Moscú, (PL).- Rusia y Estados Unidos parecen volver a las diferencias de antaño con un peligro palpable para la política anunciada en 2009 de reacomodar sus relaciones, cuando aparecen discrepancias en materia de seguridad y derecho internacional. La ampliación del escudo antimisil estadounidense en Europa y el cambio de tono de Moscú en el caso sirio ponen hoy en peligro de extinción al reacomodode las relaciones entre ambas potencias.

La ampliación del escudo antimisil estadounidense en Europa y el cambio de tono de Moscú en el caso sirio ponen hoy en peligro de extinción al reacomodo (“reset”) de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. Pese a las afirmaciones del presidente estadounidense, Barack Obama, de que la Casa Blanca mantendrá el curso del “reset” con cualquiera que sea el futuro inquilino del Kremlin, la realidad en el terreno se desarrolla en sentido contrario.

Dmitri Medvedev y Barack Obama anunciaron en junio de 2009 el llamado “reset” para mejorar sus relaciones, algo muy relacionado con la atención a las quejas de Moscú sobre el escudo antimisil de Washington en Europa. Obama aseguró que suspendía el programa acordado por la administración republicana de George W. Bush con Praga y Varsovia.

En tales circunstancias, se abrió la oportunidad para una negociación definitiva del Tratado de Limitación y Reducción de Armas Estratégicas (START-3), por el cual ambas partes se comprometieron a reducir sus arsenales a mil 500 ojivas nucleares por cada lado. Además, el acuerdo propone limitar los portadores, estratégicos o no, a un total de 800 por cada país, aún cuando se considera que Rusia estará por debajo de esa cifra dentro de apenas una década.

Pero la avenencia firmada para hacer cumplir sus postulados en el plazo de una década tuvo un punto difícil: Rusia exigió respetar la debida relación entre armas estratégicas ofensivas y defensivas, es decir, los sistemas anticoheteriles.

Los reiterados llamados de Rusia a que Washington y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acepten un compromiso vinculante de que la construcción del escudo antimisil europeo no será una amenaza para este país, sigue sin contar con respuestas concretas.

Pero mientras Moscú esperaba por una explicación convincente, Estados Unidos demostró que eran ciertas las filtraciones aparecidas en Wikileaks, tras la cumbre del consejo Rusia-OTAN de Lisboa, en noviembre de 2010, de que la OTAN preparaba un cerco a Rusia. El Pentágono, lejos de iniciar negociaciones con Moscú para una defensa europea mancomunada, en la práctica más bien aceleró la construcción del escudo antimisil en torno a Rusia.

Así, la Casa Blanca firmó acuerdos, por ahora, con Rumania, Polonia, Bulgaria, Noruega, Turquía y España para desplegar, tanto rampas de misiles interceptores y estaciones de radares, como buques cerca de sus costas con igual propósito.

Uno de los puntos que en junio de 2009 permitió a Obama y al mandatario ruso, Dmitri Medvedev, hablar del reacomodo de los nexos bilaterales fue el anuncio del primero de la suspensión del programa de desarrollo del sistema antimisil en Polonia y la República Checa.

Ello dio paso a la firma del Tratado de Limitación y Reducción de Armas Estratégicas (START-3), en abril de 2010, tras meses de pláticas, en las cuales uno de los temas más álgidos fue la necesaria vinculación de las armas estratégicas ofensivas con las defensivas.

Precisamente, la ruptura del equilibrio entre esos dos tipos de armamentos -los defensivos incluyen los elementos anticoheteriles- constituye uno de los argumentos por los que las partes pueden anunciar el abandono del START-3, algo que Rusia recuerda a menudo. Los planes acelerados de instalar los mecanismos del escudo antimisil no sólo en las tradiciones rampas de lanzamiento en tierra, sino también en buques, complica más aún ese asunto.

El Pentágono desarrolla el alcance de los cohetes navales SM-3, que en su versión original eran de corto y medio alcance, para ampliar su radio de acción a unos tres mil kilómetros, suficientes para desde el Mar Mediterráneo silenciar la artillería estratégica rusa. La aparición, además, de bases aéreas estadounidenses en Polonia, dotadas de cazabombarderos F-16, con capacidad para portar armas estratégicas, arrecian la preocupación y alarma de Moscú, comentan expertos citados por la prensa local.

