París y Berlín, (PL).- El 23 de noviembre partió de Francia un tren cargado de desechos vitrificados de combustible atómico. Ambientalistas alemanes bloquearon el 27 de noviembre el avance del cargamento altamente radioactivo que tiene como destino la localidad de Gorleben, al norte de Alemania.

El 23 de noviembre, cientos de miembros de organizaciones defensoras del medio ambiente de Francia se reunieron en la localidad francesa de Valognes, Baja Normandía, de donde debía partir un convoy con desechos nucleares con rumbo a Alemania. En el lugar también se concentraron contingentes de las fuerzas del orden con el objetivo de impedir la colocación de obstáculos que afecten la marcha del tren. Las autoridades anunciaron medidas excepcionales, como la prohibición de manifestaciones en la localidad de Valognes y la concentración de personas a una distancia de 500 metros a un lado y otro de la vía férrea, informó hoy el diario Liberación.

El convoy partió de la planta de tratamiento de material atómico de Beaumont-Hague, en el departamento de La Mancha. El tren transporta 11 contenedores del tipo denominado Barriles para Almacenamiento y Transporte de Material Radiactivo (Castor, por sus siglas en inglés), con desechos vitrificados de combustible atómico, muy peligrosos por su alta carga radiactiva. Dicho material contiene un porcentaje de plutonio, un elemento muy peligroso porque demora millones de años en degradarse y durante todo ese tiempo libera radiaciones. El plutonio no existe en estado natural, pero surge durante la fisión nuclear.

La empresa Areva, encargada de procesar y transportar el material, indicó en un comunicado que los contenedores Castor están construidos para soportar caídas de nueve metros, temperaturas de hasta 800 grados centígrados o una inmersión de 200 metros.

En Francia, uno de los países más nuclearizados del mundo, transitan cada año una gran cantidad de depósitos con contenido peligroso, de los cuales 900 mil son radiactivos para uso médico o industrial. Los restos del combustible atómico, como los que transportará este tren, son los más temibles porque contienen elementos de una muy lenta degradación y durante millones de años pueden despedir radiaciones dañinas.

La red Salir de lo Nuclear y el colectivo Valognes Stop Castor denunciaron que el ferrocarril transitará por las mismas vías donde lo hace el transporte de pasajeros y mercancías, lo cual entraña un riesgo mayor.

El 23 de noviembre, la policía francesa lanzó gases lacrimógenos contra decenas de manifestantes que intentaban bloquear el convoy con desechos nucleares. Los agentes dispersaron a los activistas antinucleares concentrados a lo largo de la línea del ferrocarril y detuvieron a por lo menos cinco de ellos.

En 2010 un convoy parecido demoró tres días en alcanzar la frontera con Alemania debido a las protestas organizadas durante su trayecto. El nuevo traslado de residuos nucleares constituye el duodécimo que se transporta por vía férrea desde Francia a Alemania, y aunque el actual trató de efectuarse en secreto, no impidió la acción de los activistas antinucleares.

El 24 de noviembre, el tren con desechos nucleares continuaba viajando hacia Alemania, luego de una demora de varias horas por las manifestaciones de protesta de grupos ecologistas el día anterior. Sin embargo, el 27 de noviembre, las protestas de ambientalistas alemanes bloquearon el avance del tren.

Los manifestantes colocaron bloques de hormigón en varios puntos de la vía férrea y muchos organizaron sentadas sobre los carriles, principalmente, en la localidad de Harlingen, próxima al destino final del cargamento de desechos. Cerca de Gorleben, una manifestación de miembros del grupo ecologista Greenpeace consiguió encadenar durante seis horas a varios de sus integrantes a las vías, hasta que fueron desplazados por la policía.

De acuerdo con la televisión local, el convoy de 11 contenedores apenas logró avanzar en la última noche y las primeras horas de este domingo, pese a la vigilancia de unos 21 mil agentes policiales. Inicialmente estaba previsto que el controvertido cargamento llegara a su destino final este domingo, pero aún se desconoce en qué momento pudiera tocar la última parada en Dannenberg, para continuar luego en camiones hasta el cementerio de desechos.

Analistas consideran demasiado inseguro el depósito de desecho atómico de Gorleben, ubicado a 800 metros de profundidad bajo un salar en la antigua frontera con la extinta República Democrática Alemana.

El envío, que actualmente transita un tramo de dos mil kilómetros en territorio germano, es el último procedente del Estado galo, según fuentes oficiales.

Alemania sigue recuperando los residuos enviados del extranjero para su procesamiento, pese a que cinco años atrás el Gobierno y las compañías energéticas acordaron poner fin a esas prácticas.