Montevideo, Asunción, Santiago de Chile, Buenos Aires, Brasilia y La Habana, (PL, Télam y Bolpress).- Varias regiones de Sudamérica comenzaron el año en situación de alerta amarilla por la grave sequía que azota la zona desde 2011, agravada en enero por una inusual ola de calor. Argentina declaró estado de emergencia agropecuaria y el gobierno de Paraguay decretó emergencia alimentaria nacional por 90 días.

Extensas áreas de cultivo sudamericanas sufren los efectos del fenómeno climático La Niña, que ocasiona un menor nivel de lluvias entre noviembre y marzo, fundamentalmente en el sur de Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia y Paraguay.

El 9 de febrero de 2011, el gobierno chileno decretó estado de emergencia agrícola en varias localidades del centro del país que padecían una intensa sequía. La Comisión Nacional de Energía informó que los embalses estaban en sus niveles más críticos desde 1998, cuando hubo que acudir a medidas nacionales de emergencia. Siete comunas situadas en la región de Valparaíso recibieron apoyo destinado a labores de los agricultores y ganaderos.

El 21 de junio comenzó oficialmente la temporada invernal en Uruguay, con menos precipitaciones de lo normal, según la tendencia climática elaborada por la Dirección Nacional de Meteorología (DNM). El ente basó sus pronósticos en el debilitamiento del fenómeno climatológico La Niña, situación que incidirá con medias de 12 grados y máximas promedio de 16,9 grados.

En la primera década del actual milenio Uruguay sufrió cuatro grandes sequías, la mayor de ellas a fines de 2008 y principios de 2009, que significó pérdidas agropecuarias por 800 millones de dólares, con el 70% de los daños en el sector ganadero. El director de Climatología Mario Bidegain explicó a la versión digital del diario La República que los registros de los últimos 30 años hablan de inviernos con temperaturas en aumento. La excepción fue 2007, cuando el país vivió una estación con dos grados menos de lo normal y en julio los termómetros computaron 8,8 grados. “Fue el invierno más frío de los últimos 50 años”, destacó.

En Brasil, la capital Brasilia reportó 100 días sin lluvia el 18 de septiembre de 2011, cifra significativa, pero lejana de las 128 jornadas sin la más mínima precipitación registrada en 2010. Los habitantes de la única capital construida en el siglo XX y declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad sufrían las consecuencias de una humedad del aire inferior al 20% y en ocasiones incluso por debajo del 10%. Pese a estar en invierno, las temperaturas en nada se asemejaban a esa estación del año, pues resultaba habitual que el termómetro permanezca por encima de los 30 grados en las horas más calientes del día, cuando también se reporta el porcentaje más bajo de humedad del aire.

Desde la segunda quincena de noviembre de 2011, las precipitaciones fueron más escasas y acompañadas por altas temperaturas que consumieron las reservas de humedad en la mayor parte del área agrícola de Sudamérica. Dicha evolución reavivó el temor de que pueda repetirse una sequía catastrófica como la ocurrida entre 2008 y 2009, alerta que ya influye en la Bolsa de Chicago la principal cotización de cereales (trigo, soja y maíz), donde ya operan al alza.

El coordinador de la Unidad de Emergencias de la FAO Einstein Tejada consideró que los reportes de sequía podrían generar un desequilibrio en la seguridad alimentaria a nivel regional. Alertó que de persistir este problema se incrementaría el índice de pobreza y serían menores las posibilidades de intercambio comercial.

Los termómetros se dispararon desde el inicio del verano

El 21 de diciembre de 2011 comenzó el verano en Paraguay con una temperatura de 39 grados centígrados en Asunción, la más alta del año, debida en parte a la baja humedad y al carácter mediterráneo del pequeño país sudamericano, donde son comunes temperaturas superiores a los 40 y 45 grados. En la región del Chaco la canícula sobrepasa los 50 grados, pero “no se puede descartar que en los días que restan del año se registren temperaturas más altas aún”, dijo entonces el meteorólogo Amir Dasmi. Explicó que los calores más intensos en el transcurso de 2011 se registraron en enero y febrero con valores máximos de 37 grados.

