(CCS).- Internet ha democratizado la palabra. Cada día son más las personas que se suman para dar su opinión con comentarios en blogs o en las diferentes redes sociales. Pero a veces, el anonimato, y la falta de herramientas y normativas que regulen este abigarrado babel, convierten un espacio de encuentro e intercambio en una “corrala” o patio de vecindad. Donde todos opinan de todo y el respeto brilla por su ausencia.

A veces se puede leer en las redes comentarios inaceptables por su vulgaridad, por su tono amenazante y por su falta de respeto. Estos trolls, como los denomina Timothy Campbell, buscan sembrar la discordia. Hacerse oír a base de gritos en forma de insultos. Depravados que entran en la red para hacer daño a los usuarios, como si detrás de éstos no hubiera personas de carne y hueso, sino meros perfiles que ni sienten ni padecen.

Los trolls son como unos hooligans que llegan al campo a insultar, a agredir y si pueden, a reventar el partido. El periodista español, Iñaki Gabilondo, es uno de los afectados por este ejercicio de sinrazón. No hay día que no se encuentre en su video blog, en el que da su opinión a diario sobre la actualidad, comentarios del calibre de “Iñaki apesta”. La falta de respeto y de argumentos consigue envenenar este espacio para la reflexión y el debate.

Estos trolls no son más que la extensión, a través de las nuevas tecnologías, de personas rencorosas, incapaces de dialogar y formar parte de la pluralidad democrática. Personas amparadas por el anonimato, cargados de complejos, miedos e inquina. Lo que no se atreven a decir en la calle o en la mesa de su casa, lo dicen en la burbuja de su cuarto, como si hablaran a la nada, pero a sabiendas de que tras sus palabras queda un reguero de malicia, resentimiento y cobardía.

Otro caso extremo que da muestra de la irracionalidad y la perversión de estos personajes es el de Eva Hache. La periodista y presentadora española recibió perlas como: “Voy al teatro y te apuñalo delante de todo el mundo”. Esto además de un insulto es una amenaza de muerte. Gil Pelayo, así se llamaba el perfil tras el que se escondía el acosador, acabó en manos de la Guardia civil.

Abusan de la libertad de expresión para lanzar sus insultos y amenazas, muchos amparándose en dicha libertad, como si todo valiera. Cuando es todo lo contrario. Cuando uno se expresa con libertad en un marco democrático, debe hacerlo también con respeto, porque todas las opiniones caben y forman parte del debate público. Aunque en determinados temas, no se puede olvidar, existen unas voces más expertas que otras.

“El hábitat preferidode estos animalitos son los artículos sobre la inmigración y los derechos de los inmigrantes, en los que se explayan sobre lo mucho que sufren ellos y sus conocidos por la invasión de gente morena y detallan todas las perlas legales que pondrían en marcha para impedirlo (casi todas ellas abolidas tras Nuremberg)”, comenta en su blog Gonzalo Fanjul, asesor en Oxfam Internacional. Lo que da una idea del tipo de perfil que representa a estos trolls que envenenan con sus comentarios la red.

Las faltas de respeto a las normas de comportamiento cívico ponen en peligro la integridad física y psíquica de las personas. Por eso no tiene ningún sentido dejar que esas manifestaciones se muestren en las páginas donde se debería alimentar la discusión y el debate, pero no la descalificación y el insulto. Construir con las palabras es loable, pero destruir por destruir es censurable y denunciable.

Buen periodismo

La prensa está en crisis. La alternativa entre el papel y lo digital tiene a la industria entre dos aguas. Las ventas de periódicos caen, en las redacciones quieren “más con menos” y sus profesionales, en muchos casos becarios con contratos leoninos, pierden credibilidad en una sociedad que vive en la cultura de lo gratuito.

Si hace unas décadas el periodismo era una profesión respetable, desde hace unos años, son cada vez más los que tienen a los periodistas en el punto de mira. Los desmanes del cuarto poder, junto al tsunami sensacionalista y amarillista multiplicado por las nuevas tecnologías, han hecho que “el mejor oficio del mundo”, como lo solía llamar García Márquez, pase por un momento difícil.

Tenemos la fórmula para el desastre si a esto le sumamos la cantidad de intrusos que flirtean con el delicado trabajo de informar, y que no han pasado por una facultad de Periodismo para adquirir un mínimo de conocimientos, tanto deontológicos como periodísticos, para poder ejercer la profesión. Nunca se le llamó médico a alguien que cura una herida o jockey a alguien que monta una tarde a caballo.

Pero esto no significa que los jóvenes que salen de las facultades tengan la preparación adecuada para entrar a trabajar en un medio de comunicación, o que por haber estado en ella la sociedad les redima de sus negligencias en un futuro. Pero tienen unas bases para distinguir y conocer mejor los límites que el periodismo no debe cruzar. Lo que hagan después forma parte de las elecciones que cada uno toma en la vida. Mal que les pese a algunos maestros, la universidad está para algo.

En España, un programa de prensa rosa al que acuden tanto políticos como personajes sin oficio ni beneficio –en los tiempos que corren a veces se confunden-, sufrió la retirada de grandes anunciantes por practicar un periodismo de ética dudosa. Las marcas se negaron a financiar un programa que mercadeaba con las especulaciones y sentimientos de la madre de un joven involucrado en un crimen que ha tenido gran repercusión en los medios, y ha generado una gran conmoción en la sociedad española. Por una vez, los dueños del mercado pusieron pies en pared y negaron su dinero a un programa que no cumplía con las normas éticas que se esperaba de un espacio televisivo de esas características. En la actualidad sigue en la programación del canal de televisión, pero no deja de ser un interesante toque de atención.

Por otro lado, y no sin relación con toda esta cascada de acontecimientos, la Asociación de Prensa de Madrid ha elegido como presidente a una mujer, por primera vez en su historia. Carmen del Riego sostiene que su propósito es hacer cumplir el Código Ético y que la sociedad sepa que “hay mecanismos para reprochar las malas prácticas de los periodistas”. Estas declaraciones ponen de manifiesto que en la profesión periodística hay personas que no hacen las cosas bien. La nueva responsable del buen periodismo en España da un toque de atención a la sociedad para que, en el momento en que las cosas se están haciendo mal, se diga. Pero también es un toque indirecto a los periodistas, para que no crean que el “todo vale” rige uno de los pilares sobre los que descansa la democracia.

“El periodismo, tanto el informativo como el de opinión, es el mayor garante de la libertad, la mayor herramienta de que una sociedad dispone para saber qué es lo que funcional mal, para promover la causa de la justicia y para mejorar la democracia”, subraya Mario Vargas Llosa desde la atalaya del Nobel, pero desde la sabiduría y la humildad de saber que sin el buen periodismo la sociedad siempre pierde.

Si los medios de comunicación solo trabajan con la máxima del beneficio económico y la mínima inversión, sus profesionales son sustituidos por becarios que carecen de formación y desconocen la ética periodística. Si además falta la sensibilidad y no se cumplen las buenas prácticas, el buen periodismo tendrá los días contados.

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