En el curso-taller “Fund Raising” del profesor Dr. Jurgen Carls dado por INFOCAL, me permití sugerir la presentación de una idea de Proyecto basado en plantar árboles. Para lo cual me colaboraron Jasmine Sealy y Marco Santillan en la elaboración de un Marco Lógico que tenga como objetivo general la concientización de la población boliviana sobre el medio ambiente, basado sobre todo en un plan piloto de arborización intensiva, contrariamente a lo que asistimos actualmente en el país.


El propósito es evitar la desertificación y al mismo tiempo mitigar la emisión de CO2, paralelamente a disponer de árboles multipropositales, es decir para madera, medicinas y frutas, puesto en marcha en América Central con el nombre de “Madeleña” y para el que Carls recaudó fondos.

Para mí este es un tema antiguo, ya que en 1982 durante el simposio “Ecología y Recursos Naturales en Bolivia”, Centro Portales, uno de los expositores señaló “la quema de bosques para trabajos agrícolas debe prohibirse de una buena vez, porque destruye las substancias alimenticias para la formación del humus, que es el mejor abono. La ceniza resultante de la quema de los bosques, es material alcalino que no sirve de abono y que impermeabiliza el terreno”

Definitivamente Bolivia es todavía país de árboles. Aproximadamente la mitad de su superficie está formada por bosques. Pero la situación está cambiando debido a la tala ilegal y la extensión del cultivo de soja, dijo el 2009 un fabricante holandés de parquet, quien hace 10 años compró un bosque en el país e instaló una fábrica que utiliza el bosque de manera sostenible, para qué se regenere. La empresa no tiene suficiente con su bosque, por lo que adquiere más del doble de madera adicional de los bosques que están bajo custodia de las tribus indígenas, que también cultivan en forma sostenible y preferirían tener su propio aserradero en el pueblo y vender la madera al mercado a precios más asequibles. Mientras tanto el holandés no cree en la supervivencia del bosque boliviano. En torno a su empresa constata no sólo la desaparición de árboles por la tala ilegal, sino también por la llegada de los cultivadores de soja, a quienes no les interesa la madera (En Santa Cruz son los soyeros, en Cochabamba y los Yungas paceños los cocaleros). No les importaría derribar los árboles con bulldozers, porque así extraerían también las raíces del suelo. “Y lo que queda, lo queman,” Para las comunidades indígenas, la llegada de los cultivadores de soja ofrece una breve prosperidad, dejando luego suelos empobrecidos. Después, las comunidades indígenas vuelven a su vieja pobreza, pero sin bosques.

Por lo que es importante incentivar de todas maneras la plantación de arboles en todo Bolivia sobre la base del potencial de los bosques naturales de Bolivia para la producción forestal permanente, ver el proyecto Manejo Forestal Sostenible (BOLFOR) con el co-financiamiento de la consultoría de E. Dauber, elaborado el 2000.