Las internas para elegir al candidato republicano en EE.UU. constantemente dan vuelcos de opinión. Primero el mormón “moderado” Mitt Romney encabezaba las encuestas hasta mediados del 2011, pero luego la punta pasó en agosto al conservador evangélico Rick Perry, en noviembre al negro Herman Cain, a fines de 2011 a Newt Gingrich (ex jefe de la cámara de representantes en 1995-99) y desde hace alrededor de un mes nuevamente a Romney.

Las presidenciales de 2012 son los primeros comicios que EE.UU. tiene cuando se celebran 150 años de la guerra civil de 1861-65. Lo interesante es ver cómo los actores de dicho conflicto que definió a ese país ahora se encuentran en un escenario contrapuesto.

Hace siglo y medio, los demócratas eran el partido más socialmente conservador y reacio a los negros, mientras que los republicanos lideraron la revolución que abolió la esclavitud. Hoy, en cambio el 90% de los afro-americanos votaron por los Demócratas de Obama, el primer presidente negro de dicha potencia, mientras que los republicanos son la casa de los conservadores y de los blancos más hostiles a las minorías étnicas.

Hace un siglo y medio muchos demócratas tenían esclavos y estaban en contra de la abolición de dicha trata, por lo que varios de ellos apuntalaron a los 11 Estados esclavistas del Sur que decidieron conformarse como una Confederación independiente. La fracción demócrata que se opuso a la secesión y apoyó al bando unionista quiso deponer electoralmente a Lincoln acusándolo de fomentar la mezcla racial y no estar dispuesto a retroceder con la trata de esclavos para congraciarse con el Sur.

En 1860 Lincoln se convirtió en el primero de 17 republicanos en ganar la Casa Blanca. Él se opuso a la anexión a México y lideró al primer gobierno blanco del mundo que hizo una guerra total interna para emancipar a los esclavos, a quienes armó. Marx fundó la I Internacional alentándolo.

Sin embargo, el partido que creó Lincoln (y que sigue teniendo como su color el rojo) es hoy uno de los principales enemigos de la izquierda mundial y también enajenó a los afro-americanos quienes se volcaron en masa hacia los demócratas, los cuales sí supieron entroncarse con el movimiento pro derechos civiles de Martin Luther King. Mientras Lincoln se opuso al anexionismo sobre México, los republicanos son hoy el partido que más intervenciones han liderado.

Cuando los republicanos se crearon, ellos llamaban a erradicar las dos plagas de la esclavitud y la poligamia (que ellos veían como la esclavitud no de una raza sino de un sexo). Esto les llevaba a chocar con los mormones que habían fundado en Utah el único territorio americano donde se alentaba la poligamia.

El cristianismo surgió hace dos milenios pregonando los matrimonios entre un solo hombre y una sola mujer condenado la poligamia, pero el mormonismo nació hace menos de dos siglos rechazando la monogamia de EEUU para propiciar el que sus fieles pudiesen tener la mayor cantidad de esposas (superando al Islam que solo permite un máximo de 4) e incluso sugiriendo que Dios y Jesús tienen varias esposas-diosas. Solo en 1890 la presión oficial hizo que los mormones se distanciaron de la poligamia, aunque según ellos, todos sus primeros profetas siguen viviendo en la eternidad con sus numerosas esposas y hay algunas disidencias que siguen practicando “matrimonios plurales”.

Mientras el cristianismo habla de un dios trino, los mormones afirman que Jesús y su padre son dioses diferentes, que todos ellos son humanos de carne y hueso que se han divinizado y que sus correligionarios más fervientes pueden llegar a ser dioses. Los evangélicos critican al Papa por venerar a los santos pero consideran como politeísmo el adorar varias divinidades. Además ven como anti-bíblica la tesis mormona de negar el infierno y ver a Satán como un hermano de Jesús. Tampoco ven bien el que los mormones tengan templos y ritos secretos o que bauticen a los muertos.

Para los cristianos y judíos, los últimos profetas datan de hace 2 milenios, pero los mormones desde 1830 siempre tienen a un Profeta viviente cuya palabra refleja la de dios. El mormonismo ha hecho grandes esfuerzos por cambiar su imagen “politeísta, poligámica y poli-racista” Ha dejado de presentar a Adán como otro dios, promueve la fidelidad conyugal y trata de reclutar no blancos, pero los evangélicos los ven como un “culto” y una competencia en su labor misionera.