En medio de esas circunstancias, Medvedev anuncia la candidatura del primer ministro, Vladimir Putin, para las presidenciales de marzo de 2012, un paso visto aquí como el inminente regreso de éste último al Kremlin en un tercer mandato. Putin siempre fue crítico de la libre interpretación de la OTAN de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad (CS) sobre Libia que permitió al bloque, bajo el pretexto de proteger a la población civil, bombardear ese país y forzar la salida de Muammar El Gadafi.

En tiempos cuando el Acuerdo de Defensa Antimisil (DAM) dejó de funcionar, con la salida unilateral de Estados Unidos en 2000, se hace necesario garantizar que ni Moscú ni Washington posean algún tipo de ventaja en el derecho de réplica en caso de ataques nucleares. Precisamente, ello constituye uno de los principales estamentos de la paridad nuclear y la política de disuasión que evita a ambas potencias la tentación de lanzar una ofensiva con el arma atómica.

Sin embargo, bajo el pretexto de contrarrestar un supuesto desafío coheteril de parte de Teherán y Pyongyang, Estados Unidos desarrolla una cadena de elementos de su sistema antimisil en Europa, que en la práctica se convierte en un verdadero cerco a Rusia.

En ese sentido, el representante ruso ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Bruselas, Dmitri Rogozin, se preguntó como era posible crear una defensa anticoheteril en el norte, cuando la presunta amenaza está en el sur.

Rogozin recordó que Bruselas se niega a aceptar algún tipo de compromiso vinculante para asegurar que su sistema de defensa europeo de ningún modo esta dirigido contra las fuerzas estratégicas rusas.

De hecho, más allá de lo que proponía Bush para instalar cohetes interceptores y radares de localización lejana en Europa, la administración de Obama llevará esos elementos a buques de guerra en el Mediterráneo, dotados de misiles interceptores SM-3.

Los referidos cohetes existen como armamento convencional en las naves norteamericanas, pero en los próximos años se les extenderá su radio de acción, actuarán con los sistemas de dirección de fuego Idgecs y se desarrollará una versión para rampas terrestres.

Al referirse a tales perspectivas, los especialistas rusos advirtieron que ello pone en peligro la actuación del armamento estratégico ruso en su primera etapa de vuelo, lo cual dificultará mantener la paridad nuclear en esas circunstancias.

Rusia desarrolló los nuevos misiles de rampa móvil Yars, dotados de varias ojivas con dirección independiente, mientras inicia las pruebas con otro nuevo artefacto de quinta generación.

A ello se une el nuevo misil balístico intercontinental Bulavá, que, instalado en una nueva clase de submarinos, deben convertirse en parte importante del arsenal nuclear ruso.

El reto del despliegue del sistema antimisil estadounidense en Bulgaria, Rumania, Polonia, Turquía, Noruega y España se da en medio de la radicalización de las posiciones del propio Medvedev, que ahora defiende seriamente el incremento sustancial de los gastos militares.

Para 2020, Rusia planea dedicar unos tres billones de rublos (unos 93 mil 457 millones 943 mil dólares) para modernizar todos los tipos de fuerzas armadas, incluido el desarrollo de nuevos sistemas estratégicos ofensivos y defensivos.

Se habla incluso de un nuevo portaaviones, mientras Rusia negocia con Francia la compra de dos portahelicópteros del tipo Mistral y otros dos que busca fabricar en sus propios astilleros.

Siria, la otra piedra

La experiencia de la libre interpretación por la OTAN de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que le permitió, bajo el pretexto de crear una zona de prohibición área en Libia y la protección de la defensa civil, bombardear ese país por varios meses. Desde marzo pasado, la aviación de la alianza noratlántica causó miles de muertos, en su mayoría civiles, mientras sus ataques apoyaron a la oposición armada en sus acciones para sacar por la fuerza del poder al líder libio Muammar El Gadafi.

