“Ni hao”. Quizás nunca antes leyó ni escuchó esa frase, pero en China es muy posible que sea una de las de mayor uso…y no sólo entre los nativos. Muchos visitantes se apoyan en ella cuando viven la experiencia de sentirse analfabetos idiomáticos y necesitan comunicarse con algún anfitrión.

Por su significado y frecuencia es una de las que primero se aprende, no importa cuánto tiempo se esté en esta nación al reconocerse como el saludo por excelencia, sin ser el único.

Fáciles de pronunciar (ni jao), estas dos sílabas devienen salvación para quienes tropiezan con las barreras asociadas a una lengua tonal, entre otras. En el caso de “ni hao”, éstas parecen no existir.

Latinos, europeos, asiáticos, africanos, todos las dicen y con la misma intención: expresar algo más allá de lo que pudiera considerarse un simple Hola, ¿qué tal?

Qué difícil sería llegar a un lugar y verse imposibilitado de anunciar nuestra presencia por desconocer una frase para hacerlo. Peor aún, cómo comunicar alguna necesidad, dígase abrir una puerta, ver algo. Con la citada expresión y el gesto pertinente se vencen esas situaciones.

Una amiga nos dice que para ella “ni hao” lo es todo. Con esas dos palabras hasta resuelvo cuando olvido el nombre de algún conocido, añade. A un taxista le pronunciamos la frase y luego, indicándole en un mapa, el mensaje se completa: ¿puede llevarme a esta dirección?

Si necesitamos llamar la atención de alguien, se puede recurrir a las dos sílabas salvadoras para expresar términos como señor, señora, por favor y hasta para pedir ayuda.

Consciente de la barrera lingüística, los anfitriones suelen reaccionar tal como lo espera el visitante, o al menos lo intentan. De suceder lo contrario, nos damos cuenta que debemos aprender un poco más el mandarín básico.

Luego del “ni hao”, aunque sea lo único que usted conozca de la lengua de esta nación, todo es más fácil. Esta frase nos hace sentir cierta igualdad, aunque sea brevemente. Llegar, saludar y ser recibido con una expresión que entendemos y transmite bienvenida equivale a pertenecer.

Pero los anfitriones también recurren a estas dos sílabas. Para llamar la atención del visitante, que en un país como China puede venir de cualquier lugar del mundo, muchos se apoyan en ellas.

Nada sorprendente que cuando usted camine por la calle, un taxista le ofrezca su servicio con un “ni hao”. Igual suele hacer quien está frente a un restaurante para invitarle a degustar la oferta de la casa, o un vendedor, mostrándole sus productos.

La frase siempre es el inicio de un diálogo que para quienes desconocen el mandarín impone abundantes gestos. Aun así, la comunicación se logra en la mayoría de los casos, y todo iniciado con un “ni hao”.

En el metro de Beijing, más que un viaje

Si viaja a China y quiere acercarse a la realidad del país más poblado del mundo, el metro de Beijing, como los de otras urbes, puede ser un lugar para conocer mejor a esta nación. Con mil 340 millones de personas en su parte continental, el gigante asiático acertadamente suele asociarse con mucha gente y por esa razón, quien procede de otras tierras quizás opte por evadir el mencionado sistema de transporte público. La decisión puede ser un lamento con el tiempo.

Entre en una estación del metro capitalino, aborde un tren, pase a otro y tendrá mucho que ver para contar al regreso a casa. Como visitante, y si viene de territorios pequeños o “normales” -ese último es un término usado por un amigo al comparar su país con este-, es muy probable que la primera reacción, sobre todo si lo hace en horario pico, sea de rechazo.

En pocos lugares del mundo coinciden tantos viajeros. Algunos datos para ilustrar. Por esa vía se trasladan más de cinco millones de personas diariamente, a decir verdad, algunos dicen que puede ser cualquier cifra superior.

La estadística puede adelantar una conclusión: abajo eso debe ser una locura. Nada más lejos de la realidad. El metro de Beijing, con 14 líneas y más de 300 kilómetros, es tan normal como otros y una de las razones que favorece su funcionamiento es la disciplina ciudadana.

Cierto, todos quieren llegar a su destino a tiempo, pero los incidentes que puedan inferirse del movimiento de tanta gente son raros, hasta convertirse en noticia cuando sucede algo más allá de cuanto se espera ver en sus estaciones y trenes.

Buena y abundante señalización, limpieza, personal atento y un precio muy cercano a la nada -dos yuanes, menos de la tercera parte de un dólar, excepto en la línea hacia el aeropuerto- constituyen algunas de sus credenciales, a las que se añade información en inglés.

Y a pesar de las barreras idiomáticas, sus trabajadores y otros anfitriones suelen mostrarse dispuestos a ayudar y lo hacen cuando se les pide. Podrá discreparse por alguna razón o experiencia personal, pero lo dicho es innegable y de ello son testigos también muchos extranjeros residentes o de visita aquí.

Si lee la historia del metro de Beijing, se sorprenderá. Los capítulos recientes revelan que su expansión cobró fuerza con los Juegos Olímpicos de 2008, mientras cinco líneas comenzaron a operar al cierre de 2010. Como en este país todo crece, también hay planes para atender una mayor demanda. En 2020 su extensión sobrepasará los mil kilómetros.

En sus estaciones y vehículos usted verá mucho de la China de la apertura y reformas: turistas de otras provincias y naciones, algún que otro trabajador migrante y, junto con ello, el desarrollo y uso de la telefonía móvil en la segunda economía del mundo.

Imagen común a cualquier hora, desde las 05:00 hasta las 23:00 hora local, su horario: los viajeros -llama la atención quien no lo hace- hablan, reciben y envían mensajes, se actualizan, leen y juegan con los pequeños aparatos, como para aprovechar el tiempo.

Un consejo: si desiste del metro, piénselo dos veces. Por las calles y avenidas de Beijing circulan cerca de cinco millones de automóviles y los embotellamientos pueden atentar contra sus planes. Todo ello a pesar de las múltiples medidas para aliviar la congestión, desde días en que se prohíbe usar el carro hasta un sistema de rifa para su adquisición.

Esa es otra de las caras de la capital china, cuyas autoridades defienden la bicicleta y promueven el uso y ampliación de la infraestructura de transporte público para favorecer la salud medioambiental de una ciudad en la cual usted puede llegar a prácticamente todos sus lugares emblemáticos en tren.

Luego de toda esta información, bien vale la pena comprobarla y de seguro el metro le dará la bienvenida. Al final del recorrido, conocerá mejor a China.

* Corresponsal jefe de Prensa Latina en China.