La Habana (PL).- A 10 años de su creación, el Festival Internacional de Cine Pobre “Humberto Solás” renacerá con nuevos bríos, con esos mismos preceptos que inspiraron a su creador, el fallecido director cubano Humberto Solás. Esta nueva edición se celebrará en su sede habitual de Gibara, en la oriental provincia cubana de Holguín, del 17 al 22 de abril próximos.

La cita, ahora con un nuevo director, Lester Hamlet, volverá consagrada como un espectáculo de pueblo, y procurará mantener los designios de su desaparecido fundador, del cual adoptó el nombre en 2009 como homenaje a este destacado cineasta, director de títulos memorables como Lucía y Un hombre de éxito. Luego de un año de ausencia -por su traslado al municipio de Regla en La Habana-, retorna ahora a su lugar de origen, Gibara.

“Existe, por parte de los gibareños, un sentimiento de pertenencia sobre el evento, y a su vez el Festival, como evento cinematográfico y anual cultural, también se enriquece y debe mucho a la comunidad de Gibara”, declaró al sitio digital Cubarte Sergio Benvenuto, expresidente del certamen.

“Este año se dará más fuerza al pueblo de Gibara. Se está creando un jurado integrado por cinéfilos gibareños, paralelo al oficial, que premiará en las categorías ya establecidas, como largometrajes y cortos de ficción, documentales, entre otras”, explicó Lester Hamlet en exclusiva a Prensa Latina.

“El homenaje principal será para el pueblo de Gibara, pero también estará dedicado a la mujer, en su fase creadora. Nuestras dos invitadas de honor son la actriz Isabel Santos, considerada una de las mejores actrices del cine cubano, y Sandra Ramos, una importantísima artista plástica que nos ha regalado para este año la imagen del evento”, agregó.

Lo bueno puede salir barato

A una década de su fundación, el Festival continúa defendiendo el cine de bajo presupuesto como alternativa para la democratización de la producción cinematográfica y la búsqueda de un ámbito espiritual que permita agrupar a personas identificadas con principios éticos afines.

Según Hamlet, este tipo de cine “es una aventura cinematográfica que tiene como principio, más que como limitación, la síntesis de los recursos, pero sin renunciar a ningún rigor en la puesta en escena y la historia”. “Aclaremos malentendidos (…) Cine pobre no quiere decir cine carente de ideas o de calidad artística, sino que se refiere a un cine de restringida economía que se ejecuta tanto en los países de menos desarrollo o periféricos, así como también en el seno de las sociedades rectoras a nivel económico-cultural, ya sea dentro de programas de producción oficiales, ya sea a través del cine independiente o alternativo”, estableció Solás en el Manifiesto del Cine Pobre.

La filmografía alternativa en concurso siempre ha conjugado muestras provenientes de países con amplia tradición fílmica como Estados Unidos, India, Alemania y Francia, con las de aquellos con industrias emergentes como Ecuador, Líbano, Chad, Macedonia y Mauritania, entre otros.

“Una obra de arte no depende del dinero que inviertas; preferimos hacer otro tipo de cinematografía, con presupuestos más acordes a nuestras realidades económicas y sociales, donde podamos contar buenas historias que lleguen a ser obras de arte (…) Es un cine que apuesta por el hombre como centro mismo de la historia y la película”, comentó Hamlet en rueda de prensa.

“El staff de gente en el cine siempre está entre 80 y 100 personas, en el cine pobre es necesaria una reformulación y hacer que todos los miembros desempeñen diferentes funciones (…) Es como una vorágine donde todo el mundo se involucra en el proyecto y todos creen y apuestan por él moral y éticamente”, agregó el director de Casa Vieja y Fábula.

Aprovechar y estimular esta reducción de costos permitirá la inserción de grupos sociales y comunidades que tradicionalmente no tienen acceso a la producción de cine, y a la vez dará perdurabilidad a las incipientes cinematografías nacionales. Para lograrlo habrá que derribar el muro de control de la distribución cinematográfica, dominada por un puñado de transnacionales que restringen a los públicos el acceso a las obras de sus coterráneos.

En 2006, Solás alertó que el “intento de globalización acentúa la exclusión en el planeta. Ello comporta, definitivamente, el peligro de la implantación de un modelo único de pensamiento, sacrificando a su paso la diversidad y la legitimidad del resto de las identidades nacionales y culturales”, por lo cual urge crear espacios para promover el cine “invisible”.

Para ello deben desarrollarse centros dedicados a la investigación y cuyos destinatarios sean aquellos jóvenes que, debido a su estatus social y a pesar del talento mostrado en las obras audiovisuales realizadas, corren el peligro de la exclusión y de “invisibilidad” como cineastas, consideró en aquel entonces.

Una cinematografía de nuevo tipo

El proceso de realización es motivo de interés creciente debido a la irrupción de la tecnología digital que, al reducir los costos de producción, ha contribuido a democratizar el cine. Dicho tópico se ha llevado a los foros de discusión y espacios teóricos promovidos dentro del Festival para analizar el aprovechamiento de las nuevas posibilidades, en función de potenciar un séptimo arte periférico.

Es por ello que eclosionó con la meta de alentar la construcción de un cine “legítimo, actuante y movilizador, altamente estético y ético, humilde en su elaboración, ajeno a todo proyecto de elitismo cultural y propiciador de una interacción con diversos públicos”, recordó Benvenuto.

“Solás construyó su Festival como si rodara un filme, creando una puesta en escena desenfadada y a la vez rigurosa, que sería acompañada por una importante propuesta social-comunitaria y acogería no solo a cineastas, sino también a muchísimos artistas e intelectuales”, manifestó en su artículo Tiempo de cine pobre.

“Yo quiero hacer un Festival que se parezca mucho al que hubiera querido tener Humberto (…) Vamos a intentar filmar un largometraje de ficción durante el Festival, integrado por varios cuentos, con Gibara como escenario y la participación del mayor número de nacionalidades posible”, comentó Hamlet como primicia a Prensa Latina.

“El intentar convertir a Gibara en un set cinematográfico durante esos días será una motivación extra. Además, a los actores cubanos y extranjeros se sumarán personas de Gibara en las figuraciones y algunos roles”, concluyó.

* Estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.