La movilización, cada vez más numerosa, de los sectores populares que enfrenta la política del gobierno masista, pone al descubierto los códigos éticos de los dirigentes del “proceso de cambio” cuando maniobran políticamente para aplastar las demandas del campo popular. La mentira, la calumnia, la acusación sin fundamento y la distorsión de los hechos son moneda corriente en el discurso oficial. Dividir a los sectores para contraponerlos, cooptarlos a través de prebendas y coimas, son práctica cotidiana de los articuladores de la política gubernamental. Este manejo de la política cotidiana describe el comportamiento ético del MAS desde sus más altas autoridades.

Veamos algunos ejemplos. El vicepresidente García Linera en un foro el año pasado hizo un comentario sobre las protestas contra el gasolinazo de 2010. Describió que la marcha de los vecinos del El Alto contra esta medida se disolvió inmediatamente cuando vio acercarse otra movilización de la zona sur (la zona de los ricos) porque, según García, los alteños no le hacen el juego a la derecha. Para quienes fueron testigos de aquellas marchas esta es una verdadera distorsión de los hechos porque la movilización alteña bajó a La Paz (pidiendo incluso la cabeza de Evo y García) por la mañana hasta el mediodía. La otra marcha fue organizada en la tarde y jamás se “encontró” con la movilización alteña. La distorsión antojadiza de los hechos que hace García Linera busca engañar a la población y solo lo consigue con sus invitados intelectuales que creen saber lo que pasa en Bolivia porque se pasean unos cuantos días en La Paz y beben de las declaraciones de los funcionarios de gobierno para sus “sesudos” análisis.

En ese mismo contexto tenemos al propio Evo Morales quien al ver derrotada su brutal medida (gasolinazo) a manos de la población, retiró su decreto justificando que lo hace porque “gobierna obedeciendo al pueblo”. Esta cínica postura fue seguida por la millonaria campaña propagandística en todos los medios de comunicación. Morales no consultó a nadie para lanzar su gasolinazo neoliberal; todo lo contrario, ante algunas denuncias que se hacían sobre el posible gasolinazo el gobierno gastó mucha plata en los medios para desmentir dichos rumores, hasta que después de navidad le diera como regalito a la población la nefasta medida. Hasta sus aliados se enteraron de la subida de la gasolina por la prensa, pero eso sí, el MAS les exigió que la defiendan.

Un caso emblemático ha sido la marcha del TIPNIS. Acusaciones, imputaciones hasta hoy no demostradas fueron la batería predilecta de Evo y su ministro cancerbero Sacha Llorenti. El manejo de este conflicto está plagado de ejemplos sobre la catadura moral del gobierno, mencionemos el que utilizó el ministro Llorenti adicto a las visiones conspirativas, la versión sobre la “conexión Goni” con los dirigentes de la marcha, acusación que se cayó por su propia debilidad. Si aplicáramos este criterio al gabinete de Evo seguramente medio gabinete tendría que irse por sus pasadas conexiones con el MNR, el MIR, ADN y otros partidos neoliberales, el propio hermano de Llorenti es un conocido emenerrista que de la noche a la mañana pasó a dirigente barrial del MAS.

El dicho popular que le caería a este señor sería “qué moral tiene para acusar a los demás”; sin embargo era Llorenti quien usaba con frecuencia la frase “la derecha no tiene moral para criticarnos”. La historia enseña que no basta autodeclararse de izquierda o revolucionario para realmente serlo; los hechos en la marcha indígena son aleccionadores en esto, un gobierno que se dice indígena y que reprime brutalmente a los indígenas.

El proceso reformista de Evo poco a poco va reencontrándose en los causes del viejo sistema, del viejo Estado, porque las reformas planteadas por este gobierno nunca fueron más allá de los límites del sistema, de ahí que la radicalidad inicial de las reformas poco a poco pierde su perfil y las reformas se asientan conservadoramente dentro del sistema de reproducción capitalista (capitalismo burocrático para nosotros) y dentro del marco del viejo Estado. La reforma ha servido para aceitar la vieja maquinaria y hacerla más eficaz pero no para cuestionar su naturaleza de clase por ello no ha cambiado su esencia explotadora y ahora se enfrenta con los sectores populares.

