La Habana, (PL).- Atravesar la llanura que separa a Beijing de las costas del golfo de Bohai no es nada extraordinario, a menos que se haga a 350 kilómetros por hora. Árboles, postes telefónicos y vacas que pastan quedan atrás en sólo un segundo cuando se contempla el paisaje desde el tren-bala que cubre los 130 kilómetros entre la capital china y la ciudad portuaria de Tianjin.

El moderno medio de transporte, eficiente y silencioso, inaugurado para la Olimpiada de Beijing-2008, es la vía más adecuada para adentrarse en esta urbe de vanguardia, ella misma uno de los centros de desarrollo tecnológico de la China actual.

Y digo bien adentrarse porque tras 30 minutos de raudo viaje (casi un vuelo) desde la Estación del Sur en Beijing -una suerte de gigantesca nave espacial acristalada- se llega a la terminal de trenes, junto al río Hai, en el centro de la ciudad.

En el malecón que bordea las márgenes del Hai, la caída de la tarde es una hora de cita de enamorados, de escolares que concluyeron sus clases y de pescadores que prueban suerte en las aguas tranquilas tratando de atrapar alguna carpa.

Desde hace siglos esta vía fluvial tenía una gran relevancia para la zona, pues permitía comunicarse con el Gran Canal, obra monumental comparable a la Gran Muralla, que unía a Beijing con los ríos Amarillo y Yantzé y la ciudad de Hangzhou.

Sus orillas son un lugar ideal para contemplar de noche los iluminados rascacielos, puentes y edificaciones, que estallan en una verdadera sinfonía de colores, como si de muchos arcoiris se tratara.

Con sus 13 millones de habitantes en los 11 mil 760 kilómetros cuadrados de este municipio dependiente del gobierno central, Tianjin exhibía a comienzos de 2011 un ingreso per cápita equivalente a casi 10 mil dólares.

Lo que en el remoto pasado fue el puerto imperial de China, ahora es la quinta instalación de ese tipo más activa del mundo por su intenso trasiego de mercancías.

La ciudad estuvo ocupada por fuerzas coloniales desde mediados del siglo XIX, al repartirla en concesiones atribuidas a Reino Unido, Francia, Japón, Alemania, Rusia, Austria-Hungría, Italia y Bélgica.

Como resultado de esa presencia, hay todavía miles de residencias levantadas con el estilo arquitectónico de las potencias ocupantes, lo cual brinda a la parte más antigua un aspecto exótico, al menos para la población autóctona.

Pero el verdadero Tianjin actual se descubre cuando uno toma por la autopista que conduce hacia el sureste y penetra en el nuevo distrito de Binhai, el cual aloja el Área de Desarrollo Económico y Tecnológico de este municipio especial.

La maqueta de lo que será este lugar, en los próximos 10 ó 20 años, llena de orgullo a los dirigentes locales y deja boquiabiertos a los visitantes, pues en ella se vislumbra el surgimiento de una de las urbes más modernas del siglo XXI.

El lugar vibra en medio de un monumental ajetreo de grúas, motoniveladoras y camiones. En estos momentos se puede apreciar un adelanto de ese futuro en las decenas de altos inmuebles y amplios bulevares que cubren rápidamente las explanadas de lo que será este distrito costero, junto a un mar con un subsuelo rico en petróleo y gas natural.

Binhai tiene ya alrededor de un millón de habitantes y el crecimiento anual de su Producto Interno Bruto promedia el 30 por ciento, gracias a un incesante flujo de inversiones aportadas por centenares de empresas que allí se han instalado.

Algunas de ellas, como la cadena de montaje de aviones Airbus y la fábrica de potentes cohetes impulsores Larga Marcha-5, para el programa espacial chino, ponen a este municipio a la vanguardia tecnológica en el gigante asiático.

No menos importante es la existencia de la computadora Tianhe-1-A, instalada en el Centro Nacional de Supercomputación, que con una velocidad de dos trillones y medio de operaciones por segundo es el número dos del mundo.

Tianjin cuenta además con un modernísimo aeropuerto internacional, y con varias líneas urbanas de ferrocarril subterráneo y aéreo con 50 estaciones, aunque está prevista una ampliación del sistema ante las crecientes necesidades.

El estadio del Centro Olímpico de la ciudad, también bautizado como Gota de Agua por su diseño arquitectónico, es otro de los orgullos de los tianjineses, pues fue sede de las semifinales de fútbol de las Olimpíadas de Beijing-2008.

Cuando se regresa a Beijing en uno de esos veloces trenes blancos que se mueven como balas, uno piensa se ha conocido un sitio cuya rápida transformación parecerá dentro de unos años poco menos que un milagro.

* Periodista de la Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina. Fue corresponsal en China.