La Habana y Nueva Delhi (PL).- Turquía es notable por ser cuna de múltiples civilizaciones en cinco mil años de historia, pero también por fracasar en arrancar de raíz el mal, quizás, más antiguo y latente de su sociedad: las niñas-novias. Por otro lado, India es el país más peligroso para las niñas.

Estadísticas oficiales cifran en más de 180 mil las chicas casadas en Turquía en la actualidad, aunque el número puede ser superior porque la mayoría de los casos carecen de constancia legal. Pese a ser ilegal, esa práctica continúa vigente y deja sin porvenir a miles de menores entre los 10 y 17 años, obligadas a contraer nupcias con hombres que, en ocasiones, les sextuplican la edad para satisfacer las carencias financieras de sus familias o por tradición.

El fenómeno es común a nivel nacional pero tiene más incidencia en regiones rurales del sureste y en Estambul, la principal urbe y ancestral punto de tránsito entre culturas de Oriente y Occidente. Por lo general las víctimas ignoran el casamiento arreglado por sus padres y futuro esposo hasta el momento de la ceremonia, realizadas casi siempre en rito religioso y sin garantías de pensión u otro tipo de beneficios para las mujeres.

Ahí muere la infancia y comienza para las jóvenes esposas una vida signada por las violaciones sexuales, agresiones físicas, trabajos forzados y hasta la prostitución y, que en muchas ocasiones, termina con el suicidio.

Las nuevas responsabilidades, más el consecuente embarazo precoz, las alejan de sus estudios, de todo roce social y las condenan a sufrir en silencio el dolor de la humillación, ansiedad, depresión, fatiga y enfermedades.

“El matrimonio prematuro es un obstáculo para las mujeres. Obligar a una niña a casarse antes de completar su desarrollo psico-físico conlleva a desórdenes mentales irreversibles”, consideró Nilufer Narli, decano de la facultad de Sociología de la universidad Bahcesehir, Estambul.

En noviembre pasado, la organización femenina Ucan Supurge presentó ante el Parlamento los resultados de una investigación sobre el tema realizada en 54 provincias del país euroasiático durante 2008. Según la pesquisa, 28,2 por ciento de las bodas turcas son con niñas, aunque en algunas regiones del sureste esa cifra sobrepasa el 50 por ciento de los enlaces matrimoniales.

Una de cada tres mujeres menores de 49 años se casó antes de cumplir los 18, lo cual evidencia que esa costumbre está arraigada en Turquía y es incluso más habitual en las grandes ciudades, estimó Sevna Somuncuoglu, activista de la organización. Ucan Supurge está decidida a combatir los matrimonios con niñas, y con ese fin también desarrolla desde 2010 una campaña nacional para visibilizar esa práctica y sensibilizar a los habitantes del país sobre la necesidad de frenarla.

La proyección de documentales, entrega de material con información alusiva a la problemática y la realización de charlas educativas son algunas de las actividades contempladas en el proyecto, indicó Selen Doga, coordinadora general de la asociación femenina. El grupo trabaja, además, en la recolección de 54 mil firmas para solicitar a los legisladores incrementar la edad legal de los casamientos de 17 a 18 años.

Su estrategia ya ofrece resultados positivos y entre sus logros figura la producción de varios audiovisuales sobre el tema, el más reciente es la telenovela La vida continúa, del popular cantante Mahsun Kirmizigul, devenido en guionista y director de cine. Esa obra presenta las penurias de Hayat, una quinceañera obligada a desposar un anciano de 70 años para aliviar la pobreza de su numerosa familia.

Kirmizigul basó el drama de la novela en testimonios reales de las niñas-novias entrevistadas en uno de los documentales de Ucan Supurge. El lanzamiento de un catálogo especial en Gelin Dergisi, la principal revista turca de moda nupcial, con nueve afamadas personalidades junto con sus hijas, también es fruto de la campaña emprendida por la organización femenina.

