La Habana (PL).- Su progenitor fue el monstruo máximo del cine silente. El maestro indiscutible de las caracterizaciones más complicadas y asombrosas. Con un arte que consistía en transformarse. No por gusto le llamaban El hombre de las dos caras. Si tenía que someter su cuerpo a increíbles tormentos para asomar una figura espantable por la ventana de la pantalla, así lo hacía.

Lon Chaney Jr. (1906-1973) quiso continuar su linaje de endriago supremo. Pero los hijos son unas veces nuestra continuación y otras veces nuestra caricatura, y resultó que el junior fue una tosca copia que apenas podía asustarnos. Hacía su mejor esfuerzo, pero de ahí no pasaba.

Cubriéndose de una abundante pelambrera. Con uñas como garras. Dientes para afuera. Y aullando en noches de luna llena, en el papel de hombre-lobo, devino apenas en lamentable remedo de un monstruo formal. El vástago se llamaba en realidad Creighton Cambell y empezó su carrera cinematográfica interpretando películas del Oeste y de aventuras, y usando en todas ellas el nombre de Greighton Chaney. Luego adoptó el de Lon Chaney Jr. Sin duda un homenaje a su padre. Y desde 1941 asumió resueltamente todos los papeles de hombre-lobo en películas de la Universal y de otras compañías.

Época en que la Universal se destacaba, sobre todo, por los filmes de terror (Frankestein y Drácula) y por las encomiendas W. C. Fiels, después que éste dejó los estudios de la Paramount. Y en el lado opuesto por las almibaradas películas musicales en las que Deanna Durban y Gloria Jean exhibían sus dotes para el caso.

Con los tres espantajos a la cabeza (Karloff, Lugosi y Chaney), la Universal se convirtió en la más famosa productora de películas de terror de Hollywood. Posición que mantuvo muy en alto a través de una larga década, por encima de la amenazadora competencia de otros estudios que no querían perder la ocasión.

La leyenda del hombre atacado de licantropía, quien en las noches de plenilunio se convierte en lobo y devora a los seres que encuentra a su paso, es tan antigua como la de los vampiros (Lugosi) o la de los androides (Karloff). Se puede rastrear en la antigua Roma y las recogieron autores clásicos de la importancia de Apuleyo y Petronio.

Seis años antes de que el junior empezara a meter miedo con su peludo personaje, la Universal ya había rodado el tema con una moderada aceptación. En sus papeles principales estaba Henry Hull, Warner Oland y Valerie Hobson. La dirección era de Stuar Walter.

En cuanto al complicado maquillaje que a la vista del espectador transforma el sabio botánico Dr. Glendon (Henry Hull) en hombre-lobo, era obra del mítico Jack Pierce, creador igualmente de la fachada de Drácula, La Momia y el monstruo de Frankestein.

La variante de Chaney Jr. estaba encabezada por Claude Raíns y el retoño, así como por Evelyn Ankers y Bela Lugosi, en una fugaz aparición. Y de la realización se ocupó George Waggner.

En la filmografía de Chaney Jr. hay poco que merezca recordarse. Tanto títulos como actuaciones. Cierto que intervino en buen número de películas. Pero casi siempre en papeles secundarios o de escasa importancia. E incluso a menudo ocupaba en los elencos puestos superiores a la categoría real de los personajes que interpretaba.

Pero hay un filme que lo reivindica, guardado celosamente en muchas cinematecas del mundo: Of mice and men (1939), de Lewis Milestone, adaptación casi literal de la pieza teatral sobre la novela homónima de John Steinbeck.

Historia patética de un pobre imbécil (Chaney) que, debido a su descomunal fuerza, mata sin querer, cuando cree que acaricia. A su lado tiene a un amigo (Burguess Meredith). Un espíritu sensible, fino, unido al tarado mental por pura lástima.

El filme tuvo una innovación en su momento: comienza la trama sin título alguno y con los protagonistas huyendo mientras son perseguidos por unos hombres que quieren lincharlos, corren y saltan a un tren de carga. Entonces aparecen los títulos con el nombre de la película y el reparto técnico e interpretativo.

Al final la escena se repite. La pareja tiene que huir de nuevo porque el pobre diablo ha matado a una mujer. Y el amigo, antes de que capturen al infeliz y lo cuelguen, lo ultima piadosamente por la espalda, mientras le habla de una granja con muchos conejos para acariciar.

La relación Lon Chaney Jr. hombre-lobo finalizaría lastimosamente. Y es que resultaba hasta risible. No en vano la Universal terminó por utilizarlo para meter miedo al cómico Lou Costello en alguna película.

* Historiador y crítico cubano de cine. Colaborador de Prensa Latina.