La Habana (PL).- Durante la lucha contra la esclavitud colonial de Reino Unido en el continente africano surgieron prominentes personalidades, con su persistente y audaz liderazgo, condujeron la emancipación de sus pueblos a mediados de la pasada centuria. Entre esos notables dirigentes destacan Jomo Kenyatta y Julius K. Nyerere, líderes de las dos naciones con fronteras en el Africa Oriental, Kenya y Tanzania, donde el dominio británico se había establecido en diferentes circunstancias históricas. El imperio colonial en fase de remisión asumió como rutina la tortura y los vejámenes contra 90 mil kenianos.

En el siglo XIX, Reino Unido se había convertido en una de las más importantes potencias en el área. Desde 1895 Kenya era ya una de sus colonias cuando las autoridades de Londres proclamaron el llamado Protectorado Británico de Africa Oriental, constituido por Kenya y Uganda.

La situación con Tanzania fue diferente. El poderío británico en la región se incrementó al apoderarse de la colonia alemana de Tangañika, tras la derrota de la nación teutona en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Después de la independencia Tangañika y Zanzíbar se unieron para formar la República Unida de Tanzania.

Esos fueron los escenarios en que desplegaron sus energías y estrategia política Kenyatta y Nyerere, cada uno en sus respectivas naciones, donde los colonialistas británicos aplicaron los métodos más crueles y sangrientos para mantener el dominio.

Kenyatta

Corrían los años de la primera mitad de la década de 1940 y miles de kenianos eran reclutados para formar parte de las fuerzas armadas británicas que combatían el eje nazifascista en el norte de Africa, a los italianos en Etiopía y Somalia, y a los japoneses en Birmania.

Cuando los soldados regresaron a Kenya, finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el dominio colonial se había debilitado por el éxodo de algunos colonos británicos y el desgaste ocasionado por el conflicto.

Crecían en esos momentos las demandas de independencia y se rechazaba un denominado Consejo Legislativo, en el cual cinco millones de africanos sólo tenían un representante. Londres hacía caso omiso a los reclamos de la población autóctona y esa prepotencia aumentaba el sentimiento anticolonial.

En 1943 se había fundado la Unión Africana de Kenya, que cuatro años más tarde fue presidida por Kenyatta, recién llegado de Inglaterra. A partir de ese momento se inició una etapa de intenso activismo político.

Cinco años más tarde, en 1952, estalló la rebelión de los kikuyos (una de las etnias principales) en las altas mesetas kenianas, habitadas en su mayoría por miembros de esa tribu, para reclamar la devolución de sus tierras usurpadas por el régimen colonial y el cese de los maltratos a la población.

El colonialismo rechazó las demandas, implantó el estado de emergencia que duraría siete años, proscribió los partidos políticos, y arrestó a Kenyatta y dirigentes kikuyos.

Posteriormente fue liberado, y casi inmediatamente detenido y condenado a prisión, acusado de complicidad con el Movimiento Mau-Mau. La represión colonial que siguió dejó un saldo de 15 mil africanos asesinados y 80 mil enviados a campos de concentración; muchos habían contribuido a salvar a Reino Unido y Europa de la barbarie fascista.

La insurrección campesina de los Mau-Mau fue conocida en todo el mundo; las masacres levantaron protestas en todas partes. Mientras, el partido de Kenyatta ampliaba sus filas para integrar a miembros de todos los grupos étnicos kenianos.

A pesar de la represión brutal desatada por las tropas británicas, que fueron aumentadas en todo el territorio de Kenya, se incrementó la resistencia encabezada por Kenyatta y otros líderes, y las autoridades coloniales se vieron obligadas a ceder.

En 1960 se puso fin al estado de emergencia y la potencia colonial prometió una Constitución y elecciones para integrar la Asamblea Legislativa. El partido de Kenyatta obtuvo mayoría, y a pesar de que no había podido votar por estar de nuevo en prisión domiciliaria, por presión popular fue nombrado Primer Ministro.

Reino Unido reconoció la independencia de Kenya en septiembre de 1963. Había concluido la etapa más sombría en toda la historia de presencia extranjera.

Nyerere

Después de la Primera Guerra Mundial, el territorio de Tangañika estuvo bajo la colonización de Londres. Finalizado el segundo gran conflicto universal, pasó a ser territorio británico bajo fideicomiso. Reino Unido reforzaba sus tentáculos coloniales.

El colonialismo de Londres aplicó el método de gobierno indirecto a través de la institución denominada Administración Local, que no satisfacía las aspiraciones de los africanos. A pesar de las amenazas, se mantenían las manifestaciones de resistencia a los colonialistas europeos.