Ese texto, distribuido con la edición de enero-febrero de 2012, muestra a esas celebridades vistiendo camisetas con el eslogan “No entregaré a mi hija en matrimonio, tú tampoco debes hacerlo” y citando frases en contra de los casamientos prematuros. De acuerdo con el editor de la publicación, Nurten Bayir, donarán a Ucan Supurge el capital recaudado en las ventas del folleto para que intensifique sus acciones en la erradicación de esa práctica social.

Gelin Dergisi -indicó el directivo- mantendrá el material disponible en su portal digital y también prevé comercializar las camisetas empleadas en la campaña. Por otro lado, la bancada del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo presentó este mes una moción ante la Asamblea Nacional con vistas a incrementar en otros cuatro años la edad obligatoria de escolarización, actualmente de los siete hasta los 15.

El vicepresidente del grupo, Nurettin Canikli, explicó que la normativa busca abarcar la enseñanza preuniversitaria (de 15 a 19 años). Si el Parlamento aprueba la medida, por lo menos existirá un instrumento legal para proteger los derechos de las adolescentes a completar su formación académica.

A la par de Ucan Supurge, otros colectivos de mujeres luchan en Turquía contra un flagelo ligado indisolublemente a los casamientos precoces: la violencia doméstica y de género. Se estima que más del 40 por ciento de la población femenina del país ha sufrido abusos físicos a manos de sus esposos por celos o rabia.

Entre febrero de 2010 y agosto de 2011 la policía registró 80 mil denuncias por los maltratos en el hogar, también la causa principal de los feminicidios. Defensoras de los derechos humanos aprovecharon el pasado 14 de febrero, día del amor, para abogar por el fin del fenómeno y rescatar el respeto en la cultura conyugal de la sociedad turca.

Ojalá que todos esos movimientos fructifiquen y logren cambiar la suerte de millones de niñas y mujeres despojadas de sus sueños porque se les considerada un mero objeto sexual que puede comprarse, venderse y hasta heredarse.

India, el país más peligroso para las niñas

En la India, las niñas de uno a cinco años tienen 75 por ciento más de posibilidades de morir que los niños, las diferencias más marcadas de compararse con cualquier país del mundo tocante a mortalidad infantil atendiendo al género. Aunque en la mayoría de las naciones los fallecimientos femeninos en ese grupo etario bajan a un ritmo superior a los masculinos debido a conocidos factores biológicos, la tendencia se invierte en la India y China, las dos naciones más pobladas del planeta.

Según un reciente informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (DAES) basado en datos de 150 países, en los primeros años del presente siglo los dos gigantes de Asia son los únicos donde la mortalidad infantil femenina supera a la masculina. Si en las naciones desarrolladas la proporción de muertes de bebés varones y hembras de cero a un año es de 122 a 100, en China es de 76 a 100. En la India es más pareja -97 por cada 100-, pero lejana a la de sus vecinos Sri Lanka (125-100) o Pakistán (122-100).

En el grupo de uno a cinco años las cifras de la India son las peores del mundo: en lo que va de siglo la relación entre las muertes de hembras y varones es de 100 a 56, una tendencia que se consolida alarmantemente desde los años 70 de la pasada centuria. El informe de DAES atribuye tal disparidad a los valores socioculturales.

En la primera infancia la ventaja biológica de las niñas es tan fuerte, que el aumento de la mortalidad entre ellas debe verse como “una poderosa advertencia de que el tratamiento diferencial o el acceso a los recursos las está poniendo en desventaja”, señala el estudio. “Una mayor mortalidad femenina a partir del año de edad indica claramente una discriminación constante”, comentó por su parte P. Arokiasamy, profesor del Instituto Internacional para el Estudio de la Población, quien por largos años ha investigado esa situación en la India.

