Moscú, (PL).- Ni siquiera la canciller federal alemana Angela Merkel pudo soslayar hoy la victoria alcanzada en las presidenciales por el primer ministro ruso Vladimir Putin con 63,75% de los sufragios. En medio de las reiteradas e insistentes denuncias e intentos de crear un ambiente de ilegalidad en torno a las elecciones efectuadas ayer, ni siquiera la jefatura de los observadores europeos pudo descalificar, en general, el resultado de la contienda en las urnas.

Sin dejar de plantear las acostumbradas recomendaciones y señalamientos del desequilibrio de la presencia en los medios de los diferentes candidatos y quejas de otra índole, los veedores europeos debieron reconocer los resultados. Algunos, incluso, estimaron útil tomar la experiencia rusa de emplear cámaras web para transmitir el proceso electoral online, con el fin de aplicarla en otras contiendas electorales.

Por cierto, una representante de observadores de la Comunidad de Estados Independientes recordó que con anterioridad, en busca de más transparencia, se había ensayado el empleo de las citadas cámaras en comicios en Azerbaiján. Sin embargo, siempre según la fuente, los propios veladores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa objetaron tal opción, al considerar que ello podría violar la privacidad del elector. Al parecer, cambiaron de opinión.

La evidente victoria de Putin, con 63,75% de los sufragios, también desarticuló varias teorías, incluida la de celebrar una segunda vuelta, en la cual cualquier cosa podría suceder, pero no sucedió. Putin resolvió el acertijo y se adelantó a la oposición no parlamentaria.

En lugar de observar imágenes de protestas opositoras ilegales en las calles aledañas a la Comisión Central Electoral (CCE), los camarógrafos de la prensa occidental pudieron tomar (o no) las imágenes de demostraciones completamente diferentes.

Unas 110 mil personas, de acuerdo con el ministerio del Interior, colmaron varias plazas que convergen en el corazón de esta capital, a pocos metros de la muralla del Kremlin, para expresar su apoyo al candidato-vencedor, tras conocerse anoche los primeros resultados. De esa forma, el primer paso del escenario para desestabilizar aquí la situación política quedó truncado.

Al dirigirse a la masa reunida en las plazas Manezhnaya, de la Revolución y Lubianka, Putin confirmó que con su triunfo como candidato por el partido Rusia Unida, frustraba los intentos de imponer desde afuera esquemas de subversión del orden político. Mostramos que nadie nos puede imponer nada. El pueblo puede diferenciar la necesidad de una modernización del intento de desarticular a Rusia y usurpar su dirección, subrayó.

Además, tras conocerse el 60% del escrutinio, cuando el apoyo al primer ministro apenas bajaba del 63%, el líder liberal-demócrata Vladimir Zhirinovski y el dirigente socialdemócrata Serguei Mironov felicitaron a Putin por la victoria. El primer ministro también conversó por teléfono con el magnate Mijail Projorov sobre el resultado de los comicios. Más que eso, esta jornada Putin se reunió, como el mismo afirmó, en un territorio neutral, en una residencia fuera de esta capital, en la provincia de Moscú, con Projorov, Zhirinovski y Mironov, mientras el líder comunista Guennadi Ziuganov estuvo ausente.

Ziuganov ofreció una conferencia de prensa, en la cual expuso sus argumentos de su negativa a reconocer los comicios como honestos y transparentes. Sin embargo, negó que con ello cerrara la posibilidad de un diálogo con las autoridades.

En el caso de Putin, su encuentro con sus hasta ayer contrincantes se centró en los llamados a buscar posiciones y propuestas para de conjunto ayudar a la consolidación del país. Por si fuera poco para quienes planeaban jornadas de inestabilidad, los mítines se iniciaron hoy en regiones como Magadan, Javarovsk, Irkutsk, Tula, Saratov, Lipetsk, Stavropol o Murmansk (bajo menos 20 grados), reunieron decenas de miles de personas a favor de Putin.

Al mismo tiempo, grupos de la oposición suspendieron demostraciones planificadas en San Petersburgo, donde el jefe de Gobierno acumuló más del 53% de los votos. La oposición sin representación parlamentaria se concentró en uno de los fragmentos de la Plaza de Pushkin, pero como afirman los politólogos, parece haber perdido la oportunidad de presentar un programa político, contar con un líder y encausar esos ánimos de protesta.

