La rebelión popular en el departamento de Cajamarca iniciada el 24 de noviembre es un tema candente para el gobierno de Ollanta Humala. La lucha de la región es el conflicto mas serio que debe enfrentar por el momento el flamante gobierno peruano. Esta movilización popular es el ejemplo mas concreto de las contradicciones sociales entre ofrecimientos demagógicos y hechos concretos. 

Las falsas expectativas electorales se han derrumbado y ahora el pueblo tiene que luchar contra un gobierno que se presentó disfrazado de “izquierda” y nacionalista pero que en la práctica no es otra cosa que la continuación de los anteriores regimenes antipopulares y entreguistas.

Humala, quien en su campaña electoral había prometido a la población cajamarquina oponerse a los contratos mineros, ha dado luz verde para que esta transnacional ejecute su proyecto mortal para la región. El pueblo en rebelión no cae en la trampa que el gobierno le ha tendido bajo la fórmula de “suspensión” del proyecto minero Conga.

La “suspensión” es una clara treta del gobierno para ganar tiempo y desactivar la tensión social. Por ello, junto con anunciar esta “suspensión”, el gobierno ha dicho, que “hará cumplir a cabalidad el principio de autoridad, recuperando el paso vehicular y de transeúntes, así como garantizar el respeto a la propiedad privada”…

El 29 de noviembre Yanacocha “suspendió” por el momento el proyecto de extracción minera en Cajamarca para “abrir el dialogo”. Los dirigentes de Cajamarca han rechazado esta propuesta y exigen que el gobierno dicte una ley en la que se especifique la cancelación definitiva de este proyecto minero que amenaza la existencia agrícola y ganadera de la región. El mismo 29 de noviembre Wilfredo Saavedra, presidente del Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca, afirmó que el paro continuará “con más fuerza”.

Saavedra exigió que se declare inviable el proyecto Conga. “No aceptamos ninguna mesa de diálogo, necesitamos una solución política”, puntualizando además, que la lucha se extenderá a otras regiones como Amazonas, Piura, La Libertad y Lambayeque.

El 17 de noviembre el presidente Humala rechazo la posición de la población y amenazadoramente dijo: “No podemos entrar a posiciones extremas y eso hay que hacer entender a la población”. No encontró justo el reclamo de la población que se opone a que esta transnacional minera contamine los lagos, ríos y el medio ambiente con el peligro de destruir la agricultura y la ganadería actividades ancestrales en esta región.

De la misma forma que durante el régimen fujimorista o durante el gobierno de Alan García, la prensa escrita, radio y la televisión hacen campaña para desprestigiar a los dirigentes cajamarquinos. Son acusados de “agitadores profesionales”, “ultras”, “terroristas” y hasta “agentes del fujimorismo”. Hasta el “socialista” Javier Diez Canseco salió al frente para defender al gobierno. Para ello esgrimió el ridículo argumento de que elementos ligados al ex gobernante Alberto Fujimori azuzaban el conflicto.

El balance de esta lucha comienza a crecer y ello muestra que el gobierno, como en otras épocas trágicas de este país, solo recurre a la represión para defender los intereses de las transnacionales. Por lo menos media centena de pobladores han sido heridos por balas de las fuerzas represivas del gobierno. Algunos de ellos seriamente heridos. En respuesta a esta agresión el local de la minera Yanacocha fue incendiada por la turba enardecida que reclama justicia. El 30 de noviembre los huelguistas incendiaron nueve vehículos en la carretera Cajamarca-Bambamarca. Más de 15 mil comuneros provenientes de las provincias de Hualgayoc y Celendín salieron a la calles para exigirle al gobierno “Agua sí, oro no”.

El proyecto Conga en Cajamarca hace parte de la extensión minera de la empresa Yanacocha considerada como la más grande empresa minera de America Latina. Yanacocha es propiedad de la transnacional Newmont Mining Corporation (51,35%), además de otros socios como la Compañía de Minas Buenaventura (43.65%) e International Finance Corporation (5%).