Esa discriminación -explicó- se da en tres áreas: alimentaria y nutricional, cuidados de salud y bienestar emocional. De éstas, la negligencia en los cuidados de salud es la más determinante en la mayor mortalidad de las niñas. “Los estudios han demostrado que esa actitud conlleva, por ejemplo, a los padres demorar más en llevar al médico a una niña enferma que a un niño enfermo, o que las tasas de vacunación sean menores entre ellas”, apuntó Arokiasamy.

La Asociación India de Pediatras (AIP) pulsó la opinión de 679 de sus miembros sobre la forma en la cual se recibe en los hogares a un nuevo miembro: el 65 por ciento consideró que los padres celebran con mucho más entusiasmo la llegada de un hijo que de una niña. Solo el 26 por ciento de los galenos -a quienes se consideran los profesionales mejor posicionados para valorar tales situaciones-, observa que la alegría es pareja cuando se recibe a un varón o a una hembra. El 48 por ciento de los pediatras consultados dijeron además haber constatado que las niñas están peor alimentadas que los niños.

“La desnutrición es el caldo de cultivo de todas las enfermedades y una de las principales causas de la mortalidad infantil. En la India, alrededor de 1,3 millones de niños no llegan a vivir más de un año”, lamentó el presidente de la AIP, Rohit Agarwal. El sondeo se realizó en tres estados del norte del país que muestran las correlaciones sexuales más desproporcionadas en las edades infantiles: en el de Delhi solo hay 866 niñas por cada mil niños; en el de Punjab, 846; en el de Haryana, 830.

El 24 de enero, en ocasión del Día Nacional de la Niña, la ministra de la Mujer y el Desarrollo Infantil, Krishna Tirath, clamó por “un compromiso político de primer orden” para equilibrar el número de hembras y varones en la nación surasiática. En los últimos años se ha reportado una fuerte caída en la proporción entre sexos, una tendencia nacional que trasciende clases sociales y procedencia rural o urbana, alertó Tirath.

Según los resultados provisionales del censo del año pasado, de los mil 210 millones de habitantes de la India, 623,7 millones son hombres y 586,4 mujeres, a causa de una atávica preferencia por los hijos varones, lo cual induce a muchas parejas a recurrir al aborto cuando saben anticipadamente que tendrán una niña.

Aunque desde 1994 el país se dotó de una ley que prohíbe revelar el sexo del feto, muchos médicos llegan a un “arreglo” con los futuros padres y, después de la ecografía, les hacen saber mediante una señal o una frase convenida si esperan a un varón o una hembra. La ministra hizo un dramático llamado a cambiar de actitud hacia las niñas “para ayudarlas a convertirse en miembros activos y productivos de la sociedad”.

De acuerdo con organismos especializados, cada año en el país se realizan medio millón de abortos selectivos, lo cual ha provocado que si a nivel mundial el ratio por sexo al nacer es de mil 70 niños por cada mil niñas, en la India la correlación sea de solo 914 hembras por cada mil varones. A semejante desproporción también contribuye un desconocido, pero de seguro alto número de feticidios cometidos por padres insatisfechos con el ingreso de otra mujer en la familia.

En la mayor parte de la India se observa el proverbio “el hijo es el heredero del linaje y la hija, fortuna para otros”, puesto que para dar a las chicas en matrimonio es necesario entregar una dote al novio y su familia, y pagar la boda. La secretaria del Ministerio de la Mujer y el Desarrollo Infantil, Neela Gangadharan, anunció la intención de “crear una hoja de ruta para corregir la sesgada relación niños-niñas mediante una estrategia que llamó de las Tres A (advocacy, awareness and action, o sea, promoción, sensibilización y acción).

Muchos, empero, consideran que aún deberá llover bastante antes de que los indios dejen de creer en un antiguo proverbio según el cual “criar una hija es como regar el jardín del vecino”.