Los candidatos

Desde su llegada al Kremlin por primera vez en 2000, Putin fomentó el sello de su proceder: lo que prometemos, lo cumplimos, sin que ello significara en ningún momento, y así mismo él lo reconoce, la posibilidad de resolver todos los problemas de la sociedad.

La televisión se encargó, en dos series de documentales diferentes (canal Primero y el estatal Rossia) de demostrar el caos que debió superar Rusia desde finales de la década de 1990, cómo Putin encontró a este país y lo hecho hasta ahora. Ello también fue una respuesta operativa a las demostraciones, sin precedentes, organizadas por la oposición fuera del Parlamento y cuyos partidos no están registrados, con el anunciado propósito de demandar elecciones limpias.

Lo cierto es que la campaña electoral tomó una especie de carácter interactivo, en el cual más allá de las pantallas de televisión y sus comerciales electorales o los anuncios en las vallas, el proselitismo se traslada a las calles para demostrar potencial de convocatoria.

Putin pareció quedar a la defensiva en diciembre pasado, cuando el partido gubernamental Rusia Unida (RU), del cual es líder formal, ganó los comicios, pero perdió la mayoría constitucional en la Duma (Cámara baja) y quedó con menos de 50% en las urnas. Aunque fue elegido candidato presidencial por RU, el primer ministro basó su campaña electoral en el Frente Patriótico de Toda Rusia, un conglomerado de cientos de organizaciones sociales y políticas que le garantizan una plataforma electoral mucho más amplia.

De ahí que poco a poco el jefe de Gobierno ganó fuerza en las calles para reunir el 4 de febrero pasado a más de 130 mil personas en Moscú y luego millares en mítines organizados en gran parte de las regiones del país, por colectivos de trabajadores. Sin embargo, aunque las encuestas lo situaban en más del 50% de las intenciones de voto, pocos eran los analistas que se atrevían a negar rotundamente la posibilidad de una segunda ronda electoral el venidero 4 de marzo.

La Comisión Central Electoral rusa (CCE) autorizó a cinco candidatos, incluido al propio Putin. En las elecciones repitieron dos veteranos de las batallas por la jefatura en el Kremlin y el primer lugar en el podio corresponde al líder liberal-demócrata Vladimir Zhirinovski, quien se presentó por quinta vez, pues sólo dejó de participar en los comicios de 2008.

Zhirinovski apareció ahora con una lema sugerente: “Zhirinovski o será peor aún”, con lo cual titula su manifiesto electoral, en el que aboga por cambios en la Carta Magna para introducir el estatus constitucional de pueblo ruso en todo el territorio del país.

Otras propuestas de corte nacionalista, que ya recibieron duras críticas, aparecieron en el programa proselitista de una de las figuras más escandalosas de la política rusa. Además, el controvertido dirigente aboga por convertir a la Federación Rusa en un estado unitario, sin formaciones administrativas por el criterio de nacionalidades, en un territorio que se dividiría en siete grandes condados.

De esa forma, sería eliminado el Consejo de la Federación (Senado), mientras la Duma (Cámara baja), en lugar de contar con 450 diputados como hasta ahora, pasaría a ser un cuerpo de 300 legisladores. Según la versión del dirigente nacionalista, los comicios parlamentarios y presidenciales se realizarían al mismo tiempo y cada cinco años.

El dirigente liberal-demócrata aboga por crear un Consejo de Estado formado por el Presidente, el Primer Ministro, el Gobierno, el dirigente de la Duma, los titulares de carteras claves, el presidente del Tribunal Constitucional y los gobernadores.

De su lado, el dirigente comunista Guennadi Ziuganov se presentó con la propuesta de nacionalizar los recursos naturales y compañías de sectores estratégicos como el petrolero, energía eléctrica, vías de comunicación y el complejo militar-industrial. Tras destacar que el 90% de los ingresos y las riquezas del país están en manos del 10% de la población rusa, Ziuganov llamó a un mayor procesamiento en el interior del país de recursos como los hidrocarburos y la madera. Además, se pronunció por regresar a Rusia el llamado fondo de estabilización, formado a partir de los ingresos al estado por la venta de petróleo por encima del estimado del precio del crudo establecido por el presupuesto.

