Con el poder de concreción que se encamina hacia mucho más que un cementerio, el Grupo Ventilla de Carlos Ferreira Lema ya logró exitosamente unir lo mejor de las costumbres en el altiplano con una proyección económica social, la que ahora quiere insertarse en la unión entre el Atlántico y el Pacífico vía El Alto de Achocalla, con flujos financieros propios, provenientes del cementerio que es una realidad en 36ha (pradosdeventilla.com), y de los que vendrán de urbanizaciones con planimetrías aprobadas en aprox. 180ha, Urbanizaciones Montero, Los Castores, Arriendo Grande, Arriendo Chico y Magdalena de Cayo, todas en Achocalla con diferentes alturas, cuyas ventas respaldarán la construcción de una Terminal Terrestre de Buses de 9ha, para el Mercado Central de Abasto 11ha, para el Multiandino 4ha y para la Feria Metropolitana 32ha.

El 2 de noviembre asistí el vaivén de 40mil personas con toda comodidad en buses, automóviles, camiones, los que disponían de estacionamiento, incluso en algunos casos al lado de las tumbas, y de las que unas 20mil personas permanecían en forma continua en el cementerio moviéndose en la inmensidad de la pampa altiplánica, cortada con esbeltos pinos y mausoleos de muchos tipos que se elevan, reflejando un verdadero Parque situado en Ventilla. Verdes pastos que luchan por no morir con la sequedad y el frío de El Alto, mientras la tierra abriga a los que ya dejaron la vida.

Hace 20 años era nada, pura tierra sin interrupciones en su perspectiva y hoy parece un gran salón abierto, cerca del cielo a 4 mil metros de altura, donde todo es amplio, mientras los muertos están en sus tumbas, cercanas a lagos con patos y con pica flores que vuelan en sus alrededores.

Ahí está la extensión entre cuatro puntos cardinales que permite a los dolientes acompañados de sus familiares, amigos y niños, recordar, festejar, compartir con los que partieron dentro de sus más exclusivas tradiciones, con conjuntos musicales variados, recitis, y costumbres que incluyen mesas llenas de tanta wawas, varas de cañas, piñas, plátanos, papayas, flores diversas, carnes de res, cordero, chancho, todo en forma muy colorida y contrastando con lo que debería expresar sólo tristeza. Cuando en realidad es una constelación que favorece a la alegría del no olvidar a sus queridos muertos. Esto únicamente es posible en el Parque Cementerio Prados de Ventilla, gracias a la visión que tuvo su propietario. Era un sueño con características absurdas para muchos empresarios, al presente realidad exitosa como actividad de alto rendimiento para quien lo ideo y para la población altiplánica, al mismo tiempo de que ésta mantenga sus costumbres, y lo más importante, acomodadas en un ambiente cada vez más arborizado.

Una inmensidad cada vez más verde, en la que se integrará un proyecto que traerá a El Alto de Achocalla mucho movimiento económico y social, parte del eje interoceánico central Atlántico-Pacifico, con recursos propios.