Rusia se abstuvo en la votación en el Consejo de Seguridad sobre la resolución 1973, pero Medvedev apoyó en un primer momento la puesta en práctica de ese documento, aunque luego de avanzar los bombardeos indiscriminados en Libia, criticó la violación de esta por la OTAN.

Con la experiencia del escenario libio y en medio del aumento de las diferencias en el área de la defensa estratégica, Moscú aclaró que de ninguna forma permitirá la repetición en Siria de lo ocurrido en el citado estado norafricano.

El Kremlin ya organizó varias rondas de negociaciones, tanto con el gobierno de Damasco como con elementos de la oposición del estado levantino y pretende mantenerlas en el futuro.

Además, Rusia propuso su propia variante de resolución, que sin dejar de hacer un llamado al fin de la violencia de todas las partes y a la aplicación de reformas políticas, aboga por un diálogo interno en Siria y una salida negociada a la crisis en esa nación.

La Unión Europea (UE), por su lado, preparó una resolución en tono de ultimátum, apoyada por Estados Unidos, la cual para nada se refería a la posibilidad de un diálogo y tampoco desestimaba el empleo de la fuerza desde afuera contra el país mesoriental.

Además de criticar las sanciones unilaterales aplicadas por la UE y Washington contra Damasco, Rusia rechaza el empleo del Consejo de Seguridad de la ONU para materializar objetivos particulares de algunos estados.

Claro, el Kremlin indica que podría llegar a un acuerdo para poner en sintonía los textos de la resolución de Occidente y la rusa, que excluya sin falta el empleo de la fuerza contra la nación levantina.

El factor Putin

Aunque la administración de Obama declaró que estaría dispuesta a trabajar con cualquiera que sea el próximo jefe del Kremlin, en la Casa Blanca conocen la posición del primer ministro Vladimir Putin en temas como Libia, la defensa antimisil y los nexos con la OTAN.

El reciente anuncio de Medvedev, sobre la candidatura de Putin para las presidenciales de marzo de 2012, también reforzó los tropiezos para mantener activa la política de “reset” entre Moscú y Washington.

Poco después de conocerse quien iría por el Kremlin a la contienda en las urnas del venidero año, Putin lanzó un programa para reforzar la cooperación en el espacio pos-soviético al proponer la creación de la Unión Económica Euroasiática.

Existe una entidad similar, la Comunidad Económica Euroasiática, pero su existencia más bien es nominal, mientras que la propuesta del estadista ruso busca involucrar a las repúblicas ex soviéticas en el proceso para crear una Unión Aduanera y un espacio económico común.

Rusia, Belarús y Kazajstán, a partir de enero de 2012, pasan a la fase de libre circulación de mercancías, capital y mano de obra, algo que Putin desea extender a todo el espacio pos-soviético para formar un ente con un intercambio potencial de 200 mil millones de dólares.

Sin embargo, la iniciativa es vista por expertos como un intento de Moscú de contrarrestar la presencia económica de otras naciones en la declarada zona de influencia rusa, incluido Estados Unidos.

El anuncio de la candidatura de Putin coincidió con el cambio de posición de Rusia respecto al caso sirio hasta llegar al veto emitido, de conjunto con China, a una nueva resolución contra Siria.

Al mismo tiempo, el primer ministro ruso, aún sin iniciarse la campaña electoral para las presidenciales de marzo venidero, expuso en un reciente foro para inversionistas prácticamente un programa presidencial que incluyó aspectos políticos, económicos y sociales.

Putin reiteró su posición de hombre contrario a los cambios bruscos y recordó que los estremecimientos políticos de la década de 1980 y 1990 demostraron las consecuencias que pueden tener para la población los cambios radicales. Todo se derrumbó, recordó en el foro.

De esa forma, el posible regreso de Putin a la presidencia, el desarrollo del sistema de defensa antimisil europeo, sin Rusia, y la diferencia de posiciones en el tema sirio parecen ponen en peligro la continuidad del reacomodo de los nexos entre Washington y Moscú.

* Corresponsal de Prensa Latina en Rusia.