Las temperaturas excesivamente altas, la sequedad del aire y la escasez de lluvias serán las tendencias que marcarán el verano que comienza, expresó por su parte Benjamín Grassi, jefe de Cátedra de Meteorología de la Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción. En diciembre prácticamente no había llovido nada y esto produjo una sequedad del aire.

Paralelamente al ascenso de temperatura, el consumo de energía se disparó el 20 de diciembre del año pasado a 2.014 megavatios y se acercó al máximo histórico del mes anterior de 2.028, reportado por la Administración Nacional de Electricidad de Paraguay. Similar comportamiento tuvo el consumo de agua: la planta abastecedora llegó ese día a su capacidad máxima de producción con 356 mil metros cúbicos del vital líquido, reveló el presidente de la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay Francisco Martínez.

El 21 de diciembre también comenzó la temporada de verano en Argentina, bajo el signo de la alerta amarilla para Buenos Aires y sus alrededores ante las altas temperaturas de hasta 36 grados pronosticadas por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). El sistema de niveles de alerta por olas de calor incluye el Verde, sin peligro sobre la salud de la población; el Amarillo, que requiere tomar medidas preventivas; y el Naranja, en el cual deben cumplirse normas específicas establecidas por el Ministerio de Salud.

En Chile, la Dirección Meteorológica pronosticó una ola de calor en los comienzos de 2012 en el centro sur del país, con temperaturas que podrían rebasar los 34 grados Celsius. De hecho, en los valles centrales y en algunas localidades de las regiones de Valparaíso y Metropolitana, los termómetros marcaban temperaturas por encima de lo normal al cierre del año. El 27 de diciembre, el centro de Chile enfrentaba una ola de calor con temperaturas que rebasaban los 35 grados Celsius en algunas comunas, informó Cynthia Bravo, jefa de turno de la Dirección Nacional de Meteorología, en entrevista a ADN Radio Chile. La temperatura máxima en Santiago se situó un día antes en 33,1 grados Celsius.

En Uruguay, la Dirección Nacional de Meteorología (DNM) emitió el 8 de enero de 2012 una alerta amarilla, segunda en importancia en la escala de riesgo, por una ola de calor en el litoral oeste y en el centro-sur del país. Para la primera de esas regiones estaban previstos 36 grados Celsius, mientras que en la segunda, donde está Montevideo, se esperaba que los mercurios lleguen hasta los 35 grados.

El enero la ola de calor en Uruguay estampó dos récords para la temporada estival de consumo eléctrico, 1.529 megawats, y gasto de agua, 642 mil metros cúbicos en el área metropolitana. La primera marca ocurrió a las 22,00 (hora local) del 9 de enero con el soporte de las centrales térmicas, el 42% de la producción, mientras las hidroeléctricas del río Negro aportaron 38 unidades porcentuales, reseñó la Secretaría de Comunicación.

Cesar Briozzo, vicepresidente de la estatal electroenergética UTE, señaló que esa cifra, comparada con el mayor pico registrado en enero de 2011, mostró un incremento de 256 mws. Una de las principales causas fue el uso excesivo de equipos de aire acondicionado, cuya importación creció 20 veces en los últimos ocho años. En cuanto al gasto de agua, el secretario general de Obras Sanitarias del Estado (OSE) Mario Bianchi reveló que el citado récord para un período de 24 horas tuvo lugar el lunes 8 de enero.

En Argentina, el calor sofocante también mantenía en jaque a Argentina el 10 de enero, dejándose sentir de modo particular en la provincia de Córdoba, donde la sensación térmica a las 14:00 (hora local) era de 49,7 grados, informó el Observatorio Meteorológico provincial. Allí, el récord del calor para el primer mes del año data del 2 de enero de 1920, cuando se registraron 49,1 grados en la localidad de Villa María de Río Seco. La entidad argentina renovó el alerta amarillo para la ciudad capital y sus alrededores por la ola de calor, y recomendó seguir al pie de la letra las recomendaciones del Ministerio de Salud para el cuidado de la población más vulnerable.

