Montero, (ABI).- Este año, los cañeros estiman una subida de la cosecha de caña de casi 40%. Se desarrolla la industria del azúcar blanco y crudo, ron, alcohol o melaza y varios tipos de productos derivados de la caña en el Norte Integrado de Santa Cruz.

Producir azúcar demanda un tratamiento largo, desde la plantación de tallos en la tierra hasta la venta del producto acabado. La planta necesita de una media de 12 meses para alcanzar la altura madura, de 2,5 a 3 metros. De mayo a octubre, los cañeros proceden a la cosecha manual o mecanizada en función del dueño y del número de hectáreas.

“Las cañas crecen en la región gracias al clima tropical. Pero eso significa también que los cañeros están a merced del tiempo (clima). Con la sequía de 2010 o con la epidemia de la plagas, han perdido mucho dinero”, explica el director de ingenio azucarero Guabirá Mariano Aguilera.

Un propietario cuenta: “Durante 6 meses contraté 30 obreros para cortar las cañas con un machete. El azúcar se concentra en el bajo del tallo. En la temporada seca se cosecha hasta 4 toneladas al día”.

Un camión llega para llevar la cosecha hasta las instalaciones. El proceso toma tiempo. “Debemos darnos prisa para convertir las cañas. En menos de 10 días pueden perder casi todo su contenido”, explica un técnico de Guabirá. “Por cada cosecha analizamos un extracto para detectar la calidad de las cañas”, agrega.

El laboratorio constituye la primera etapa del proceso. El ingeniero químico de Guabirá dice: “la calidad del azúcar depende de la constitución de la tierra. Es muy importante analizar el extracto de la cosecha para saber lo que podría producir, sobre todo al nivel de la concentración de azúcar”.

Ya empieza la transformación de las cañas: despedazada, molienda, apuración con calefacción, eliminación del agua con vapor para obtener un jarabe. “Los obreros trabajan en un ambiente que puede llegar hasta 40 grados, con mucha humedad”, comenta una coordinadora de los equipos obreros. “Con un cambio de la temperatura, se puede perder bastante materia. La máquina funciona 24 horas sobre 24, pues no puede pararlas para arreglar algún problema”, apunta.

El jarabe está ya calentado con una presión baja para cristalizar y por una turbina, los cristales son separados de la masa. El proceso de malaxar con las turbinas puede repetir tres veces para obtener varios tipos de azúcar. Al final, los cristales de azúcar se secan, de nuevo, con vapor.

Última etapa: se embolsa el azúcar para la venta. Ahí se produce también alcohol con el proceso de añejamiento de la miel, substancia que se separa de las cañas durante el tratamiento.

¿Y las condiciones de trabajo de los obreros?

Nadie contradice: el trabajo en las cañas es difícil. Cortar tallos de dos metros de altura bajo el sol todo el día requiere esfuerzos físicos. Un obrero explica: “Llegamos temprano al campo, recibimos el sueldo en función de la cantidad de toneladas de caña que cortamos. Hay que ser eficaz y apurarse, con el cansancio diario, a veces es difícil seguir concentrado”. A menudo, vienen de Sucre o Potosí por la temporada de cosecha. Trabajan sin guantes con ritmo sostenido. No se benefician de protección social.

La situación podría evolucionar. El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) introduce actualmente una nueva norma en la actividad agroindustrial y forestal para llegar a un trabajo “socialmente responsable”. Según la apelación “Triple Sello”, la organización intentó eliminar el trabajo infantil, el forzado y todas formas de discriminación. Recibe el apoyo entre otros de Unicef, de la Gobernación Departamental y de una fundación holandesa.

“Hoy se entrega certificados a los cañeros que han respetado las reglas. Están muy orgullosos, han trabajado mucho para llegar a este filosofía de trabajo”, relata uno los organizadores de IBCE. “Esperemos cambiar las mentalidades poco a poco. Sabemos que no es fácil, pero queremos mostrar que otro tipo de trabajo es posible”.

En las fábricas se nota una evolución en el funcionamiento. Aún el trabajo queda difícil con el calor y el ruido, los obreros se benefician de un horario fijo. “Trabajamos 8 horas al día: 6-14h por el primer torre, 14-22h por el segundo y 22-6h por el ultimo. Siete días sobre siete”, cuenta una obrera.

“Cada domingo cambiamos de torre. Así podemos organizarnos con la familia”. Además, algunas organizaciones cañeras proponen cargas sociales. Permite ayudar con bonos por la educación o por la salud. “Queremos desarrollar toda la región con las cañas”, expresa el jefe Aguilera de Guabirá. “No hablamos aquí de aumentar el rendimiento pero sí de tomar sus responsabilidades sociales. Muchas mejoras pueden llevar a cabo en la educación o en la alimentación, por ejemplo”, reseña.

Este año deja muchas esperanzas a los cañeros. Ya las mejores condiciones climáticas suponen cosechas más importantes. IBCE habla de una exportación de 2 millones de quintales de azúcar hasta julio. Representa 78 millones de dólares, situación que no ocurría largo tiempo en Bolivia. Asegura el mercado interno hasta la próxima zafra en abril de 2012.

Por otro lado, se anota nuevo aporte de las cañas. Lograr mezclar varios tipos de producción a partir de las cañas. Ya el residuo de los tallos sirve para engordar vacas. Produce alimento a la época seca donde no hay mucho pasto. “De 3.000 animales, llegamos ahora a funcionar con una capacidad de alimentación por 14.000 animales al día”, explica el Jefe de Guabirá.

Luego, el tratamiento de las cañas genera energía eléctrica. “Todas las instalaciones que observan aquí en el edificio de la parte administrativa funcionan con la energía que produce la planta”, muestra el jefe de Unagro Winston Castillo Chávez. Igualmente, las cañas se utilizan como carburante natural. Sin gastar reserva alimenticia, el tratamiento permite producir gasolina natural.

Entonces, los cañeros bolivianos tienen todavía un comercio importante, tanto al nivel del alimento como en otro universo de consumo. Un futuro positivo hasta que el clima lo permite.