La Habana (PL).- La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) instó en marzo último a los países latinoamericanos a invertir más y de mejor manera en educación, y alertó que solo el 40% de las naciones de la región destina más del 5% del producto interno bruto (PIB) al sector. En nueve años de aplicación, el método cubano “Yo si puedo” alfabetizó a más de 5,5 millones de personas en 28 países.

El tema de la inversión, el lucro, el costo de la enseñanza, entre otros, en especial en los niveles secundario y universitario, han suscitado este año, en América del Sur, uno de los conflictos más connotados del área. Las manifestaciones estudiantiles chilenas, que reclamaron una educación gratuita y de calidad, sin lucro e inclusiva, alcanzaron niveles insospechados.

De igual forma, en Colombia el movimiento estudiantil puso en jaque al gobierno de Juan Manuel Santos, que cedió ante la presión de los jóvenes, quienes protagonizaron una larga huelga en rechazo a una reforma de ley que culminaría, según ellos, privatizando al sector.

Aunque pareciera que nada tienen que ver las protestas estudiantiles de Chile y Colombia, este año, con los movimientos de indignados de Europa, Estados Unidos, Medio Oriente y otras regiones del mundo, la relación es evidente. Mientras los cansados del sistema capitalista protestan contra el dominio de bancos y corporaciones, jóvenes chilenos y colombianos reclamaban, en esencia, una educación accesible a todos y sin lucro.

Por un lado, en Chile el alumnado tras casi nueve meses de marchas, huelgas, paros y tomas de centros docentes encendió la llama de las luchas sociales y desnudó una realidad escondida en el renacer económico de ese país. Al malestar de los jóvenes quienes, sin deponer en todo este tiempo sus demandas por una educación no mercantilista y realmente controlada por el Estado, se unió el de sectores como los mineros, ambientalistas y trabajadores públicos, entre otros.

Más del 80% de la población, según diversos sondeos, apoya las exigencias del estudiantado, lo que ha desembocado en las más nutridas movilizaciones desde el final de la dictadura de Augusto Pinochet, en 1990. La mayoría de las manifestaciones estuvieron “acompañadas” de la represión policial, las que también recuerdan los años del régimen pinochetista.

El trasfondo del histórico movimiento estudiantil no es más que la cada vez más profunda brecha social abierta por la desigual distribución de las riquezas, generada por el modelo neoliberal impuesto hace una veintena de años en ese país, de acuerdo con los propios líderes estudiantiles. La educación, como casi todo, se convirtió en una mercancía en la lógica del neoliberalismo, donde el Estado chileno solo aporta el 15% de la financiación.

Según diversos estudios, el costo de la educación universitaria chilena, relativo al PIB per cápita, es el más alto del planeta, y a continuación están Corea del Sur y Estados Unidos. El gasto público chileno en educación superior es el menor del mundo, con sólo 0,5% del PIB. Sin embargo, en el 2000, los países miembros de la Unesco se comprometieron a alcanzar la meta de destinar un seis por ciento al sector.

Un reciente informe del organismo internacional advierte que la educación en este país fomenta la desigualdad. Acerca de ese estudio, el ex relator de Naciones Unidas sobre el derecho a la enseñanza Vernor Muñoz señaló que “el sistema que caracteriza la educación chilena está orientado por procesos de privatización, que tienden a causar segmentación, exclusión, discriminación y desencadenar mecanismo selectivos”.

La investigación de la entidad adscripta a la ONU refiere que el sistema de becas y subvenciones del sistema educativo de Chile “protege y beneficia a la iniciativa privada”, lo que excluye la interpretación del concepto de educación entendida como bien público. Tal situación ha provocado, además, que miles de chilenos emigren a otros países del continente, como Argentina, para aprovechar los cursos gratuitos ofrecidos por las universidades públicas.

Durante octubre pasado, en Colombia los universitarios protagonizaron manifestaciones contra la propuesta de reforma a la educación superior, presentada por el Ejecutivo. Los estudiantes se opusieron al proyecto por considerarlo un paso hacia la privatización de la enseñanza al considerar que incentiva la inversión empresarial y la creación de universidades con ánimo de lucro, además de atentar contra la autonomía al darle al ministerio un mayor poder de control de los centros educativos públicos.

Multitudinarias manifestaciones inundaron las calles de Bogotá y otras ciudades del país. De igual modo, numerosas iniciativas caracterizaron las protestas pacíficas que muchas veces concluyeron con actos represivos por parte de las autoridades policiales. También en Colombia, los jóvenes encontraron el respaldo de sus familiares, profesores, sectores sociales y culturales, entre otros.