La sequía golpea al Cono Sur

En diciembre del año pasado especialistas advirtieron sobre una posible crisis hídrica en Chile debido a la sequía y urgieron al gobierno a tomar medidas radicales para enfrentarla. Hay que actuar antes que sea demasiado tarde; estamos muy preocupados, expresó el presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la Asociación Chilena de Municipalidades Marco Quintanilla. Graficó que el embalse El Yeso de San José de Maipo, que surte de agua potable al 80% de las comunas de la Región Metropolitana, se encontraba a menos del 50% de su capacidad. Según la Dirección General de Aguas, el glaciar Echaurren que abastece el embalse se derrite 12 metros por año por los efectos del calentamiento global y se estima en consecuencia su desaparición en 50 años.

Un cuadro análogo al observado en Santiago y su periferia presentaban regiones como Coquimbo, Copiapó, Valparaíso, el Maule y O’Higgins, y la Dirección General de Aguas admitió que el recurso hídrico registraba una situación deficitaria. “La escasez hídrica es un tema país y, como tal, debemos hacernos cargo de él desde los distintos frentes: el gobierno, los sectores productivos y la ciudadanía”, subrayó el ministro de Obras Públicas Laurence Golborne.

En Argentina, el 9 de enero de 2012 el ministro de Agricultura Norberto Yauhar recomendó “no dramatizar con la sequía” observada en diferentes regiones del país, ya que según el Instituto del Clima y Agua la actual situación “no tiene comparación con la gravedad de la sequía del 2008”. Sin embargo, horas antes el subsecretario de Agricultura Oscar Solís valoró de grave la sequía registrada en distintas zonas. No podemos negar que esto es grave, y si persiste hasta fines de enero estamos ante una situación realmente mala de producción, manifestó Solís.

El vicepresidente de la Federación Agraria Julián Curras reiteró la urgencia de ayuda financiera, dado que las recientes lluvias no solucionaron la problemática existente tras varias semanas de severa sequía. Casi una semana después, el 18 de enero, el mismo ministro Yauhar anunció la extensión de la emergencia agropecuaria que implicará la exención de impuestos y la distribución de cerca de 116 millones de dólares a los que se añadirán otros recursos y facilidades crediticias.

Autoridades del Ministerio de Agricultura y la Bolsa de Cereales calificaron de graves las pérdidas de maíz en la temporada 2011-12, y prevén una caída de entre 20 y 50% de los cultivos. El maíz sembrado más temprano ha sido el más perjudicado, al coincidir la sequía con la floración de diciembre. Se estima que solo el 1% de los maíces está en estado muy bueno, el 32% en estado bueno, 42% regular y 25% mal. El Ministerio argentino aun no ha variado su pronóstico para el área destinada a la gramínea, que sería de cinco millones de hectáreas, frente a 4,9 millones estimados previamente, aunque recortó la de la soya de 19 a 18,8 millones de hectáreas.

Para el trigo, muy poco afectado por la falta de precipitaciones, el Ministerio elevó su cálculo para la cosecha de la campaña 2011-12, -que ya culminó- a 13,41 millones de toneladas, en vez de los 12 millones previstos en diciembre. Entre tanto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires bajó su proyección de la superficie del maíz desde 3,74 millones calculados la semana pasada a 3,7 millones de hectáreas.

Emergencia alimentaria en Paraguay

En la segunda semana de enero de 2012, la sequía asociada al fenómeno La Niña mantenía en situación agrometeorológica crítica a ocho de los 17 departamentos de Paraguay, con mermas en la producción de entre el 30 y 50% de los cultivos, reveló el Ministerio de Agricultura. Hace más de 20 días que no llovía por encima de los 15 a 20 milímetros, con graves impactos en la zona de mayor producción agropecuaria del país. Según el gobierno paraguayo, los daños eran irreversibles, sobre todo en los cultivos de soya, principal rubro exportable de la nación, cuyas pérdidas en las variedades de plantaciones tempranas y precoces abarcaban alrededor del 40% de la siembra total.