En 1929 un grupo de intelectuales creó la Asociación Africana de Tangañika. En abril de 1953 fue electo presidente de la asociación el joven Julius K. Nyerere, quien decidió transformar la organización en partido político e inició actividades en favor de la independencia.

Un año más tarde, en 1954, nació el partido que se denominó Unión Nacional Africana de Tangañika. La constitución de ese organismo resultó un factor decisivo en los afanes independentistas porque aglutinó a los más revolucionarios.

El período siguiente fue una etapa de intensa actividad política en que creció la estatura de Nyerere. Bajo su dirección se establecieron los Estatutos del Partido, que tenía entre sus objetivos la independencia y la creación de una sociedad democrática.

Alcanzaba el activismo político a casi todos los miembros de la sociedad conformada por decenas de grupos con dialecto propio. Se constituyeron núcleos encargados de difundir las bases de los estatutos para el conocimiento popular y el proyecto de sociedad que se establecería obtenida la independencia.

Las elecciones de la Asamblea Legislativa de 1958 y 1959 constituyeron dos victorias para el movimiento revolucionario. En 1961, Tangañika alcanzó la independencia y Nyerere fue electo presidente.

La isla de Zanzíbar en el Océano Indico fue independiente de Reino Unido en 1963; un año más tarde, en 1964, se proclamó la República Popular de Zanzíbar. Por acuerdo mutuo, Tangañika y Zanzíbar se fundieron en un solo Estado con el nombre de República Unida de Tanzania, con Nyerere como presidente.

Kenyatta y Nyerere resultan nombres imborrables en la historia del continente; son dos héroes africanos cuya acción estuvo dirigida también a la liberación de toda esa área.

Kenya-Reino Unido: Otro esqueleto en el armario

Las demandas contra el Reino Unido hechas por ex guerrilleros del movimiento nacionalista llamado Mau Mau, descubren el lado cruel de un imperio colonial en fase de remisión, que asumió como rutina la tortura y los vejámenes contra 90 mil kenianos.

La Revolución del Mau Mau, una fuerza insurgente mayormente integrada por pobladores de la comunidad kikuyu, se desató en 1952 y concluyó en 1960, época de las independencias africanas, proceso que ya cumplió medio siglo, pero del que aún hay asignaturas pendientes.

En abril pasado, cuatro ancianos kenianos -tres hombres y una mujer- comparecieron ante el Tribunal Supremo en Londres para demandar indemnización por los crímenes de guerra perpetrados por los británicos durante la represión del levantamiento, contra el cual se perpetraron crímenes de guerra.

Los antiguos rebeldes Ndiku Mutwiwa Mutua, Paulo Muoka Nzili, Wambugu Wa Nyingi y Nane Muthoni Mara acudieron ante la corte a exigir compensación por los maltratos sufridos entre 1952 y 1960 cuando el Reino Unido aplastó con gran violencia a los nacionalistas en Kenya, entonces su colonia.

Quienes demandan la reparación representan a miles de ciudadanos que padecieron torturas y ultrajes en aquel entonces, cuando fueron víctimas de graves abusos sexuales y castraciones perpetradas por oficiales británicos en campos de concentración.

Los representantes legales de los demandantes, cuya exigencia común procedió, destacaron que se trata de hacer un acto de justicia histórica, que reponga en lo posible la dignidad de los afectados.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, las colonias africanas intensificaron sus reclamos nacionalistas, y tales clamores en la década siguiente se reforzarían con la lucha armada en varios países, uno de ellos fue Kenya, donde el modelo británico de sometimiento agobiaba a la población nativa.

Los mecanismos establecidos por el imperio no daban espacio al desempeño socioeconómico de la población negra, marginada también de toda posibilidad política. Los nacionales estaban claros de la nocividad del sistema instalado por Londres, cuando en 1925 ya denunciaban la discriminación persistente en Kenya.

En ese contexto, la Asociación Central Kikuyu (KCA, en inglés) concentraba las peticiones de la población que demográficamente representaba y que era la mayor parte de los habitantes del entonces colonato blanco, que pretendía apoderarse de todas las tierras de la Provincia Central, al norte de Nairobi y al oeste del Monte Kenya.

Los británicos fueron desplazando a la población africana de esa zona y apoderándose de sus propiedades, lo cual impulsó colateralmente la creación de una economía informal divorciada de la raíz terrenal, donde la propiedad era un atributo de la comunidad y la familia, de extraordinaria importancia en el ámbito africano.