A diferencia del gobierno chileno, el cual ha presentado propuestas de solución a los reclamos, que no responden a las demandas, en Colombia la administración de Juan Manuel Santos aceptó en noviembre concertar un nuevo proyecto de ley que incluyera propuestas del estudiantado. No obstante, los jóvenes colombianos anunciaron que se mantendrán en alerta y llamarán a nuevas movilizaciones en caso de que no se cumpla lo pactado.

Ambos movimientos removieron el piso político de los dos países, en este momento sin verdaderos planes encaminados a eliminar las abismales brechas que marcan sus sociedades y que en el sector de la educación aflora de manera permanente. Y es que coinciden en la necesidad de implantar una educación de calidad, aumento del presupuesto y de la cobertura, corriente en contra de grupos de poder que tienen ganancias en el sector y que apuestan por un futuro de dominación.

Mientras, en otros países como Venezuela o Bolivia, el panorama cambia en beneficio de su población. Enseñar a leer, escribir y contar fue en las dos naciones la primera tarea de sus gobiernos para transformar el sector educacional y con ello liquidar el panorama sombrío del analfabetismo, que golpea aún en la región, con mayor fuerza a los sectores más pobres.

Sobre el precepto de que la principal riqueza de un país radica en los niveles de conocimiento de su gente, el gobierno de Evo Morales destina una buena parte de los recursos provenientes de su crecimiento económico sostenido a programas sociales, entre los cuales sobresalen los relacionados con la educación.

Un nuevo paso en el país del altiplano es la consolidación del proceso de postalfabetización, tras lograr convertirse en una nación libre de analfabetismo el 20 de diciembre del 2008 con el apoyo de Cuba y Venezuela, en el contexto de la cooperación Sur-Sur en materia de educación. La Unesco valoró de positiva la experiencia boliviana, que sirvió para alcanzar uno de los pilares del Marco de Acción de Dakar hacia el año 2015.

Por otra parte, se puso en práctica la Ley de Educación Avelino Siñani-Elizardo Pérez, con la cual -según el presidente Morales- Bolivia dejará de tener una “educación alienada, sometida, subordinada” para promover una “educación revolucionaria, liberadora ante todo”. La Ley Educativa, que tiene 92 artículos y 12 disposiciones transitorias, establece la enseñanza obligatoria hasta el bachillerato y no sólo para la primaria, pues se ha propuesto educar en igualdad de condiciones, respetar la diversidad cultural y lingüística, y fortalecer la identidad.

Venezuela, de igual modo, impulsó la alfabetización como primer eslabón de una cadena que llega a los estudios superiores.Las políticas educativas en ese país están orientadas constitucionalmente a la permanencia de los estudiantes a través de tres fases fundamentales: Alfabetización (Misión Robinson I), prosecución primaria y secundaria (Misión Robinson II, Misión Ribas) y estudios superiores (Misión Sucre).

Esas misiones educativas pretenden formar ciudadanos reflexivos, críticos, creativos, autogestionadores de su propio conocimiento. A través del método cubano Yo, sí puedo, Venezuela logró ser declarada territorio libre de analfabetismo en 2005 por la Unesco. La consecución de los estudios es también un interés de las autoridades venezolanas. Según cifras del Instituto de Estadística de la Unesco, es el quinto país en el mundo con mayor tasa de matrícula universitaria (83 por ciento). La meta es alcanzar el crecimiento social, cultural, educacional, ambiental e institucional, y con ello el desarrollo del país.

Tanto en Venezuela como en Bolivia el compromiso de sus gobiernos es luchar contra la exclusión y cumplir con el principio de educación de calidad para todos, dirigido a garantizar un nivel de formación que responda a las necesidades de la población.

Campaña de Alfabetización en Cuba: Experiencias para el presente

Nidia González, reconocida figura del magisterio cubano y presidenta de honor del Consejo de Educación de Adultos de América Latina, consideró la Campaña de Alfabetización de 1961 como un momento de gran trascendencia histórica. Luego de 56 años dedicados a la educación, la también presidenta de honor de la Asociación de Pedagogos de Cuba comentó a Prensa Latina que las experiencias salidas del aquel acontecimiento pueden ser útiles para todo el proceso cubano.