La demagogia del gobierno sin embargo tiene que machacarse para ser creíble, de ahí que incluso se monten escenarios de reconocimiento a sus dirigentes traficando con las luchas pasadas. A principios de año se premió al ministro de Educación Roberto Aguilar por su compromiso de lucha y aporte a la educación boliviana (Aguilar ha sido catedrático y rector de la UMSA). En el acto de premiación Aguilar rememoró la lucha contra la dictadura militar, la persecución que sufrió junto a su padre, el exilio, pero en el mismo momento que Aguilar ofrecía sus relatos heroicos, en Yapacaní, el gobierno a través de su policía asesinaba, sin mayor persecución ni clandestinaje, a tres pobladores de dicha localidad.

En ese enfrentamiento la policía también recibió su parte; el ministro de la Presidencia Carlos Romero fue el encargado de voltear la torta y mostrar a la policía como víctima de la población. Declaró a los medios que unos jóvenes habían sido los responsables de disparar contra la policía. Luego de dar positiva la desprestigiada prueba del guantelete, pidió duras penas contra los supuestos atacantes de los efectivos del orden. Romero calló después cuando se supo que estos jóvenes habían sido detenidos días antes del enfrentamiento por lo que no podían ser los que atacaron a la policía; es más, no podían dar positivo en ninguna prueba porque no dispararon contra nadie; todo era parte del montaje policial y el show propagandístico para ganar opinión pública. Una muestra más de la miseria ética que tienen las autoridades del MAS.

Un último ejemplo es la marcha de los discapacitados quienes, entre otras cosas, fueron perseguidos policial y judicialmente. El gobierno incluso separó a los discapacitados de sus familiares y acusó a estos últimos de “infiltrados de la derecha”. Una de las encargadas de difundir esta versión fue la ministra de Comunicación Amanda Dávila, quien con fotos en mano acusó a los familiares de discapacitados de ser agentes de otros partidos que se infiltraron en la movilización. Con el gobierno del MAS ya ni la familia puede solidarizarse en la lucha por los derechos. Siempre ha sido una estrategia de la burguesía el dividir a los sectores y evitar la solidaridad política de los sectores explotados, mientras más solos luchen los sectores mejor para la burguesía porque así pueden manejar el conflicto a su antojo. La burguesía en su fase corporativa no solo aisló a los sectores sino los dividió internamente haciendo paralelismo sindical, cooptando a parte de las dirigencias o generando contramanifestaciones, cosa que sucede con el MAS.

Pero, hablando de ética en el manejo de la política es bueno recordar que la ministra Dávila fue la que propalaba, en un medio de comunicación privado el año pasado, la mentira de que la represión policial a la marcha del TIPNIS se inició porque fueron los indígenas los que provocaron a los policías. Esta versión fue difundida por un corresponsal del canal del Estado en la zona de Yucumo, donde se produjo la brutal intervención policial. El corresponsal, un tiempo después, declaró que esa versión era falsa y que la difundió por exigencia del entonces Ministro de Comunicación Iván Canelas, otro paladín de la ética y viejo “luchador social”. La actual ministra jamás se pronunció sobre esto como era de esperar.

El episodio de lucha de los discapacitados terminó con la promulgación de una ley que fue un engaño a la movilización; sin embargo, Evo Morales al momento de promulgarla trajo a palacio de gobierno a otro grupo de discapacitados acólitos y favorecidos por su gobierno para que aplaudan su ley. Otra muestra más de la ética del gobierno.

Estos pocos ejemplos muestran la miseria moral del “proceso de cambio” que se reproduce como dentro del viejo sistema. Dado que el sistema no ha cambiado, tampoco la naturaleza del Estado y los encargados de turno en el gobierno reproducen las viejas prácticas políticas que emplearon los partidos reaccionarios. Sin embargo, la responsabilidad de este gobierno es doble porque se esconde bajo una fraseología pseudorevolucionaria. La realidad ha desnudado esta pantalla, el discurso del gobierno cala cada vez menos en la población a excepción de los acólitos incondicionales y dirigentes prebendales o el progresismo pequeñoburgués que aún guarda esperanzas en la “naturaleza de izquierda” de este supuesto gobierno progresista.

Lo que sale a la luz es que el gobierno ya no puede ofrecer más “novedad” a la población; la demagogia millonaria ya no es creíble a las masas, las necesidades que tiene el MAS de mantenerse en el poder le obligan a realizar prácticas más cínicas que ya no se diferencian en nada de la vieja forma de hacer política. La visión pragmática y ecléctica en la administración política revela su filiación ideológica con los principios de la burguesía.

* Analisis-opinion.blogspot.com, espacio alternativo para el debate de los hechos que marcan agenda.