Suiza.- El “Public Eye Awards 2012” (Premio del Ojo Público sobre Davos) fue otorgado a dos empresas multinacionales en el marco de las movilizaciones anti Davos: la Barclays británica y la Vale brasilera. El premio-sanción anunciado este viernes 27 por la Declaración de Berna y Greenpeace Suiza, dos importantes organizaciones no gubernamentales helvéticas que lo patrocinan, sanciona la decisión de un Jurado Internacional y de la consulta por Internet.

Mientras la Banca británica Barclays se alza con el Premio del Jurado, la presea del Público para la Vale fue el resultado del voto en línea de más de 88 mil personas del mundo entero que se pronunciaron por Internet. La banca Barclays, según las organizaciones que otorgaron el Galardón de la Vergüenza, “realiza enormes beneficios aprovechándose del sufrimiento de las poblaciones más pobres, especulando con el alza del precio de las materias primas alimenticias”.

Solo en el segundo semestre de 2010, 44 millones de personas en todo el mundo se encontraron en una situación de extrema pobreza a partir de la especulación de los alimentos. Las mujeres de los países del Sur son las más duramente afectadas por este mecanismo, subrayan los promotores del “Eye Public Awards”.

La Vale, que recibió el voto sanción de 25.041 personas (sobre los 88 mil votantes en línea) es seguida muy de cerca por la japonesa Tepco y la surcoreana Samsung. Vale es el segundo grupo minero y el primer productor de hierro del mundo. Sus 60 años de historia han estado marcados por la violación de los derechos humanos, por las condiciones laborales inaceptables vividas por sus trabajadores y la sobreexplotación de la naturaleza. Dicha empresa brasilera participa actualmente en la construcción de la represa Belo Monte en la Amazonia.

La realización de dicho proyecto, según la Declaración de Berna y Greenpeace Suiza, va a obligar a cerca de 40 mil personas a abandonar sus lugares de vida, sin ningún tipo de consulta previa y sin recibir ningún tipo de compensación.

En dicha región, el 80 % de los ríos serán desviados por el dique en construcción, inundando una enorme superficie con consecuencias desastrosas para las poblaciones indígenas y el ecosistema.

Desde hace varios años, las dos organizaciones que otorgan el premio “Public Eye” exigen que se impongan reglas obligatorias a las multinacionales para que éstas asuman sus responsabilidades sociales y ambientales.

Esta exigencia es asumida desde noviembre pasado por la Campaña “Derecho sin Fronteras”, promovida por 50 ONG de cooperación, de derechos humanos, sindicatos e iglesias suizas. Busca imponer medidas jurídicas obligatorias para exigir a las multinacionales con sede en Suiza respeten los derechos humanos y ambientales en el Sur según las leyes y exigencias del país de origen.

El profesor de economía estadounidense Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, invitado de honor del Ojo Público sobre Davos, reconoció que gracias esta nominación, pudieron ser identificadas algunas de las peores empresas irresponsables del año pasado.

Sin embargo, agregó, no es suficiente constatar los errores de ciertas prácticas en materia de condiciones de trabajo y medio ambiente. “Necesitamos mejorías sistémicas: incitar a la creación de estructuras, de marcos legales y aumentar, en tanto ciudadanos del mundo, nuestras expectativas y exigencias hacia las empresas” “…Sólo a partir de entonces podremos vivir en un mundo donde las prácticas de comercio durable y justo constituyan la norma y no la excepción”, puntualizó Stiglitz.

Los indignados instalan su iglú en Davos

Los indignados dieron la sorpresa y se instalaron en Davos, centro turístico alpino suizo que entre el 25 y el 29 de enero acoge al Foro Económico Mundial. Sin invitación alguna, ni carta credencial, ni reserva en hotel de cinco estrellas, dieron rienda suelta a la imaginación para no perder la ocasión de comunicar su propia crítica al sistema planetario dominante.

