El Cairo, (PL).- Fuerzas antimotines y manifestantes se enfrentaron este miércoles en distintas regiones de Egipto, aunque la capitalina plaza Tahrir volvió a ser referente del descontento generalizado hacia la Junta Militar y la represión policial, causante de 35 muertos. Miles de personas continúan reclamando la renuncia inmediata de la Junta Militar, al considerar “demasiado tardía” la oferta de someter a referendo su gestión política.

El 22 de noviembre, decenas de miles de personas comenzaron a movilizarse en distintas ciudades de Egipto para participar en la denominada “marcha del millón”, convocada por organizaciones políticas para presionar por una rápida y definitiva transición democrática. En respuesta a la convocatoria de la Coalición de Jóvenes de la Revolución y una decena de movimientos políticos y sociales, los egipcios preparaban una multitudinaria demostración de descontento contra el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA).

La manifestación del martes, un día inusual para ese tipo de protestas que suele hacerse los viernes, hace pensar en que esta nación árabe reviva las jornadas de revueltas populares que llevaron a la renuncia del presidente Hosni Mubarak, el pasado 11 de febrero. El lema de esta movilización es “marcha del millón por la salvación nacional”, en referencia a la propuesta de varias fuerzas políticas y de organizaciones cristianas para que se cree un gobierno de ese corte que sustituya a la Junta Militar en el poder.

La cúpula castrense de Egipto llamó a todas las fuerzas políticas a un “diálogo urgente y nacional” para discutir la actual crisis y detener los enfrentamientos violentos. Muchos atrincherados en Tahrir y líderes de otras formaciones criticaron la decisión de la HM, aunque aseguraron que muchos islamistas confirmaron mediante redes sociales que se sumarán a la protesta, al menos a título individual. Los inconformes consideran al jefe del CSFA, mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, una prolongación del régimen de Mubarak, del cual fue ministro de Defensa durante más de 20 años y, por ello, exigen su renuncia para que entregue el poder a los civiles.

Al respecto, reprochan a los militares que incumplan su promesa de entregar el poder seis meses después de la caída de Mubarak o a finales de este año, además de que el CSFA presiona ahora para garantizarse derechos constitucionales y supremacía frente a órganos civiles. Los manifestantes demandan acciones para transformar al Ejército en una institución que se dedique a defender la soberanía del país, en lugar de gobernar o asumir funciones políticas y administrativas.

El movimiento juvenil 6 de Abril acusó a la cúpula militar de “estar usando la máscara de Mubarak”, y otras agrupaciones compararon la represión policial con la de los días de las revueltas de enero y febrero, cuando murieron más de 850 opositores al antiguo régimen.

Organizadores de la demostración esperan una masiva respuesta popular también en Alejandría, Suez, Puerto Said, Qena, Assiut, Aswán, Ismailia, Tanta, Gran Mahalla, Menoufiya, Sharqiya y muchas más ciudades, pese al boicot de la influyente Hermandad Musulmana (HM).

El peligroso deterioro de la situación en El Cairo obligó al Ejército a asumir la protección del Ministerio del Interior, en cuyos alrededores se focaliza la acción más violenta de la policía contra inconformes acampados en la plaza Tahrir, situada a escasos metros. Prensa Latina pudo comprobar que las escaramuzas ganaron en intensidad ayer en la tarde en la calle Mohamed Mahmoud, ahora convertida en una suerte de frontera entre activistas y uniformados por ser una vía directa hacia el referido ministerio.

Los opositores que demandan la renuncia del CSFA crearon tres niveles de barricadas aprovechando hierros, mobiliario dañado, vallas policiales, contenedores de basura y escombros para bloquear el acceso a la plaza. Por quinto día consecutivo, la atmósfera en esa zona de la capital seguía irrespirable debido al cúmulo de gases lacrimógenos disparados por la policía para mantener a raya a los activistas que, como cuando la revuelta contra Hosni Mubarak, se atrincheraron en Tahrir.

Tanto en la emblemática plaza como en sus alrededores uno de los negocios más rentables es desde hace días la venta de máscaras antigas, a un equivalente de casi dos dólares, que utilizan los manifestantes para resistir el clima asfixiante.

En medio del caos y el nerviosismo por la probabilidad de un nuevo desalojo violento de la policía, los acampados desde el viernes en Tahrir coordinan la atención con primeros auxilios en hospitales de campaña a los heridos, básicamente por heridas y síntomas de asfixia.

