México, (PL).- Los presentes nos conmovemos ante esta investigación médica, escrita hace más de medio siglo, que acabamos de encontrar en un archivo digital de la capital mexicana. Fue publicada en la revista Alergia México y se titula “Investigaciones Cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos”. Su autor era entonces un desconocido joven médico. Se llamaba Ernesto, pero hoy es conocido mundialmente como Che Guevara, el legendario guerrillero en Cuba, el Congo y Bolivia.

El recién graduado doctor Guevara llegó a la Ciudad de México en 1954, a los 26 años de edad, y allí trabajó en el Hospital General, en la especialidad de Inmunología y Alergia. Durante aquellos dos años de su estancia en el país también laboró como fotógrafo para la Agencia Latina, Argentina, la cual cerró al poco tiempo.

En un anexo de la Introducción de su investigación médica, escribió: “Este trabajo fue efectuado en el Servicio de Alergia del Hospital General de México que dirige el DR. M. Salazar Mallén, a quien, junto con todo el personal a sus órdenes, expreso mi agradecimiento por el ilimitado apoyo prestado tanto en material e instalaciones de laboratorio, como en la selección de enfermos para realizar este trabajo”.

En un párrafo de las Conclusiones del estudio, define: “El presente método de investigación ofrece particularidades interesantes y abre un nuevo campo a la terapéutica de la enfermedad alérgica. Tiene algunas contraindicaciones, pero solo referidas al nivel económico del paciente ambulatorio”.

Prensa Latina llegó a este documento por mediación del médico José Antonio Carrillo, un mexicano que fue combatiente internacionalista en Guatemala y Nicaragua. Carrillo tenía referencia de que el texto era conocido por el doctor Fernando Martínez, un eminente profesional, título Honoris Causa de la universidad de Morelia, entre otros lauros científicos.

El especialista Martínez, quien se conserva muy bien a su edad, contó en la sede de su consulta a este corresponsal: “Ernesto Guevara llegó al Hospital General, donde entonces yo trabajaba, como un año antes de su partida a Cuba”(el 25 de noviembre de 1956, en el yate Granma, como integrante del grupo de combatientes cubanos que comandaba Fidel Castro).

“Sus ideas políticas de avanzada coincidían con las de un grupo de médicos que allí estábamos y enseguida fue bien acogido. Él era médico externo allí. “En esos días hicimos amistad. Trabajamos juntos y fuimos a eventos médicos que se efectuaron en aquella época. Pero nunca supe de sus actividades revolucionarias aquí. Era un hombre muy discreto. “Yo me enteré de esa otra faceta de su vida cuando un día leí la noticia de que estaba combatiendo en la Sierra Maestra.

“Recuerdo que él hizo una investigación, que se publicó en la revista Alergia México. Esta se encuentra en el archivo del Consejo de Certificación de Inmunología Clínica y Alergia. Allí la pueden encontrar”.

Fue en aquel tiempo en que Ernesto realizaba su estudio sobre la alergia cuando se encontró por casualidad con Ñico López, quien lo llevó a tener relación con otros cubanos revolucionarios que pertenecían al Movimiento 26 de Julio. Así también hizo amistad con Raúl Castro.

Al jefe de ese movimiento, Fidel Castro, lo conoció una noche, en julio de 1955, en la calle Emparan, de la capital de México, en la casa de una cubana, María Antonia González. Fidel en una entrevista recordó aquella vez del encuentro entre ambos y la afinidad de Ernesto con los revolucionarios cubanos. Narró:

“Nada tiene de extraño su simpatía, si él ha viajado por América del Sur, ha visto lo de Guatemala, ha sido testigo de la intervención norteamericana, sabe de nuestra lucha en Cuba, sabe cómo pensamos. Llegamos, conversé con él, y allí mismo se unió a nosotros”.

En Cuba, el joven doctor dejó de ejercer esa profesión. Prefirió curar los males de millones de personas, incluso al precio de su propia vida. Como médico, Ernesto Guevara quizás fuera bueno. Como revolucionario pasó a la posteridad.

* Jefe de la corresponsalía de Prensa Latina en México.