“La indignación es un comienzo. Una manera de levantarse y ponerse en marcha. Uno se indigna, se subleva, y después ya ve. Uno se indigna apasionadamente, antes incluso de encontrar las razones de esta pasión”/1. Escritas diez años antes, estas palabras de Daniel Bensaïd, de cuya muerte se cumplen dos años este 12 de enero, han sonado vivamente actuales en el recién finalizado 2011, un año en el que hemos vivido, definitivamente, momentos muy bensaïdianos.

Recuerdo que en más de una ocasión durante los instantes más mágicos e inolvidables de la ocupación de plaza Catalunya me descubrí en pleno diálogo imaginario con Daniel quien, sin duda, hubiera contemplado con pasión la irrupción “intempestiva” de las revoluciones árabes y la rebelión de l@s indignad@s.

Para Bensaïd la indignación era “el contrario exacto de la costumbre y la resignación. Incluso cuando se ignora lo que podría ser la justicia del justo, queda la dignidad de la indignación y el rechazo incondicional de la injusticia”/2. La suya fue una indignación de largo aliento, durante un camino militante que resultó ser “mucho más largo de lo que imaginamos en el entusiasmo juvenil de los años sesenta y no es fácil permanecer tanto tiempo siendo ‘revolucionarios sin revolución’”/3 y en el que, como señalaba en su autobiografía, “tuvimos muchas más noches de derrota que mañanas triunfantes. Pero acabamos con el Juicio final de siniestra memoria. Y, a fuerza de paciencia, ganamos el derecho precioso a recomenzar”/4.

Una indignación formada por un universo intelectual que mezclaba a Marx, Engels, Lenin, Trotsky o el Che, con Walter Benjamín, Juana de Arco o Charles Peguy. Llena de topos “metáfora de quien camina obstinadamente, de las resistencias subterráneas y de las irrupciones repentinas”/5, y de marranos (los judíos conversos a la fuerza al catolicismo en el siglo XV) cuyo desafío era “salirse sin desdecirse, de encontrar, en la transición, una salida que no sea ni un retorno en un sí mismo idéntico, ni una adhesión a la causa de los vencedores”/6. Y llena de lúcida melancolía revolucionaria, pues el “compromiso político es una apuesta razonada sobre el devenir histórico. A riesgo de perderlo todo y de perderse”/7.

Una indignación apasionada por la estrategia, pues “no hay victoria sin estrategia”/8, y por la revolución, entendida “no como modelo, esquema prefabricado, sino como hipótesis estratégica y horizonte regulador”/9 de una perspectiva de cambio social y ruptura con un presente insoportable. “Siempre anacrónica, inactual, intempestiva, la revolución llega entre el ’ya no’ y el ’todavía no’, nunca a punto, nunca a tiempo. La puntualidad no es su fuerte. Le gustan la improvisación y las sorpresas. Sólo puede llegar, y ésta no es su menor paradoja, si (ya) no se la espera”, escribía en su libro La discordance des Temps.

Un diálogo en el programa de televisión Brouillon de Culture en 1989 a propósito de su libro Moi, la révolution, ilustra bien esta “apuesta por la revolución” y la voluntad de no ceder ni desfallecer ante una realidad obstinada. En la obra, Bensaïd hacía hablar en primera persona a una encolerizada e indignada Revolución ante las ruinas y los descombros de su “bicentenario indigno” celebrado en la petrificación institucional de la V República. Uno de los periodistas, de aire mitterrandiano, le señalaba “lo que me sorprende de su libro es que en el fondo usted nos dice de forma implícita que la única verdadera conmemoración posible sería (re)hacer la revolución…”. “Por supuesto” respondía divertido Bensaïd. “Esto es, por supuesto, por supuesto…” repetía con aire incrédulo el periodista.

Ante un mundo sumido en una inconmensurable crisis económica, social y ecológica y tiranizado por el poder omnipresente del capital, la irrupción de esta esperanzadora ola de indignación global nos ha devuelto la confianza en nuestra capacidad colectiva para “resistir a lo irresistible”. Aún sin certidumbre en la victoria y actuando “no en la evidencia de la solución asegurada, sino en la contingencia irreductible de la hipótesis”/10, hemos vivido intensa y apasionadamente varios momentos de este ya terminado año 2011, sabedores de que escribíamos una página notable de nuestro combate para cambiar el mundo de base.

Un combate en el que tendremos siempre un sentido recuerdo para Daniel Bensaïd.

Notas:

1. Les Irréductibles. Théorèmes de la résistance à l’air dur temps. Paris: Textuel, 2001. p. 106 2. Les Irréductibles. Théorèmes de la résistance à l’air dur temps. Paris: Textuel, 2001. p. 106 3. Penser Agir. Paris: Lignes, 2008. p. 23 4. Une lente impaticence. Paris: Stock, 2003. p.30 5. Résistances. Essai de Taupologie Genérale. Paris: Fayard, 2001. 6. Une lente impaticence. Paris: Stock, 2003. p. 399 7. Le Pari Mélancolique. Paris: Fayard, 1997. p.295 8. Une lente impaticence. Paris: Stock, 2003. p.463 9. Le Pari Mélancolique. Paris: Fayard, 1997. p. 290

* Profesor de Sociología de la UAB, www.vientosur.info