Nueva Delhi, (PL).- Criar una hija es como plantar una semilla en el jardín de otra persona, asegura un popular refrán hindú cuyo equivalente en el refranero español vendría a ser aquel que nos recuerda que uno nunca sabe para quién trabaja. En todo caso, las familias indias, tanto ricas como pobres, sí lo saben, de ahí los 12 millones de abortos de fetos femeninos registrados en los últimos 30 años en el país surasiático.

Según datos divulgados por el Centro de Investigación Global para la Salud, resulta paradójico que el rechazo a tener hijas, lejos de disminuir, haya aumentado en los últimos años, a despecho del mejoramiento del nivel educacional de la población, y del sostenido desarrollo económico de la nación.

Más contradictorio aún resulta que la mayoría de los abortos son practicados por las familias de mayor poder adquisitivo, que pueden pagar a las clínicas privadas para conocer el sexo del bebé que está por nacer.

Esa práctica, muy común en cualquier parte del mundo, está prohibida en la India desde 1996, con el objetivo de evitar precisamente la eliminación de fetos femeninos, calificado recientemente de vergüenza nacional por el Primer Ministro Manmohan Singh.

La predisposición social contra las mujeres debe ser combatida con todos los recursos morales y físicos a nuestra disposición, exhortó el gobernante en un discurso pronunciado el mes pasado en esta capital, tras anunciarse los resultados preliminares del más reciente censo poblacional.

De acuerdo con los datos del estudio demográfico de 2011, en la India nacen 914 niñas por cada mil niños, mientras que los poco más de mil 210 millones de habitantes del país se dividen en 623,7 millones de hombres, y 586,4 millones de mujeres.

El rechazo a tener descendencia femenina se explica en primer lugar por la dote matrimonial que los padres de la novia deben pagar al novio, una ancestral tradición hindú todavía muy en boga en el país, a pesar de las campañas gubernamentales en su contra.

Tras la boda, la esposa debe ir a vivir con la familia del marido, a cuyos padres también debe subordinarse y servir, de ahí el origen del refrán que habla de sembrar una semilla en patio ajeno.

La tradición también establece que los hijos varones tienen prioridad a la hora de heredar la propiedad familiar, y encender la pira funeraria de sus progenitores.