lee Remick y Carroll Baker. Todos poseedores de un estilo de actuación característico.

Como consecuencia del debate que siempre ha existido entre defensores y detractores. Y las discrepancias entre profesores sobre qué es y no es el Método. Y el hecho de que nadie confeccionara una relación oficial de los principios que rigen esta técnica de actuación. Por todo ello, en 1991, la revista American Film publicó una lista no-oficial con la finalidad de despejar confusiones.

Dicha minuta estaba basada en la lectura de textos básicos sobre actuación y en la propia observación del autor sobre las tácticas usadas por los integrantes del Grouph Theatre. Y constaba de ocho puntos.

Primero: Según el Método, la tarea esencial del actor es la reproducción de la realidad reconocible basada en una aguda observación del mundo. Pocos maestros de la tendencia piensan que este enfoque limita a los actores a un estilo particular. Pero sí lo vincula, claramente, con el naturalismo norteamericano, el cual tiene el mismo objetivo.

Segundo: El Método busca justificar toda la conducta en la escena al garantizar que es sicológicamente segura. A fin de proporcionar una motivación unificada, cada actor establece un único propósito general para su personaje, conocido por “super-objetivo”. Este movimiento mayor es dividido en unidades más pequeñas. Más “actuables”. Llamadas “objetivos”. O “acciones”.

Tercero: Establece un gran interés en la expresión de emociones genuinas que pueden ser evocadas mediante el uso de la técnica conocida por “memoria afectiva”. (En versión más popular se le llama “recuerdo emocional”. La anterior es una inversión extremadamente controversial, la cual ha fraccionado a la comunidad de maestros del Método).

Cuarto: Identifica la propia personalidad del actor. No solamente como un modelo para la creación del personaje. Sino como la mina de la cual se deberá extraer toda la verdad sicológica.

Quinto: Estimula el uso de la improvisación como ayuda en los ensayos. E incluso como parte de la representación en un esfuerzo de conservar la espontaneidad en la actuación (y, por lo tanto, parecida a la vida).

Sexto: Busca la comunicación íntima entre los actores para alcanzar una verdadera unión de grupo.

Séptimo: Enfatiza el uso de objetos. Tanto por su valor simbólico como por considerarlos emisarios del mundo material, sólido.

Octavo: Y finalmente (aunque esta última consideración en general se tiene por implícita) demanda una casi devoción religiosa de parte del actor. Basada en lo que parece ser una creencia mítica en el poder de la verdad en la actuación.

En síntesis, así funciona la técnica del Método. Pero, cuidado. No debe olvidarse lo que ya se ha dicho en otras oportunidades. Y es que de todas las disciplinas del cine, la interpretación es la más diversificada. La que menos se presta a la generalización y a cualquier clase de dictamen absoluto.

De hecho, los intérpretes se podrían clasificar y subdividir incesantemente. Y cuando se llega por encima de cierto nivel de fama o de talento, la diversificación se hace todavía mayor. Y ya no importan los grupos. Sino las individualidades.

* Historiador y crítico cubano de cine. Colaborador de Prensa Latina.