En las últimas elecciones generales la empresa Yanacocha, a través de su ONG “Reflexión Democrática” financió la campaña electoral de 22 candidatos al Congreso, entre ellos varios representantes de Perú Posible, la organización que ahora es socia del gobierno de Ollanta Humala. El dicho popular señala que “el que paga manda”. Esto tiene relación con la cerrada posición del actual presidente para defender los intereses de esta transnacional.

El 17 de noviembre Humala dijo: “No podemos entrar a posiciones extremas y eso hay que hacer entender a la población”. Al mismo tiempo en forma amenazadora advirtió que su gobierno “no aceptará ultimátum alguno”, en referencia a la movilización popular de resistencia al proyecto minero.

En un reciente artículo Gustavo Gorriti se refiere al Estudio de Impacto Ambiental del proyecto Conga publicado por el Ministerio de Ambiente. El informe señala entre otras cosas que este proyecto minero “contiene graves objeciones ambientales al medio ambiente” y que contradice en “forma contundente al ministerio de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi. Este ministro, del mismo grupo (Gana Perú) de Ollanta Humala, declaró el 21 de noviembre que el proyecto Conga, “es correcto y tiene el visto bueno del ministerio del Ambiente”.

Entre algunas de las objeciones hechas por el Ministerio del Ambiente, es aquella que se refiere a que la ejecución de este proyecto minero hará peligrar las lagunas de este territorio, y que “transformará de manera significativa e irreversible la cabecera de cuenca, desapareciendo varios ecosistemas y fragmentando los restantes, de tal manera que los procesos, funciones, interacciones y servicios ambientales serán afectados de manera irreversible”.

En este conflicto Humala está actuando de la misma forma que lo hizo durante su campaña electoral. Ambiguo, mentiroso y sin escrúpulos. En junio de este año Ollanta Humala fue la figura central de un mitin de campaña electoral en la ciudad de Cajamarca. Ahí se refirió al problema de la minera y sus estragos en contra de la población de esta región. Entre plausos y vivas de sus futuros electores dijo: “Ese es mi compromiso con todos ustedes, el problema del agua tiene que ser resuelto y por eso nuestro compromiso es con la defensa todo Cajamarca. Tenemos que defender la patria, de tal manera que no venga la minera a agarrar territorio donde son colchones acuíferos”.

Así con este tipo de discurso demagógico se hizo de la presidencia del país. A los pocos meses de sentarse en el sillón presidencial arrojó a la basura sus promesas electorales, y amenazadoramente señaló que los contratos firmados entre el gobierno anterior y las transnacionales se “respetaran”. Uno de esos convenios firmados es el proyecto minero Conga de la empresa Yanacocha.

Desde el inicio de este conflicto, Humala ha intentado pasar como verdades groseras falsedades. Los falsos argumentos del presidente están dirigidos exclusivamente a defender los intereses de la empresa Yanacocha. Por ejemplo señaló que su gobierno tiene como objetivo “mejorar cualitativamente la relación entre el Estado, la minería y las poblaciones” y que el proyecto Conga dará recursos para la “gran transformación” y los programas sociales del gobierno”.

En Perú nadie desconoce que la industria minera en manos de las transnacionales no reporta ningún beneficio para el pueblo. Las enormes ganancias son exportadas a sus matrices imperialistas, y lo que queda para el país se distribuye entre los grupos de poder y las corruptas clases políticas en el poder. Gregorio Santos, presidente regional de Cajamarca, desmintió a Humala y señaló que “no es cierto que el proyecto Conga vaya a financiar la gran transformación; no es una alternativa para las comunidades… las declaraciones del presidente no contribuyen a generar el ambiente de diálogo y favorecían a intereses empresariales”.

Las perspectivas más inmediatas es que la lucha de Cajamarca se amplíe a otras regiones y departamentos mineros. Ahora mismo en el Moquegua (sur del país) la población se prepara la luchar contra el proyecto minero Quellaveco que hace peligrar las aguas y la agricultura de la región. La rebelión en Cajamarca está mostrando que las perspectivas de lucha del pueblo peruano son enormes.