Indígenas, según declaraciones y acciones de este último tiempo, muestran que están dispuestos a morir, si fuera necesario, en defensa de su hábitat natural: el TIPNIS. Esa realidad que dejan de leerla algunos, los gobernantes sobre todo, debemos tenerla a la vista. Nosotros vemos que ese es el nivel de conciencia más algo de los originarios de la reserva natural y territorio indígena que, además, no se debe menospreciar.

Aunque por momentos predomina la acción reivindicativa, incluso económica de los indígenas, se trata de una lucha política (y no hay razón alguna para negar ese contenido) porque esos compatriotas, con apoyo del pueblo, se enfrentan al Estado: a la burocracia gubernamental, a las fuerzas armadas, a la policía, a la justicia al órgano electoral. Alianza nada santa en contra de la unidad del pueblo, de explotados y oprimidos, para los que miran sin anteojeras postizas.

La IX marcha, que será de los indígenas y se espera que la protagonice la mayoría del pueblo, ocurrirá en un escenario en el que son más fuertes o más experimentados los indígenas. En cambio, los gobernantes consideran que ellos pueden ganar todas las consultas electorales o no.

Específicamente, la consulta posterior (presentada como si fuera previa, por tanto, es inconstitucional) pretende ser realizada con instrumentos con los que creen que ganarán los gobernantes porque tienen casi todo o todo a su favor: normas amañadas o que no existen; tribunales fraudulentos; veedores dudosos; potenciales consultados que no tienen derecho para eso (los de Conisur); llunk’us (chupa medias) que aplauden a los gobernantes aunque éstos no lo merezcan; distribución de prebendas son dinero de los bolivianos; ocupación militar en el teatro de la consulta para provocar miedo o al menos tensión. El que escruta votos (el que los recuenta) gana, dijo Camilo Torres, el cura guerrillero que en Colombia murió en un combate contra la soldadesca de su país. Aquí, el Ministro de Obras Públicas, como si no ofendiera su anuncio, dijo que se “construirá consensos” en el TIPNIS y en Conisur para la construcción del camino de la discordia. Que los gobernantes articulen consensos (consentimientos) en ese bosque descomunal, es como si se encargara a un grupo de gatos el cuidado de una carnicería.

Tal como transcurre la vida en nuestro país, la IX marcha no será asumida por algunos pueblos indígenas o algunos de éstos hablan sólo de apoyo moral a esa causa. La descalificación a los marchistas se la anticipa, de parte de los gobernantes, y éstos dicen que otra vez está la derecha en la organización, financiamiento, actividades varias de apoyo a los caminantes del TIPNIS y de sus aliados. Pero olvidan que los guaraníes del Cono Sur participarán de la caminata.

Sectores de propietarios, pequeños y medianos, como cocaleros, colonizadores y agricultores dicen que contrarrestarán la IX marcha indígena con otras marchas y quizá bloqueos. Se corre el riesgo de que los gobernantes tomen medidas, por intermedio de otros sectores de la población, en contra de los originarios. La represión militar y/o policial ya empezó antes de la última reunión de corregidores que sí defienden su casa grande. Pero es difícil establecer si los uniformados están dispuestos a reprimir y/o matar a gente del pueblo. Antes lo hicieron y ahora nada debe descartarse.

En otras palabras: los gobernantes alientan incluso enfrentamientos entre sectores populares, sobre todo en este momento en el que el TIPNIS nos une o nos separa a los bolivianos. Ese es uno de los primeros riesgos que ya corre la caminata indígena número IX.

Ese temor que tenemos se funda en que los gobernantes dividen a los sectores sociales en conflicto para derrotarlos o al menos para postergar las soluciones verdaderas. Divide y reinarás está en el discurso y en la práctica del actual gobierno, especialmente en un enfrentamiento suicida con las que tendrían que ser bases sociales y políticas de sólido apoyo suyo.

Los corregidores resolvieron la IX marcha por el territorio y la dignidad y, además, interponer demandas, ante tribunales competentes, de inconstitucionalidad de la Ley 222 de la Consulta previa, mejor dicho, de consulta posterior. Tienen sentido esos recursos legales porque sólo cuando los jueces, por ejemplo, le nieguen justicia a los indígenas, éstos apelarán ante tribunales internacionales. Sin embargo, la marcha es lo esencial de la protesta, aunque algunos “noveleros” ladren a la lucha con frases inflamadas, dicen que se quiere incendiar Bolivia.

Ni los indígenas ni la otra gente del pueblo han buscado otra confrontación con los gobernantes para defender la reserva natural y el territorio indígena. El conflicto que se configura, sin duda alguna, es provocado por los gobernantes: éstos confiesan que retoman la iniciativa, que con la ley de la consulta (posterior) el gobierno lleva la confrontación al escenario que más le conviene, que la susodicha consulta es una acción democrática a la que tienen derecho los indígenas del TIPNIS y del Conisur, aunque en éste vivan sobre todo cocaleros-colonizadores e indígenas que se han convertido en propietarios individuales de tierras, que dejaron de vivir en comunidad y que varios de los últimos se han convertido en asalariados de los invasores del Polígono 7, el que en otro momento fue parte del TIPNIS.

Se sabe que el Presidente es incapaz de resistir a gente del pueblo (y sobre todo a indígenas) en los caminos y en las calles de Bolivia. Es decir, la IX marcha, en defensa de aquel bosque que contiene irremplazables reservas de agua dulce, apunta hacia uno de los flancos más vulnerables del gobierno.

Antes de la IX marcha se sugiere el diálogo para evitarla. Pero éste se torna cada día que pasa en un imposible porque ni el gobierno abrogará la ley de la llamada consulta (como exigen los indígenas), ni éstos suspenderán la marcha porque, como dicen en las tierras bajas, una sola vez se capa al toro, una sola vez se engaña a la gente, y el gobierno pierde la credibilidad del pueblo.

Cuando se trata de la lucha de clases y de la lucha de los pueblos indígenas, en una convergencia programática, sensiblemente, los milagros son imposibles aunque algunos los esperen.

Los acontecimientos han avanzado de modo que la pregunta ahora es: quién vence a quién. La resolución de conflictos, mediante una conciliación de intereses la vemos cada vez más lejana.

Como ha dicho aquí el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, fuera de sospecha de ultraizquierdismo o de compromisos con la derecha criolla, si el Presidente derrota a los indígenas del TIPNIS él también perderá.

Aunque lo nieguen, el Presidente y su gobierno están entrampados: por el TIPNIS podrían sufrir una nueva derrota que cobraría consecuencias de largo alcance.

Por el TIPNIS el gobierno quizá dé otras batallas, pero, la que se organiza, la gane o la pierda, igualmente sería una causa perdida aunque, en parte, también para el pueblo. Los indígenas, lo que no debemos ignorar, están dispuestos a morir por el TIPNIS si fuera necesario.

* Periodista. http://www.semanarioaqui.com