Graduada de maestra en 1956, en la occidental provincia de Pinar del Río, inició su vida laboral como profesora sustituta de escuelas rurales, en las cuales pudo entrar en contacto con el campesinado cubano y la difícil situación en la que este se encontraba. Al triunfo de la Revolución cubana en 1959, vivían en el país un millón 32.849 personas -23,6% de la población- que no sabían leer ni escribir, y en las zonas rurales era más crítica esa realidad, pues existía un 41,7% de analfabetismo.

En 1961, cuando comenzó la campaña que redujo la tasa de analfabetismo a menos del 4%, González ejercía el magisterio en el poblado pinareño de Ovas, y desde allí se incorporó a las tareas de la gesta educacional como asesora técnica. Mi trabajo consistía en ubicar a los alfabetizadores en las casas de los campesinos, hacer el censo de los analfabetos del lugar, ayudar a los maestros voluntarios y realizar cualquier actividad organizativa, precisó.

En 2009, recordó, nos reunimos un grupo de participantes en la campaña -en la que se enrolaron más de 300 mil cubanos entre alfabetizadores populares, brigadistas y maestros-, para realizar una jornada de reflexión sobre los aprendizajes de la gesta.

Según la profesora, los asistentes al encuentro compartieron diversas impresiones sobre los acontecimientos, pero todos coincidieron en apuntar que el éxito de la alfabetización se debió, sobre todo, al apoyo de la familia cubana. De las más de 979.207 personas analfabetas existentes en Cuba, aprendieron a leer y escribir 707.212, empeño conseguido en un poco más de un año y que fue posible, en primer lugar, por el apoyo y el esfuerzo del pueblo, afirmó.

La familia constituyó el principal sustento de la epopeya, valoró, porque en sus núcleos acogieron a los alfabetizadores, en muchos casos niños, y permitieron que estos llevaran la educación hasta todos los hogares. Desde el punto de vista de la pedagoga, esa es una de las enseñanzas más importantes de la campaña para la actualidad, porque demuestra que en todo proceso pedagógico la interacción del maestro con la familia representa un paso imprescindible.

Para asumir toda obra educativa, reflexionó, es necesario sostener un diálogo permanente de la escuela con la familia, en el cual se compartan experiencias sobre las posturas y conductas que exigen los alumnos según sus edades. La educación del niño debe consensuarse, tiene que existir una sincronía entre las enseñanzas del hogar y las transmitidas en los centros de estudio, pues de ello depende su formación como futuro ciudadano, estimó.

Al decir de González, otro de los legados de la empresa alfabetizadora radica en la vinculación del proceso de aprendizaje con la situación política y social del momento, de manera que los estudiantes tuvieran una mayor comprensión de los cambios del país. Autora de numerosos libros y publicaciones sobre pedagogía, y directora de proyectos como el de Educación Popular Comunitaria Graciela Bustillos, acumula además una amplia experiencia sobre la educación en América Latina.

Entre Cuba y América Latina existe una situación muy diferente desde el punto de vista educativo, pues en el resto del continente persiste una enseñanza muy privatizada y dada a la exclusión de las clases pobres, consideró. Al decir de González, eso crea un contraste con la nación caribeña, donde se garantiza la masificación y gratuidad del aprendizaje, a la vez que se vincula el estudio con la práctica.

Los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), expresó, han tenido un desarrollo importante en los últimos años, y ya se están viendo los resultados de ese esfuerzo educativo. De cualquier modo, tanto en América Latina como en Cuba es necesaria la aplicación de nuevas prácticas, donde la enseñanza tenga la calidad requerida y una coherencia mayor con los principios que sueñan nuestros pueblos.

González sostuvo el criterio de que no se puede formar el hombre nuevo con moldes pedagógicos viejos, de los que surjan personas repetitivas, incapaces de asumir búsquedas y dialogar. Solamente tendremos ciudadanos democráticos, creativos y conscientes si les compartimos métodos de enseñanza participativa, diferentes a la tradición vertical y autoritaria, aseguró.

La destacada educadora aseveró que rememorar un acontecimiento como la Campaña de Alfabetización puede ser un ejercicio muy útil para repensar las formas de asumir el presente y sus demandas. Una de las enseñanzas de ese acontecimiento para la actualidad es la importancia de rescatar el prestigio del maestro como sujeto social de respeto, que puede constituir una fuente de información confiable en la comunidad, manifestó.

Para González, quien comparte el criterio del educador brasileño Paulo Freire cuando expresó que “el mundo no es, está siendo”, corresponde a la educación garantizar un futuro de ciudadanos plenos, críticos de su realidad y con la capacidad de cambiarla.

