“¡Fuera transnacionales!” era el grito del pueblo boliviano en las movilizaciones de octubre de 2003, cuando se expulsó al sirviente más visible del imperialismo: Gonzalo Sánchez de Lozada, que había colaborado a saquear y desmantelar los recursos y empresas del país a través de la llamada capitalización que sólo dejó pobreza, desempleo, desigualdad, deterioro ambiental.

Ahora, el incremento de la inversión de las empresas imperialistas (que supera incluso la mejor etapa “neoliberal”), las actividades extractivas en áreas protegidas, los créditos del capital financiero imperialista (FMI, BID, BM), el involucramiento pleno en el proyecto Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Vial (IIRSA), que consiste en una carretera para facilitar el comercio imperialista de norte a sur del país, y un intento de gasolinazo, nos demuestra que actualmente, a pesar del discurso y del atuendo “anti-imperialista” que pretende mostrar el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), las transnacionales gozan de buena salud y siguen manejando los hilos de la economía y la política del país.

A las transnacionales que existían ya antes del 2003 –como Repsol YPF, British Gas, BBVA, Total de Francia, Glencore, San Cristobal y otras–, se han sumado en este “proceso de cambio” otras más, entre ellas la Jindal Steel, Kores, la rusa Gazprom y la canadiense Atlas Precious Metals.

La inversión pública también está destinada a favorecer a las transnacionales. De acuerdo con el gobierno, la Administradora Boliviana de Carreteras construye en promedio 276 kilómetros por año, más del doble respecto a la época neoliberal, cuando se construían 113, y además el 85% la ejecución de los recursos de las prefecturas y municipios está destinada a la construcción de esta infraestructura vial.

Estos datos que pueden parecer halagadores se desvanecen cuando se comprueba que la inversión está subordinada a la IIRSA, que tiene como objetivo facilitar el comercio y la economía transnacional entre los centros agrícolas mono-productores de soja y los mercados transoceánicos y además el contrato de dicha carretera seria parte de un pre-acuerdo entre el gobierno actual y la empresa brasileña OAS Ltda. que según varias denuncias, que se dieron a conocer tras la marcha en defensa del Territorio Indigena Parque Nacional Isiboro Secure), sería uno de los financiadores de la campaña electoral del MAS.

Según anuncia el gobierno este panorama no parece cambiar ya que, retomando las viejas banderas neoliberales, la inversión extranjera seria un requisito fundamental para el desarrollo del país.

¿Cuánto se llevan y que dejan las transnacionales?

“Llegamos con los objetivos claros de ganar dinero” explicó Lizardo Peláez, gerente general del Banco Santa Cruz hasta el 2002, y los resultados de corrupción y mala administración que sucedieron con las capitalizadas nos enseñan que, si se trata de ganar dinero, el capital imperialista es capaz de todo tipo de artimañas.

Según revela una publicación de Hora 25, el valor de las exportaciones de minerales en el 2010 ascendió a 2.300 millones de dólares, de los cuales quedaron en el país 120 millones, es decir ni el 6%, o sea de cada 100 dólares se quedan solamente 5 en el país.

Junto a esos centavos, los capitales imperialistas dejan consecuencias ambientales negativas a largo plazo, como es el caso de la mina San Cristóbal que extrae cada día entre 42 mil y 50 mil metros cúbicos de agua que, según estudios, podrían dejar desabastecidos grandes acuíferos locales por varias décadas después de que la mina San Cristóbal concluya sus actividades.

Exportación de minerales

(año 2010)

Para el pueblo boliviano

Para el capital imperialista

2.300 millones de dólares

120 millones de dólares

2.180 millones de dólares

En proporción

5 dólares

100 dólares

Fuente: Hora 25

Cambiaron los rostros pero no la pobreza

Las transnacionales justifican su presencia afirmando que, “no se valora que la inversión (extranjera) redunda en beneficio de todos; no solo del inversionista extranjero sino también de la población boliviana con la generación de empleo”.

