Hace poco escribí “Camino Corto” y ahora escribo “Camino Corto 2”, espero que esta historia del TIPNIS, la VIII Marcha Indígena, la Constitución, la represión, etc; llegue al equilibrio entre el mundo aislado de algunos pueblos originarios y la posibilidad de vías de comunicación.

Comprendo el sentir y pensar de algunos científicos, quienes en afán de proteger en un “laboratorio de conservación” el modo de vida que aún mantienen algunos pueblos originarios. Defienden a ultranza el no construir camino atravesando el TIPNIS.

Esos medio científicos se olvidan que hay jóvenes originarios que arriesgan su vida y caminan dias y llegan a las ciudades despues de pasar muchos sacrificios. Se olvidan que algunos de esos jóvenes se quedan en la ciudad, otros mueren o enferman, otros retornan (a pesar que también es difícil retornar pues no hay caminos).

Algunos retornan exitosos otros fracasados. Pero todos ellos traen “la ciudad” al habitat de los originarios…, y no por eso se les prohibe volver. También los medio científicos hablan de respeto a los pueblos originarios, y pretenden prohibirles el derecho a elegir comunicarse. Caramba, todo ser humano, sea originario o “civilizado” tiene derecho a elegir su modo de vida, ellos ya eligieron su modo de vida, han permitido la evangelización (desde la época de la Colonia española), han elegido las lanchas a motor para comunicarse por agua, la linterna, la gasolina. Es importante reconocer que de alguna manera estos pueblos han mantenido sus costumbres por estar incomunicados. Y lo incongruente es permitir seres que desean mantenerlos incomunicados para así retrasar el paso hacia este modo de vida. Creo debemos aprender de esos pueblos su facilidad en adaptarse al ambiente en el que viven ahora, y de seguro sabrán adaptarse al ambiente que les proporciona un país cobrizo e indio. Estoy seguro que los científicos y el Estado boliviano incentivarán para que miembros de esos pueblos mantengan su modo de vida. Creo es importante encontrar el equilibrio entre conservar pueblos y “congelar” pueblos; confío que el hermano presidente Evo logrará una solución equilibrada.

Si yo tuviera una hija de 13 años y para colmo estuviera tan rebuena que pareciera de 18, por supuesto que trataré de protegerla y ayudarla para que nada malo le pase, pero… en ningún momento le prohibiré salir o la encerraré en una campana de cristal. Si yo fuera padre de una adolescente así, yo no le quitaría su libertad de comunicarse, si tropieza o se cae, la ayudaría y curaría sus heridas.