“Yo si puedo”, un empeño a favor de la humanidad

La meta de brindar alfabetización a los casi 800 millones de adultos que en el mundo desconocen la lectura y la escritura parece menos quimérica apoyada en la herencia de Cuba, cuando en 1961 consiguió declararse libre de ese flagelo. Con la campaña de alfabetización, Cuba bajó en menos de un año el índice de analfabetismo de 23,6% a menos de cuatro, una cifra con la que se declaró libre de analfabetismo en el hemisferio occidental.

El triunfo de la Revolución en 1959 puso la obra educacional en primer plano, para lo que necesitó de inmediato crear escuelas, planes de becas y otras acciones, no sin antes garantizarle las primeras letras a cientos de analfabetos, sobre todo en zonas rurales. De ese modo, se organizaron unos 233 mil alfabetizadores que sacaron de la ignorancia a más de 707 mil adultos en todo el país.

Consciente de que el ejemplo puede ser importante, pero se necesitan acciones concretas, Cuba se apoyó en sus experiencias pedagógicas para crear un método de alfabetización moderno, económico y versátil denominado “Yo, sí puedo”. La primera prueba de campo del programa se efectuó en 2002 en Venezuela con saldo de un millón y medio de adultos que aprendieron a leer y escribir, lo que permitió al país suramericano ser el segundo en declararse libre de analfabetismo en la región, detrás de Cuba.

Luego, con el apoyo de La Habana y Caracas, Bolivia y Nicaragua consiguieron alejar a sus poblaciones de la ignorancia. En nueve años de aplicación el método alfabetizó a más de 5,5 millones de personas en 28 países.

En la voz de la ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, La Habana mostró su interés en contribuir con el propósito de la ONU para reducir a la mitad en 2013 la actual tasa de analfabetismo en el mundo. Cuba reitera su disposición de contribuir con sus modestas y probadas experiencias en este empeño a favor de la humanidad, afirmó en alusión a la iniciativa de la Unesco.

Su capacidad de adaptarse a cualquier zona y soporte técnico le ha permitido al “Yo, sí puedo” estar presente lo mismo en África y Asia que en Europa, donde se aplica en la ciudad española de Sevilla. Las grabaciones de las clases se realizan con actores de cada nación e incluyen variaciones propias del idioma hablado en cada territorio, flexibilidad que busca la aceptación y el apoyo de las experiencias vividas por los beneficiados.

Otra de las bondades reconocidas es su rapidez al desarrollarse el curso entre siete y 10 semanas como promedio, aunque en condiciones intensivas se ha podido conseguir la alfabetización en un mes. Sin embargo, la mayor facilidad del método consiste en que se asocia cada número a una letra del alfabeto, una opción que permite al estudiante partir del dígito conocido hacia lo desconocido.

La Unesco le dio dos menciones honoríficas en 2002 y 2003, y el Premio de Alfabetización Rey Sejong en 2006 a la Cátedra de Alfabetización y Educación para Jóvenes y Adultos del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño por haber creado el método que contribuyó a mejorar los niveles educativos en varios países.

El galardón fue entregado al programa por adaptarse a los varios contextos sociales, culturales y étnicos de las diversas naciones, además de desarrollar en las lecciones temas relativos a la familia, la protección del medio ambiente, la salud y la higiene.

Pero sobre todo el otorgamiento está fundamentado en el respeto a los contextos y las identidades nacionales de los pueblos que fomenta el “Yo, sí puedo” y el de continuidad para completar la enseñanza elemental, bautizado como “Yo, sí puedo seguir”. El Premio estimuló también la concepción de un modelo de evaluación con instrumentos destinados a supervisar el impacto de los programas de alfabetización y postalfabetización.

Tales aspectos responden al énfasis puesto por expertos cubanos sobre la necesidad de acciones de seguimiento, pues el alfabetizado podría perder esa condición si se desvinculase de los estudios. Con ese propósito la colaboración cubana también toma en cuenta proyectos de mejoramiento de la calidad de la educación, así como acciones encaminadas a la superación, la capacitación y la utilización de la educación a distancia.

El programa cuenta con 14 versiones idiomáticas, ocho de ellas en español, una en inglés y otra en portugués, además de en creole para apoyar la alfabetización en Haití. También están presentes las adaptaciones en las lenguas indígenas aymara y quechua, acción que fue fundamental para conseguir la declaración de Bolivia libre de iletrados en 2009. La última se creó en tetum para Timor Leste.

* Odalys Troya es jefa de la Redacción Suramérica de Prensa Latina; Roberto Hernández y Martha Andrés Román son periodistas de la Redacción Nacional de PL.