El líder comunista, cuyo lema es “Salvar a Rusia”, denuncia que la mayoría de los citados activos se deposita en bancos en el exterior. Asimismo, propuso derogar las leyes y regulaciones que puedan poner en peligro la seguridad nacional, como los Códigos de la Tierra y del Agua, así como el seguro obligatorio para el transporte, entre otros.

De igual forma, Ziuganov prometió que, de llegar a la Presidencia, dispondrá una ayuda del Estado del 25% para el pago del crédito por una nueva vivienda de familias con un solo menor, del 50 cuando nazca el segundo y del ciento por ciento con el tercero. En la esfera social, también propuso eliminar el pago de impuestos para las familias con ingresos por debajo de los 10 mil rublos (más de 330 dólares), mientras plantea aumentar hasta el 30% los gravámenes para la élite acaudalada rusa.

Por su lado y en una dirección diametralmente opuesta, el magnate Mijail Projorov, con una fortuna de 18 mil millones de dólares, se presentó con un programa completamente neoliberal y con anuncios de crear su propio partido de derecha tras las presidenciales. El multimillonario que, pese a sus recursos financieros, para algunos expertos rusos ha lucido sombrío en sus anuncios televisivos electorales, defiende, por sobre otras cosas, la menor participación posible del estado en la actividad económica.

De esa forma, confiere a la propiedad privada y a la economía de mercado una importancia crucial para su gestión como jefe de Estado, ahora con el lema “Una nueva Rusia, un nuevo Presidente”. Novato en la política nacional y en las presidenciales, Projorov abogó por eliminar cualquier propiedad del Estado en los medios de prensa y por aumentar la competencia en todas las esferas del país como motor impulsor del desarrollo.

El magnate, soltero y dueño del grupo Onexim, se pronunció contra el existente sistema de corporaciones estatales, creado en su momento por Putin para rescatar esferas claves de la economía nacional, a punto de ser puestas bajo control de compañías foráneas. Para algunos politólogos, a diferencia de lo que plantea el multimillonario, la verdadera competencia en Rusia sólo es posible entre el sector privado y el estatal.

Además, Projorov propuso eliminar el término de esferas estratégicas y permitir la participación o la posesión de propiedades para el capital foráneo en la construcción, los ferrocarriles, carreteras, oleoductos y aeropuertos.

Por último, a las elecciones por la jefatura del Estado se presentó el dirigente de Rusia Justa y ex presidente del Senado ruso Serguei Mironov. Su agrupación política fue la que más avances registró en las parlamentarias del pasado 4 de diciembre, al quedar en tercer lugar.

Mironov se considera una socialista de nuevo tipo, de orientación socialdemócrata, con un proyecto político con cara preferentemente social, basado en el análisis de 400 mil propuestas de todo el país. Algunos analistas le auguraban, a partir de los resultados de su partido en las parlamentarias, que podría hacerle competencia al propio Putin, pero el más reciente sondeo concedió 14,8 puntos a Ziuganov, 9,4, a Zhirinovski, 8,7 a Projorov y sólo 7,7 a Mironov.

Entre las iniciativas más visibles del candidato de Rusia Justa está la de efectuar elecciones de los jueces del país, un impuesto gradual sobre los ingresos y otro sobre las propiedades de lujo (yates y aviones privados, grandes inmuebles y joyas).

Además, defendió el rescate del plan de planificación quinquenal de la economía, el empleo de los recursos naturales del país sólo por residentes en Rusia y un 20% de impuestos sobre el dinero que se pretenda sacar del país. Asimismo, propuso que la Duma tenga independencia para proponer y ratificar al Gobierno.

De otro lado, el dirigente socialdemócrata prometió poner fin al cierre de las escuelas en zonas rurales, y pagar un “salario familiar” a núcleos con tres o más hijos. El candidato socialdemócrata propuso crear un ministerio para asuntos de veteranos y se compromete a centrar su política exterior en los nexos con la Comunidad de Estados Independientes.

* Corresponsal Jefe de Prensa Latina en Rusia.