El pueblo boliviano en el camino de su liberación, la que será obra suya, tiene que organizarse más y mejor, unirse sin más exclusiones que la de sus enemigos, acrecentar su conciencia sobre todo en su accionar cotidiano y asumir y/o elaborar ideas avanzadas para las transformaciones; tareas posibles y necesarias que se las puede conseguir en base a un programa democrático, popular, antiimperialista y revolucionario. Accionar que debe ser independiente respecto del gobierno y, sin recreos, en contra de la derecha y del imperialismo.

Estos últimos seis años, especialmente, la organización del pueblo casi exclusivamente estuvo abocada a enfrentar elecciones, referéndums, marchas de apoyo…, aunque excepcionalmente sirvió con una eficacia destacada para derrotar a la derecha alzada en lo que se llamó media luna, el 2008. Los líderes populares y de la mayoría de los partidos de izquierda (en el discurso y en la práctica) deberán rectificar sus errores porque —hay que decirlo— descuidaron su organización propia, apoyado en un pensamiento propio, en los hechos, porque asumieron un comportamiento “seguidista” acrítico hacia el gobierno y el actual Presidente. Ahora, en base a la experiencia vivida, el último tiempo la organización de los trabajadores y del pueblo no sólo debe ser gremial y/o para la lucha reivindicativa, aunque ese tipo de organización es efectiva en batallas económicas y electorales. Ahora, esa organización muestra insuficiencia para las acciones políticas e ideológicas de las clases sociales y de los pueblos indígenas por su emancipación.

La unidad popular tiene que ser reconstruida en nuestro país. Sobre todo, los dos últimos años, desde las direcciones de los movimientos sociales e incluso desde el gobierno, se estimula, se induce y se impone la desunión. Cuando la gente del partido del Presidente sufre algún revés en los movimientos sociales, lo que es con frecuencia resulta merecido, se dan la tarea de dividir a esas organizaciones del pueblo y de los trabajadores. Sobran los ejemplos demostrativos de esta afirmación. Ante eso, la gente del pueblo tiene que unir lo que otros separan, convencida de que es más fuerte lo que une (que lo que separa) a explotados y oprimidos del país. Urge, por tanto, aplicar lo que se coreaba en reuniones diversas: “La fuerza de los pobres… siempre será la unión”. Convenzámonos de que división del pueblo sólo sirve a los enemigos abiertos y encubiertos de los empobrecidos. Incluso no se debe perder de vista que los empresarios en nuestra América, como en Venezuela en este momento, se agrupan para defender sus intereses egoístas. La unidad del pueblo puede articularse en la acción y sin acuerdo previo; otra unidad es táctica, cuando los objetivos que se busca son parciales y reivindicativos; la tercera forma de unidad es de tipo estratégico, es decir, de largo alcance.

La conciencia política del pueblo es un elemento sustancial para proponer y conseguir que se luche, por ejemplo, para que se profundicen los cambios en Bolivia. La conciencia no se consigue solamente con lecturas librescas, la lectura de la realidad (con apoyo de una ideología avanzada) y sobre todo la práctica, es decir, la lucha diaria, es el instrumento más idóneo para la educación política del pueblo. Entre nosotros la conciencia política es un factor muy venido a menos, casi no se toma en cuenta o se la menosprecia, una forma de educación sin la cual el avance por el camino de los cambios es particularmente difícil.

En Bolivia el programa (mínimo y máximo) es lo que menos aplican ciertos gobiernos, incluido el de E. Morales, que dice una cosa y a renglón seguido hace lo contrario. Recordemos que el MNR gobernó, entre 1952-1964, con un programa enarbolado por la izquierda y por estudiantes universitarios autonomistas, del que se apropió sin explicaciones convincentes. Por segunda vez, ese movimientismo, asumió como suyo una propuesta política y económica resumida en el decreto supremo 21060 neoliberal, lo que Paz Estenssoro confesó en respuesta a un economista que reclamó la paternidad de aquel DS: Es de ustedes el borrador del 21060 —dijo el jefe del MNR—, pero nosotros tuvimos el coraje de aplicarlo, añadió. Así el neoliberalismo entró en la escena boliviana y se mantiene, aunque mutilado, hasta este momento.

A pesar de dichos reparos acerca de los programas políticos en Bolivia, el que debe agitar el pueblo tiene que ser de contenido democrático porque debe contemplar tareas como la verdadera solución del grave problema de la tierra y del territorio: el que debe comprender, entre otros, la preservación del territorio indígena con las riquezas que contiene y la ampliación de la tierra para los pequeños y medianos campesinos, a costa de los latifundistas improductivos, para lo que se debe establecer la función económica y social de esos predios, seguir con el saneamiento de tierras agropecuarias y constituir las tierras comunitaria de origen (TCO), esto es aplicar, sin cuartos intermedios, la nueva Constitución Política del Estado.

Ese programa debe tener un filo popular inequívoco. Esto quiere decir que, en todo su texto, deberán concentrarse los legítimos intereses del pueblo. La propuesta programática, de la que escribimos, por su raigambre popular tiene que evitar extravíos durante su aplicación.

Las metas antiimperialistas sugeridas, deben ubicar a Bolivia (por lo que se haga antes que por lo que se diga) como un destacamento que aporte efectivamente en la lucha contra el imperio.

En la nueva fase de la defensa del TIPNIS, en una probable IX marcha indígena, debe participar la mayoría del pueblo, en solidaridad, pero sobre todo como uno de los actores fundamentales de esas jornadas en defensa de la vida de los indígenas en su territorio y del disfrute colectivo de los beneficios de esa reserva y de ese territorio. En esa marcha, que se espera sea de la mayoría del pueblo, tiene que construirse una organización liberadora, la unidad debe convertirse en una práctica cotidiana del pueblo, una marcha en la que crezca la conciencia de sus actores y de los que la apoyen, con ideas muy claras en defensa de aquel territorio y que sean liberadoras, las que germinan en la mayoría del pueblo.

Antes, durante y después de la anunciada IX marcha se debe materializar una obligación insoslayable: los actores del pueblo tienen que emprender todas las gestiones y acciones destinadas a evitar cualquier tipo de confrontación porque los enemigos reales del pueblo son la derecha criolla y el imperialismo en crisis.

De lo que se trata es de que la mayoría del pueblo (mejor todavía si se suma todo el pueblo), sistemáticamente, defienda sus intereses inmediatos y de largo alcance, se una en y para todas las batallas, agite banderas propias y no prestadas, con ideas avanzadas a difundirse, dispuesto a conseguir la ampliación de su educación política y/o de su conciencia; todo, orientado por un programa por el que se debe luchar sin descanso.

Claro está que una de las líneas de acción, sin jugar con cartas guardadas, es la que debe aplicar el pueblo: sin concesiones tiene que luchar contra la derecha y el imperialismo.

Proponemos la articulación de un amplio movimiento social y político que enfrente a los enemigos internos y externos del pueblo y luche por su emancipación como obra suya.

* Periodista, fuente: http://www.semanarioaqui.com