Todas las religiones aceptaron o promovieron la esclavitud, pero cuando la mayoría de las iglesias apoyó la emancipación de los afroamericanos tras la guerra civil de EEUU de 1861-65, el Profeta mormón de entonces (Young) estigmatizaba a los negros como una raza maldecida con la cual sus fieles no podían emparejarse y que estaba vetada de entrar a sus principales ceremonias. Solo hace un tercio de siglo cambiaron ello, aunque su Libro de Mormón dice que quienes tienen la piel desblanquecida es porque sus ancestros desobedecieron a Jesús.

Hoy, la congregación religiosa que más vota por los republicanos son los mormones. En Utah, donde ellos conforman el 60% de su población, los republicanos han tenido allí sus mejores porcentajes a nivel nacional en 7 de las últimas 9 presidenciales (1976, 1980, 1984, 1988, 1996, 200 y 2004).

En 1992 Utah fue el único Estado que puso al demócrata Clinton en tercer lugar. En el 2004 Bush tuvo allí su mejor votación ganando en cada condado y consiguiendo casi triplicar a su rival. Ezra Taft, antes de llegar a ser el Profeta mormón, dijo que su congregación difícilmente votaría por un demócrata liberal.

El gringo Gingrich

Dos de los que lideraron los sondeos ya se han retirado por haberse desplomado: Cain y Perry. Gingrich empezó a declinar cayendo en poco tiempo de un 35% a un 15% en las encuestas. Otro conservador católico como él, Rick Santorum, llegó a sobrepasarle e incluso ganó la primera primaria (Iowa, 3 de enero 2012).

La reciente victoria de Rick Santorum en tres Estados evidencia que la base cristiana del republicanismo no quiere aceptar a Mitt Romney, porque supuestamente él no es tan conservador, aunque su congregación (la mormona) es muy hostil al aborto y a la homosexualidad y es la que tiene el mayor porcentaje de personas casadas y con muchos hijos de todas las de EE.UU. Esta resistencia tiene mucho que ver con el hecho de que los protestantes y católicos, unidos en venerar a los dos primeros testamentos, no consideran a los correligionarios de Romney como cristianos por supeditarse éstos al Libro de Mormón.

Sin embargo, en la tercera elección en Carolina del Sur el sábado 21 Gingrich se revitalizó, se impuso con amplio margen y ya tiene más delegados que cualquier otro competidor. Gingrich está en su momento. Si hasta hace unos días se pensaba que Romney era el único republicano que pudiese competir con Obama ahora él es el que más podría quitarle la eventual representación republicana al mormón, religión que muchos protestantes y católicos niegan que sea cristiana.

Entre Gingrich y Romney no hay muchas diferencias pues ambos concuerdan en retornar a una política exterior e inmigratoria más dura, son conservadores sociales muy religiosos y quieren menos impuestos, regulaciones e intervención estatal en la economía.

Gingrich quiere aparecer como el abanderado de las capas medias y pobres blancas y religiosas, pese a una gran fortuna y a haber dejado a 2 esposas por mujeres más jóvenes, y cuestiona a su rival por su voracidad capitalista y falta de escrúpulos en despedir trabajadores. Romney le retruca que él, a diferencia suyo, sí tiene experiencia en administrar un Estado y empresas y es un hombre de familia.

Romney representa a los pragmáticos “moderados” y “pro-negocios” del republicanismo. Él mismo ha adoptado en el pasado posiciones pro-liberales ante el aborto, los gays y la medicina estatizada. Gingrich, en cambio, es un conservador más crudo que quiere a nivel de todo el país cortar todo fondo público para abortos, anular toda unión homosexual, permitir permisos de trabajo para menores de edad, rechazar mayores controles a la ecología o al uso de armas privadas y perforar pozos y minas “aquí, ahora y con menos tributos”.

Gingrich sintoniza con los conservadores religiosos y el “Partido del Té”, dice que el enemigo externo e interno de EEUU es el “Islam radical”, quiere vetar el que en EEUU los musulmanes puedan desarrollar su código religioso (sharia) o erigir una mezquita cerca a lo que fueron las Torres de Manhattan. Niega que los palestinos sean un pueblo, acusa a la autoridad palestina de ser “terrorista” y pide una línea más intervencionista ante Irán, Siria y Egipto y una ofensiva diplomática “pro-democracia” ante Rusia, China y Cuba.