De acuerdo con datos actualizados por el Ministerio de Salud, desde el sábado murieron 35 personas, algunos por heridas de balas reales, otros por golpes, asfixia por la inhalación de gases lacrimógenos y otras causas, además de unos 1.700 heridos de distinta consideración. Las autoridades sanitarias precisaron que del total de muertes violentas, 31 ocurrieron en El Cairo, dos en Alejandría, una en Ismailia y otra en Marsa Matruh, en el noroeste.

Por otro lado, se comenzaron a estructurar turnos de vigilancia nocturno y, amén de negociantes que aprovechan la lamentable coyuntura para vender cuanto sea menester, crece la solidaridad de personas de estratos más acomodados que donan agua, alimentos, mantas y medicinas.

La creatividad volvió a ser un aliciente para los manifestantes que lo mismo escriben carteles con ocurrentes caricaturas de Mubarak y el jefe del CSFA, Mohamed Hussein Tantawi, pasándose secretos, que hacen montajes de fotos de líderes de gobiernos árabes autoritarios.

Colgado del poste de un semáforo ahora inutilizado en Tahrir, jóvenes colocaron un muñeco vestido de uniforme militar verde olivo -que antes zarandearon en multitudinaria marcha- con un mensaje lapidario: “el pueblo demanda la caída del mariscal”.

Miles de personas continúan reclamando la renuncia inmediata de la Junta Militar, al considerar “demasiado tardía” la oferta de someter a referendo su gestión política. La consigna de “él que se vaya, nosotros no nos vamos” predominó en plazas y calles en el sexto día consecutivo de demostraciones contra el CSFA y el quinto de enfrentamientos en El Cairo, Alejandría y otras ciudades.

Muy lejos de tranquilizar, el discurso del jefe del CSFA, mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, soliviantó a los inconformes que decidieron retomar la emblemática plaza Tahrir como tribuna para expresar frustración con el lento avance de la transición democrática.

“Ahora es demasiado tarde, tuvieron nueve meses para convencernos de que trabajaban en serio por la democracia y la revolución (como llaman a la revuelta que derrocó a Hosni Mubarak)”, declaró a Prensa Latina Nihal, una joven abogada que lleva dos días atrincherada en Tahrir.

Tantawi compareció para anunciar que se acordó crear un gobierno de salvación nacional, que habrá elecciones presidenciales antes del 1 de julio de 2012, y que se mantiene el calendario para los comicios parlamentarios del 28 de noviembre. En su alocución, el exministro de Defensa de Mubarak dijo que “el Ejército no quiere el poder (…) y pone los intereses del pueblo por encima de cualquier otro. Esta dispuesto a dejar sus responsabilidades de inmediato, si el pueblo lo decide en un referendo”.

Con zapatos en mano, un gesto común en el mundo árabe para expresar desprecio, manifestantes rechazaron extender por otros siete meses la tutela militar del proceso de transición, y desafiaron en las calles gases lacrimógenos y disparos de balas de caucho de la policía.

Alejandría, la segunda ciudad del país, registró los incidentes más violentos la pasada noche, con al menos un muerto, aunque en esta capital hubo nuevas escaramuzas entre activistas y uniformados, sobre todo cerca del Ministerio del Interior, literalmente blindado.

Haitham, un profesional que alterna desde hace tres días su jornada laboral con activismo en Tahrir, mostró decepción porque “esperábamos más” del CSFA, y cuestionó que se haga un referendo para una autoridad que fue “indicada por el impopular rais (presidente) Mubarak”.

Entretanto, la tensión prevalece este miércoles en el país, aunque en zonas de El Cairo sólo las conversaciones y el cierre de algunos comercios hace notar la compleja coyuntura, agravada por divisiones entre fuerzas políticas y sociales de cara a los próximos comicios.

Si bien muchos islamistas de corriente salafista y de la propia Hermandad Musulmana (HM) asistieron el martes, a título individual, a la denominada “marcha del millón”, la postura oficial de ese movimiento amenaza su amplia popularidad y, peor aún, el curso de las protestas.

Miembros de la HM están negociando con el CSFA una salida a la crisis, pero a partir de su interés de que bajo ninguna circunstancia se aplacen las legislativas del lunes en las que aparecen como amplios favoritos, una realidad que podría revertirse de modo súbito.

* Corresponsal de Prensa Latina en Egipto.