Moscú, (PL).- A 186 años de su sede actual, el Teatro Estatal Académico Bolshoi muestra su mejor cara, completamente modernizado y con una minuciosa reproducción de la obra de sus arquitectos fundadores.

La historia de la sede del Ballet Bolshoi, creada por el príncipe Peter Urasov y el empresario inglés Michael Maddox, en 1776, tuvo sus inicios en el teatro Petrovski hasta ocurrir un incendio en 1805. Tras el desastre, se edificó la actual por el arquitecto Osip Bovet, inaugurada el 18 de enero de 1825. La compañía, una de las más famosas del mundo, actuó allí hasta que en 1853 otro siniestro causó serios daños al inmueble.

En 1856 el arquitecto italiano Alberto Cavos, hijo del compositor de ballet ruso Catterino Cavos, diseñó la estructura que perdura hasta nuestros días, similar a un violín, incluida la acústica empleada para ese instrumento.

Casi todo la madera del entorno de la sala de conciertos tiene una resonancia especial, mientras el piso -en el área de espectadores- fue montado en un colchón de aíre para garantizar un mejor sonido, y las paredes se rellenaron con papier-maché.

Cavos ideó, además, una especie de tambor acústico para ubicar el foso de la orquesta. Todo eso distinguió al Bolshoi en los primeros lugares del orbe, en cuanto a sonoridad, para su época.

En 1904 aparecieron grandes grietas en el techo y el piso de la sala de conciertos, rellenados con concreto. Después del traslado de la capital rusa a Moscú, en la década de 1920, el teatro fue empleado para reuniones y congresos importantes.

La sala aumentó su capacidad de mil 740 a dos mil 187 y el tambor de la orquesta fue rellenado con cemento, las paredes reforzadas con yeso y otros materiales, lo cual incidió drásticamente en su acústica.

Tras la II Guerra Mundial, el Bolshoi acusó destrucciones, pero fue rápidamente reparado para continuar como sede de las actuaciones de la a compañía de danza clásica.

En 2005, se encontraba en paupérrimas condiciones, con grietas del grosor de hasta un puño en su entrada. La reconstrucción debía durar apenas tres años, pero se extendió a seis.

La cifra de gastos planificada sobrepasó en 16 veces y alcanzó casi 21 mil millones de rublos (unos 687 millones de dólares), e incluyó el cambio total (a mano) del relleno de la base, para montar una completamente nueva, otro tanto ocurrió con el techo. De esa forma, los trabajos de construcción y nueva obras ingenieras, como resultado de los cuales el teatro duplicó su área, hasta los 80 mil metros cuadrados, se extendieron hasta 2009 y sólo entonces iniciaron sus labores los restauradores.

En la recuperación de la imagen del teatro, como lo ideó Cavos en el siglo XIX, trabajaron 956 restauradores en el interior del edificio y otros dos mil en talleres para producir piezas únicas.

En la cobertura de 981 metros cuadrados de paredes, lámparas y relieves se emplearon 4,5 kilogramos de oro, y los lustros del salón central, de dos toneladas y media cada uno, fueron bañados con oro 960, según los responsables de la obra restauradora.

Respecto a la acústica, la misión de la constructora SU-155, incluida en el Grupo Summa, era ampliar el espacio útil del teatro, lo cual se logró mediante la creación de una zona adicional subterránea.

El Bolshoi cuenta ahora con seis pisos subterráneos que se extienden a una profundidad de unos 20 metros , donde se instaló una de las maravillas de la técnica teatral moderna: cinco escenarios móviles que se deslizan mediante un complejo sistema de cadenas.

De esa forma, el teatro -cuyo escenario posee 21 metros de ancho por 21 de profundidad y una altura similar a la de un edificio de seis pisos-, puede transformarse en una sala de conciertos de 300 personas, un área de ensayos o un recibidor para actos.

La sofisticada construcción, totalmente computarizada, al igual que el resto de las instalaciones, permite montar escenografías de cinco espectáculos simultáneamente.

Para su reestreno hoy se ensayó la ópera Ruslan y Liudmila, del compositor ruso Mijail Glinka, y el ballet Cenicienta. La gala de inauguración contó con la presencia de destacadas figuras internacionales.

El presidente Dmitri Medvedev, el primer ministro Vladimir Putin y la Canciller Federal alemana, Angela Merkel, estuvieron entre los estadistas presentes en la reapertura, para la cual la presidencia rusa se encargó de controlar la relación de invitados.

Al menos tres compañías germanas laboraron en la base y la acústica del edificio remodelado. La dirección del teatro debió, incluso, refutar versiones de que las entradas de la platea para la ceremonia se vendían a dos millones de rublos (unos 65 mil dólares).

También anunció que para el primer estreno al público, en noviembre próximo, esta contemplada la opera Boris Godunov, con una de las escenografias más complejas del repertorio del Bolshoi, y el ballet Cascanueces.

Los boletos de la platea se venderán a un precio de tres mil rublos (unos 100 dólares), mientras se mantiene una cuota de 396 boletos a 100 rublos (poco más de tres dólares) para familias de bajos ingresos, aclaró el director del Bolshoi, Anatali Iksanov.

En el sótano funcionará un salón de ensayos de coros y orquestas que también puede ser empleado para programas de concierto. Cerca de las paredes de aislamiento, para evitar las vibraciones del paso de un metro cercano, se instalará un estudio de grabaciones.

La inauguración de la obra de arte rusa fue transmitida en vivo a 36 países por Youtube y se montaron unas 600 salas de cine con imágenes directas de los detalles de la ceremonia de gala.

Los gastos del primer día del longevo teatro con cuerpo moderno ascendieron a unos 120 millones de rublos (más de cuatro millones de dólares).

La Plaza de Teatros moscovita respira de nuevo con orgullo, al presentar una nueva atracción para Rusia y el mundo, una sede digna para una de las mejoras compañías de ballet del orbe.

* Corresponsal de Prensa Latina en Moscú.