Buenos Aires.- Casi medio siglo después de su primera aparición pública, Mafalda constata hoy que el paso de los años dista mucho de significar el fin de las preocupaciones y, menos aún, la solución a acuciantes problemas.

Risueña e imperturbable, la pequeña protagonista de la tira cómica creada por el dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado (Quino), observa ahora el mundo desde su banco de plaza, de hierro y madera, en la esquina de las calles Defensa y Chile, a escasos metros de la antigua casa de su creador.

Allí permanece sentada con su bata color verde lima, desde hace poco más de dos años, cuando el Programa Puertas del Bicentenario del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió homenajear a su padre intelectual con una estatua de su más conocida creación.

A solo unos pasos, en el edificio ubicado en Chile 371, donde Quino diera vida también a los restantes personajes de la tira (sus padres, Guille, Manolito, Libertad, Felipe, y Susanita,) una placa recuerda a los transeúntes: “Aquí vivió Mafalda”.

Hoy, la escultura de 80 centímetros de alto, realizada por el artista Pablo Irrgang en resina epoxi y fibra de vidrio reforzada, constituye uno de los sitios más fotografiados no sólo del añejo San Telmo, sino de toda esta urbe en otro de cuyos barrios – Colegiales – existe también una Plaza Mafalda.

Esta última fue inaugurada el 28 de noviembre de 1994 después que cuatro artistas plásticos pintaran en distintos sectores, bancos y juegos de ese espacio público fragmentos de las viñetas de la tira que reflejan toda la sabiduría de Mafalda, para muchos ícono del pensamiento disconforme de América Latina.

La sorpresiva vigencia de Mafalda

En una entrevista con la revista Viva, Quino admitió “ni yo mismo sé” por qué la vigencia de Mafalda. Tal vez -dijo- porque muchas de las cosas que ella cuestionaba todavía siguen sin resolverse; de eso no quedan dudas.

Además, porque muchas de las ocurrencias y comentarios que desde su primera aparición pública, el 29 de septiembre de 1964, hasta la segunda mitad del año 1973 -cuando dejó de publicarse la historieta- pusieron en boca de la niña las inquietudes sociales y políticas de su época.

Una vez, relató el creador mendocino, me preguntaron si no pensaba en resucitarla. “Y resucitarla significaría que está muerta, cuando nadie duda que está bien viva, afortunadamente”.

Según las propias palabras de Quino, Mafalda es para él tan irrepetible como intentar vivir de nuevo la alegría de aquella época que suele traerle a la memoria las canciones de los Beatles, cuyas grabaciones escucha “más por nostalgia que por inspiración”.

En 1988, la inteligente niña estuvo a punto de convertirse en el primer -y seguramente único- personaje de historieta en ser declarada Ciudadana Ilustre de esta urbe, pero una traba legal dio al traste con la propuesta que, entre otras cosas, argumentaba:

Mafalda sigue siendo en la memoria colectiva de los argentinos la chica preguntona, cuestionadora, irreverente e inesperada, que planteó tantos interrogantes molestos e hizo reflexionar sobre la validez de los hábitos, creencias, prejuicios y lugares comunes, ayudando de este modo a construir una sociedad mejor.

* Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.