A nombre de 500 mil nuevos empleos, desarrollo, progreso, modernización, etcétera, el gobierno de Sánchez de Lozada impulsó el ingreso de muchas transnacionales. Sin embargo esas promesas quedaron en el aire e inversamente el desempleo se duplicó del 6 al 13%. ¿Otro resultado? Las transnacionales saquearon los recursos del país y desmantelaron las empresas capitalizadas.

Actualmente el presidente Evo Morales, haciendo coro con las transnacionales, afirma que “el progreso y la modernidad provienen de las grandes inversiones realizadas por las multinacionales… (y no de) los pobres campesinos que no tienen un centavo para invertir”. También justifica que “si queremos que haya nueva inversión para petróleo, por tanto (para la) gasolina y diesel, obligado (tenemos que lograr que) ese inversionista tenga utilidades”.

Eso nos demuestra: Si bien el MAS decía combatir al imperialismo al inicio del gobierno y mantenía su romance en la oscuridad, en la actualidad ya ha perdido toda vergüenza y no oculta su romance con las transnacionales y lo grita a los cuatro vientos.

Más allá del discurso y los pretextos que se busca para el ingreso de las transnacionales, según datos estadísticos del CEDLA, en los hechos, a pesar que se ha incrementado la cantidad de capital transnacional, Bolivia continúa siendo uno de los países más desiguales, donde los índices de pobreza no han disminuido, sino que han ido en aumento del 36,7% al 37,7%.

De lo único que puede jactarse el gobierno actual de EVO, frente al imperialismo, es de que pudo hacer más que el último gobierno de Goni: incremento del capital imperialista en el país, leyes que permiten el ingreso de transnacionales en alimentos, represión continua de los sectores populares que se movilizan, cargando con una buena cantidad de muertos, todos, como siempre, gente del pueblo.

Todo lo anterior nos indica que a pesar de las diferencias que parecieran existir entre Goni y Evo, ambos se tuvieron que encargar, en diferentes tiempos, de defender los intereses de las transnacionales y a la hora de incrementar sus ganancias impulsan el mismo tipo de medidas en contra del pueblo como el “gasolinazo” de la navidad de 2010, recordemos que en febrero del 2003, que fue el prologo para la expulsión de Goni, se aplicó la medida del impuestazo planteando el gobierno de entonces la alternativa de el incremento del precio de la gasolina, es decir “impuestazo o gasolinazo”. En ambos casos decían los autores que la medida era inevitable y que beneficiaria a todo el país.

He aquí, parte del imperialismo en Bolivia

Mina San Cristóbal: La empresa Sumitomo maneja San Cristóbal con una inversión de 1.400 millones de dólares. Se dice que sus ganancias son de 1.000 millones de dólares por año. Explota plomo, plata y zinc en Potosí, y concentra el 70% de la producción minera del país. Este año los obreros hicieron una huelga de once días, pidiendo mejor atención de salud.

Gazprom: Capital ruso que explota y busca gas junto a la empresa francesa Total y a la italiana Tecpetrol en el Chaco boliviano. ¡La Gazprom entregó el año pasado el plan de la industria gasífera del Estado Plurinacional de Bolivia hasta 2030! Ahora se frota las manos para saquear los hidrocarburos por 20 años más.

Petrobras: Tiene el 63% del negocio del gas en Bolivia. Pero Petrobrás es más una empresa imperialista, porque sólo un 48% de sus acciones pertenecen al Estado brasileño. O sea es como YPFB, solo que mucho más grande y eficiente.

San Bartolomé (Manquiri): Empresa candiense (Coeur d’Alene Mines Corporation) que explota el Cerro Rico de Potosí, y ha amenazado al Estado boliviano (que se ha quedado calladito) con demandarlo por 240 millones de dólares si es afectado en sus operaciones de afectación al Sumaj Orcko. En Potosí se dice que esta mina todavía es de Goni Sanchez de Lozada.

Glencore: Compañía suiza que comercia materias primas (desde petróleo hasta papel) de muchos países del mundo, acusada de corrupción, evasión fiscal y delitos contra el medio ambiente. En abril pasado el gobierno de Evo dijo que las concesiones de su filial Sinchi Wayra en las minas Bolívar, Porco y Colquiri no serán revertidas.

nlssopinion@gmail.com