Los bancos comerciales privados (bcps) ganaron como nunca antes desde el 2006 y ¿participaron en el desarrollo de Bolivia? No les corresponde, pero tampoco sus socios pueden hacer abstracción habiendo ganado tanto.

Los bcps operan generalmente con créditos a corto plazo y tasas más elevadas que las practicadas por la banca de desarrollo, cuyos plazos son más largos y comprenden refinanciamientos y cambios en sus flujos.

Que ahora el gobierno quiera obligar a los bcps a que presten para el desarrollo agrícola, industrial y minero es un craso error. Evidentemente provocado por un total no importismo que practicaron los socios de los bcps en estos últimos años.

Recordemos que entre el 2007 y el 2008, la máxima autoridad del Banco Central de Bolivia sugirió a varios banqueros para que se asocien en la puesta en marcha de un banco de desarrollo. Incluso su asesor les proporcionó el modelo del Banco Industrial S.A. creado en 1964 por el economista René Ballivián Calderón.

Este banco fue tan exitoso que captó recursos baratos y a largo plazo de organismos y asociaciones internacionales privadas estadounidenses y alemanas, incluyendo asesoramiento para la concepción y ejecución de proyectos privados industriales, mineros y agrícolas. Era tanto el dinero captado que los proyectos fueron insuficientes y varias líneas de préstamos obtenidos por el Banco Industrial (hoy banco comercial privado BISA) se convirtieron en DPF’s más rendidores que sus préstamos otorgados.

Con plazos e intereses tan atrayentes, no faltaron banqueros que en su condición de socios decidieron aprovechar las líneas del Banco Industrial para proyectos propios rotundamente fracasados.

La idea sería que los socios de los bcps aporten un capital para conformar un banco de desarrollo que consiga financiamientos concesionales y donaciones. El gobierno debería permitirles su administración con la prohibición expresa de que no otorgue préstamos a sus socios.

Lo que evitaría abusos y situaciones como las ONG’s que lograron financiamientos concesionales del BID, BM, CAF, etc y donaciones para los microproductores, a quienes dieron créditos cobrando hasta al 60% año y terminaron incentivando a los contrabandistas y gremialistas. Una vez que se capitalizaron con enormes spreads, dejando claro que también hicieron muy buen trabajo y en algo aportaron a mejorar la economía de los pobres, se transformaron en FFP’s y luego en bcps, como los que ya existían.

Con un banco de desarrollo privado, los banqueros de los bcps podrían fomentar proyectos industriales, mineros y agrícolas privados que complementen los públicos, sin utilizar dinero del estado, el que mas bien podría complementar con capital de operación, para que las inversiones del banco de desarrollo en equipos, maquinas e instrumentos de trabajo sean bien depreciados y renovados con tecnología de avanzada cada que sea necesario, lo que no hacen las empresas públicas.