Esos europeos “permitieron a unos 120 mil kikuyus laborar en sus granjas, pero sin derechos sobre los terrenos que antes fueron suyos”, indica un recuento de la época, y dice que “entre 1936 y 1946 los plantadores blancos incrementaron sus exigencias en cuanto a días de trabajo, y aumentaron las restricciones de acceso a la tierra para los africanos”.

Tal proceso exacerbó las contradicciones entre colonos y nativos en un sistema preparado para satisfacer sólo los requerimientos de los primeros, sin ofrecer solución a los problemas de los otros, sin importar de la etnia que procedieran (kikuyo, meru. embu y otros).

Las condiciones para los nacionales fueron empeorando y en 1940, la ilegalizada KCA inició una campaña de desobediencia civil, que calentó el contexto político keniano.

En 1952, una sociedad secreta kikuyu, el Mau-mau, se levantó contra el dominio colonial y en el núcleo de esa resistencia también participaron pequeños grupos de las comunidades Embu y Meru.

Para los historiadores, el nombre Mau Mau, con el que se identificó a los sublevados, no se corresponde con el empleado por ellos para denominarse. Los complotados utilizaban los términos autóctonos Muingi (El movimiento), el Muma wa Uiguano (El juramento de unidad) o el KCA, la Asociación Central Kikuyu.

Esa acción fracasó desde el punto de vista militar y concluyó en 1960, pero colocó en el centro del conflicto el tema de la independencia, la cual lograría Kenya en 1963.

La guerra contra el movimiento insurgente, que mayormente empleaba armas rústicas y artesanales frente a miles de soldados de la Corona bien equipados y apoyados por aviones, tuvo dos direcciones: una directa en los bosques y otra que abarcó a toda la población kikuyu, estimada en un millón y medio en los años de contienda.

En 1950 esa comunidad no disponía del sustento económico tradicional, sus tierras, y se enfrentaba a la pobreza, el hambre, el desempleo y la sobrepoblación. Fue aquella situación de desequilibrio la que condujo en 1952 al alzamiento contra el imperio.

Para 1955, “las autoridades coloniales habían detenido a casi toda la población kikuyu en unos 150 campos de concentración o en más de 800 pueblos cercados con alambres de espino”, comentó en 2009 la profesora Caroline Elkins, del Centro de Estudios Africanos de Harvard en 2009, cuando se presentó la denuncia contra el Reino Unido.

“Detrás de los alambres, agentes británicos perpetraban inconfesables actos de violencia. Castraciones, sodomías forzadas con botellas rotas y ratas, torturas utilizando materias fecales y violaciones colectivas no eran más que algunas de las tácticas utilizadas para forzar a los detenidos a someterse”, añadió.

Elkins, autora de La hora de la verdad del imperio: La historia nunca contada del gulag inglés en Kenya, estableció analogías y contrastes que develaron la crueldad con que se trató al mau mau.

Balance preliminar

Según datos del artículo Mis rebeldes, sus rebeldes, de Víctor J. Sanz, la represión británica contra el Mau Mau se tradujo en:

-Nueve mil kenianos torturados, mutilados o ejecutados y entre los maltratos sobresalieron las heridas de bala en las extremidades, así como castración y violación de las mujeres.

-160 mil nacionales encerrados en campamentos de prisioneros entre 1952 y 1960.

-El 90 por ciento de la comunidad kikuyu detenida.

-32 europeos muertos.

En cuanto a la contrainsurgencia desatada, además de crear un nuevo escenario coercitivo, se incluyeron:

-Más confiscaciones de tierras contra los africanos.

-Arrestos sin causa.

-Se contrató a 20 mil mercenarios locales para los actos de represión, que apoyaron la labor de 21 mil policías paramilitares y miles de civiles británicos armados.

-Se destacó una división completa del ejército imperial, apoyada por la Fuerza Aérea Británica, que perpetró bombardeos contra la población civil keniana.

Las demandas cuyo cumplimiento exigen los veteranos del levantamiento Mau Mau impactan en la conciencia de un sistema que se proclama paradigma de justicia aunque, metafóricamente hablando, esconde ese “esqueleto en su armario”.

Una sobreviviente de los hechos aseguró que esa situación “solo cambiará cuando todo el mundo sepa lo que nos pasó a nosotros. Quizás entonces haya paz, cuando la gente pueda llorar en público y cuando nuestros hijos y nuestros nietos sepan lo duro que luchamos y lo mucho que perdimos para liberar a Kenya para ellos”.

* Roberto Correa Wilson es periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina. Julio Morejón es periodista de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.