Durante milenios la pregunta de si estamos solos en el mundo ha sido una constante, probablemente formulada por vez primera en la época “de las cavernas”, cuando el concepto mismo de Universo aún no había nacido en la mente de nuestros ancestros.

Hoy día, dotados de un poderío tecnológico que consideramos avanzado, seguimos sin poder responder a esa interrogante, aunque recientes avances en astronomía hayan arrojado luz sobre uno de los requisitos que consideramos necesarios para el sostén de la vida, al menos tal como la conocemos. A saber, la existencia de planetas sólidos en órbitas habitables (comúnmente llamadas de Ricitos de Oro, por aquellos de “no muy frías, no muy calientes”).

En ese sentido, el último número de la revista científica Nature revela el convencimiento de varios científicos de que planetas tipo Tierra son bastante comunes en nuestra galaxia, incluso superando por su número al total de estrellas. De hecho, sostienen basados en observaciones realizadas desde Chile y Nueva Zelanda, los planetas extrasolares son más bien la regla que la excepción.

Así, escribió Uffe Grae Jorgensen, investigador del Instituto Niels Bohr, de la Universidad de Copenhague, en un sistema solar típico entre los de la Vía Láctea, hay aproximadamente cuatro planetas -posiblemente sólidos- en la zona “terrestre”.

Hasta el momento se han encontrado más de mil exoplanetas de variados tamaños, la mayoría de ellos mediante dos sistemas de detección: el de medición de la velocidad radial de la estrella, y el del tránsito.

El primero de ellos consiste en el registro del balanceo que experimenta la estrella debido a la interacción gravitacional con un (o unos) planeta(s) que gire(n) a su alrededor. El segundo se basa en la detección del cambio en la intensidad de la luz que nos llega de una estrella, provocado por el paso frente a ella de un planeta que la orbite.

En la nueva investigación, los científicos emplearon una tercera aproximación experimental: el efecto del microlente gravitacional. Éste es producido por la curvatura del espacio-tiempo cerca de un objeto de masa dada, algo predicho por la Teoría General de la Relatividad (de Einstein). Un objeto, como una estrella o un planeta, cruzando nuestra línea de visión a una estrella más distante afectará a la luz de ella cual una lente, produciendo dos imágenes cercanas, con un brillo total aumentado.

Si la estrella “lente” está acompaña por un planeta, se puede (en principio) observar un efecto similar secundario, más pequeño. Una ventaja de este método es su particular sensibilidad a planetas que se encuentran a una distancia de su estrella similar a existente entre la Tierra y el Sol, pues si la separación es mucho mayor o menor que ésta, el cambio en la curva de luz recibida es experimentalmente despreciable.

De esa manera los autores del trabajo analizaron durante seis años a millones de estrellas, a razón de unas 100 mil cada noche. Las más prometedoras fueron estudiadas posteriormente en detalle. Esos datos fueron combinados con observaciones anteriores con los otros dos métodos para tener una imagen mas completa de la presencia de planetas en nuestra galaxia.

Se pudo concluir entonces, con un grado razonable de certeza, que de los 100 mil millones de estrellas que hay en la Vía Láctea, aproximadamente 10 mil millones poseen planetas en la zona habitable. ¿Significa ello que es posible algún día encontrar nuestros semejantes cósmicos? Cualquier intento de responder esa pregunta deberá tener en cuenta dos factores básicos.

Por una parte, el que un planeta tenga la temperatura adecuada para ser habitable -según entendemos actualmente-, no implica necesariamente que en algún momento haya florecido en él la vida por un periodo suficientemente prolongado, tal vez generando incluso alguna forma inteligente.

La propia historia de la Tierra alerta contra el exceso de optimismo, pues somos resultado de una larga cadena de eventos fortuitos que no necesariamente tienen por qué ser comunes en el Universo.

Pero, por otro lado, tal vez la suma de coincidencias diferentes, actuando en un número enorme de planetas sobre grupos de elementos químicos sin “preponderancia” del carbono, pudiera haber generado formas de vida totalmente diferentes a la nuestra.

Y, según sugiere el artículo de Nature, lugares para que ocurra ese proceso son abundantes: 10 mil millones es una cifra a considerar desde todo punto de vista.

Luego quedaría el detalle de cómo interactuar con los posibles seres vivos “vecinos” nuestros, pues la barrera de las distancias interestelares aparenta ser infranqueable. De hecho, puede que “nunca” lleguemos a poder superarlas del todo.