A escasos metros de la estación de trenes de Davos Dorf y a menos de un kilómetro de la zona cercada de máxima seguridad que rodea el Centro de Congreso donde se reúne el Foro, construyeron un iglú de resistencia, desde el cual, durante una semana, lanzarán su mensaje de protesta.

“El objetivo es hacer cada día una acción simbólica”, explica una de las dirigentes juveniles del movimiento. Por ejemplo, el miércoles 25, día de apertura del principal evento de la economía mundial, “lanzamos varios grandes balones al aire con consignas anti-neoliberales”, precisa.

La vida diaria en el iglú no es simple. Mucho menos las noches con temperaturas de varios grados bajo cero en el invierno alpino en esta ciudad de montaña ubicada a más de mil metros de altura. Para confrontar el frío y para contar con un centro de reunión informal, los “occupy” levantaron cerca del iglú dos carpas circulares, un poco más protegidas. E instalaron una vieja casa rodante en las cercanías.

La cincuenta de los ocupantes se renueva constantemente. Y no faltan jóvenes candidatos que en ordenados turnos llegan de las distintas ciudades de Suiza para asegurar la continuidad de la protesta.

Se mantendrán hasta el sábado 28. Una semana simbólica, para recordar, a la opinión pública mundial, según lo enfatizan, que el “movimiento de indignados sigue existiendo en miles de rincones del mundo entero”. Una especie de memoria activa de una nueva conciencia ciudadana planetaria en construcción, señalan.

Perros invisibles con nombre de multinacionales suizas

Convocados bajo la consigna “llevemos atadas a las multinacionales con una cuerdita”, un medio centenar de miembros de organismos no-gubernamentales y asociaciones de solidaridad con el Sur, conmovieron adicionalmente la ciudad del Foro Económico Mundial el miércoles 25, día de la apertura.

Los militantes de la Campaña “Derecho sin Fronteras” pasearon durante dos horas por la pequeña ciudad a perros invisibles atados de cuerditas semi rígidas y bozales, a los que llamaban “Nestlé”, “Axpo”, Glencore o Syngenta.

Al mismo tiempo, repartían información explicativa e intercambiaban, con los transeúntes. Muchos de ellos, delegados al Foro Económico Mundial que entre curiosos y sorprendidos preguntaban por la causa de la acción.

Todo esto en pequeños grupos, ante la prohibición de manifestaciones públicas en la ciudad de Davos ocupada durante el Foro por fuerzas policiales, militares y de seguridad.

La Campaña “Derecho sin Fronteras” que reúne a más de cincuenta organizaciones de cooperación al desarrollo, solidaridad, sindicales y de derechos humanos del país, acaba de ser lanzada en noviembre del año pasado.

Promueve una petición que será presentada en junio del año en curso a las autoridades nacionales, donde se exige que las multinacionales suizas que actúan en los países del Sur, deban respetar los derechos humanos y ecológicos según las exigencias y estándares helvéticos. Y propone reglas jurídicas obligatorias a cumplir.

“Es inimaginable que en el Foro Económico Mundial de Davos, donde se proyecta el mundo de mañana”, los derechos fundamentales no ocupen un lugar esencial, enfatizaba en representación de los manifestantes Denièle Gosteli de Amnistía Internacional /Suiza.

Subrayando que esas multinacionales cometen graves violaciones a los derechos humanos y ambientales y las víctimas de sus prácticas, en general, “no tienen derecho a ningún recurso jurídico”.

Uno de los ejemplos más reiterados por la Campaña es la agroquímica suiza Syngenta, que “hace enormes ganancias en el Sur con pesticidas prohibidos en Europa por atentar la salud de la población campesina”, según explica uno de los documentos de Derecho sin Fronteras.

En este clima de inventiva protesta ciudadana, este fin de semana “El ojo público sobre Davos”, observatorio crítico creado por dos ONG suizas, dará conocer en Davos el premio a la “peor empresa trasnacional del mundo”. Entre las candidatas con mayor posibilidad de obtener la triste presea se encuentra, justamente, la agroquímica Syngenta.

* En colaboración con E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria, miembro de la Campaña “Derecho sin Fronteras”.