La falta de lluvia de los últimos meses perjudica la producción de soya en los departamentos alto Paraná (este) e Itapúa (sur), además de la ganadería en las comunidades del Chaco (norte). El Ministerio de Agricultura y Ganadería informó que los departamentos ubicados en el Chaco paraguayo, Presidente Hayes, Boquerón y Alto Paraguay presentaban sequía agrometeorológica moderada, con rangos de pérdidas que iban del 20 al 35%.

En el mes en cuso todavía no se registraron lluvias en ninguna de las estaciones meteorológicas de Paraguay, y los pronósticos de las agencias especializadas consideran que el evento La Niña, a pesar de presentar debilitamiento gradual, se mantendrá hasta el otoño. En ese contexto, el 9 de enero el ministro sustituto de Agricultura y Ganadería Andrés Wehrle informó que la sequía en alrededor del 50% del área de producción agrícola y ganadera de Paraguay estaba a punto de ingresar a la frase crítica.

El funcionario resaltó que el problema era crítico no solamente en Paraguay, sino en toda la región; y el 16 de enero el gobierno paraguayo anunció que declarará emergencia alimentaria y conformará un equipo técnico con el objetivo de brindar atención a los productores y darles las herramientas necesarias para garantizar su autoconsumo. Dos días después, el gobierno de Fernando Lugo decretó emergencia alimentaria a nivel nacional por 90 días, luego de que el río Paraguay alcanzara el nivel más bajo de agua en los últimos 20 años.

El río Paraguay tiene una longitud total de 2.625 kilómetros, de los cuales 537 corren exclusivamente por territorio paraguayo, que lo convierte entre los 40 ríos más largos del mundo y el segundo de América del Sur, después del Amazonas. La Gerencia de Navegación e Hidrografía de la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP) reportó que el nivel de las aguas alcanzaron los 0,38 centímetros en la Bahía de Asunción, el pico mínimo, aunque ayer subió a 0,54 centímetros estacionado gracias a las lluvias caídas en los últimos días, publicó el diario Última Hora.

No obstante, se estima que la tendencia decreciente del río Paraguay proseguirá ante las escasas precipitaciones en las zonas altas, influenciado por la presencia del fenómeno La Niña en la región. La situación es considerada “atípica” por Juan Carlos Muñoz, del Centro de Armadores Fluviales, quien reconoció que desde 1999, tiempo en que comenzaron las pronunciadas bajadas, no se presentaba esta situación. Por lo menos en estos últimos 20 años es la más fuerte que hemos tenido y con mayor rapidez en cuanto a los niveles de descenso, subrayó.

Ante la bajada del nivel de las aguas, empresarios agrupados en la Federación de la Producción, Industria y Comercio solicitaron una reunión con el presidente Lugo y acordaron establecer una alianza público-privada para solucionar las dificultades de navegación. El 18 de enero el gobierno de Paraguay decretó emergencia alimentaria a nivel nacional por 90 días en la producción de alimentos de la agricultura familiar campesina e indígena, disposición que permitirá adoptar acciones administrativas y financieras para dar respuesta a los problemas de alimentos de los afectados por serias pérdidas en la producción de poroto, maní, soya, sésamo y caña de azúcar.

La Coordinación Nacional de Emergencia Campesina e Indígena consideró que la declaración de emergencia alimentaria satisface el alcance planteado por la agrupación, y elogió la decisión de designar al Ministerio de la Agricultura y Ganadería como único canal y mecanismo para viabilizar la distribución de alimentos y semillas de autoconsumo, publicó la agencia IPParaguay. La organización social estableció como prioridad la distribución de alimentos y semillas a alrededor de 200 mil familias campesinas que disponen de una a 10 hectáreas y a núcleos indígenas cuyo número no fue especificado.