Japón: Otra vez las esclavas sexuales

El creciente descontento y rechazo a la distorsión nipona de su ocupación en Asia durante el siglo pasado emerge otra vez en el centro de polémicas con estados afectados por esa política colonialista, iniciada en Corea en 1910. Ese diferendo, que de una u otra manera incide en las relaciones entre las partes con Tokio, surge a raíz de la demanda surcoreana sobre la formación de un panel de arbitraje para resolver los reclamos de las mujeres forzadas a la esclavitud sexual por el imperio nipón durante la Segunda Guerra Mundial.

La exigencia enfrenta el silencio de Tokio, a pesar de los reiterados planteamientos de Seúl para sostener conversaciones acerca de compensaciones y disculpas a esas víctimas, de acuerdo con la agencia de noticias Yonhap. Los reclamos son protagonizados por más de seis decenas de mujeres surcoreanas, quienes mantienen una lucha activa a pesar de la avanzada edad. El tema deviene fuente de tensión en los nexos entre Surcorea, Norcorea y Japón, que ocupó la península hasta 1945.

En este contexto, durante su rápida expansión por la región asiática, los militaristas nipones ocuparon además China, Singapur, Malasia, Filipinas, Tailandia, Birmania (Myanmar) y Vietnam e islas continentales. Textos de enseñanza nipones consideran esa invasión como “un avance para modernizarlos” e, incluso, denominan “un incidente” la masacre de 300 mil civiles chinos en la ciudad de Nanking, en 1937.

A eso se suman denuncias de Pyongyang y Seúl sobre manipulaciones de estadísticas por una editorial nipona, la Fuso Publishing Co, la cual omitió la existencia de esas esclavas sexuales reclutadas por el ejército para la prostitución o placer de sus tropas (burdeles) en los campos de batalla. Esas mujeres, ancianas en la actualidad, aún aguardan por una disculpa, resarcimiento o indemnización exigidos antes tribunales de Tokio, Washington y otros territorios debido a los servicios forzados (como “consoladoras”) a que fueron sometidas por la soldadesca y oficialidad niponas.

Del otro lado, en Estados Unidos seis surcoreanas, cuatro chinas, cuatro filipinas y una taiwanesa, quienes formaron parte de las 200 mil mujeres obligadas a prostituirse por los soldados japoneses entre 1932 y 1945, presentaron sus demandas ante el Tribunal Federal de Washington. El gobierno japonés, por su parte, desestimó esos recursos judiciales y consideró que los mismos no proceden dado que el expediente de indemnizaciones a las víctimas de la guerra fue cerrado por los tratados firmados después del conflicto, en especial el de San Francisco en 1951.

Sin embargo, reconoció en 1992 la responsabilidad del estado mayor de aquella época en la organización de “burdeles militares” y en el reclutamiento de “mujeres de confort”. Y, a fin de tratar de acallar las críticas, creó en 1995 un “fondo para las mujeres asiáticas”, que entregó a 170 ex esclavas sexuales unos 20 mil dólares en concepto de “reparación” y además ayuda para atención médica a surcoreanas, taiwanesas y filipinas víctimas de la guerra.

Ahora, los japoneses vuelven a alegar que el tratado de 1965 por el cual se normalizaron los vínculos con Seúl abarcó todo lo relacionado con la llamadas mujeres de consuelo, quienes sumaron alrededor de 200 mil, en su mayoría coreanas. En virtud de ese documento, Seúl puede solicitar a Tokio la formación de un comité de arbitraje, en este caso integrado por tres miembros, pero está por ver si la propuesta es aceptada.

La situación de esas víctimas cobró fuerza recientemente, luego de considerarse inconstitucional el hecho de que no se realizaran esfuerzos ante Japón para resolver el problema. De ahí que representantes de las naciones perjudicadas durante foros abiertos celebrados en Seúl, Tokio y otras capitales exigen a Japón reconocer legalmente y también en los textos escolares los crímenes bélicos perpetrados por los militaristas nipones en Asia.

* Yolaidy Martínez Ruíz es periodista de la Redacción Europa de Prensa Latina, Alberto Salazar, corresponsal en la India y Manuel Navarro Escobedo, periodista de la Redacción Asia.