Curada la embriaguez y superadas las ilusiones democráticas, los explotados pierden la fe en el tristemente célebre “proceso de cambio” y se emancipan políticamente del control del gobierno. El proceso es cada vez más acelerado porque la crisis del capitalismo ya castiga al país y el régimen de Evo Morales es incapaz de satisfacer las necesidades vitales de la población.

Al finalizar el año anterior, con el gasolinazo, y a inicios del presente año, con la lucha salarial, se han producido las dos primeras confrontaciones importantes entre los explotados y el gobierno. Grandes sectores de asalariados, capas de la clase media y del sector indígena de los explotados del agro se han convencido de que el gobierno gira cada vez más hacia la derecha, defendiendo francamente los intereses de las transnacionales y de los empresarios nacionales. Se acentúa el carácter anti obrero y antinacional del gobierno, y los explotados logran dar un salto en su conciencia y apuntan a consolidar su independencia política, proceso impulsado con la aprobación de la tesis política minera que significa la ruptura de la vanguardia proletaria con el MAS.

Ahora estalla el conflicto del TIPNIS y los explotados encuentran un motivo para canalizar su malestar. Este problema se agudiza por el cinismo y la torpeza del gobierno que busca deslegitimar la movilización indígena con argumentos grotescos que irritan a la población, culminando con una cobarde represión que, lejos de contener la marcha, la impulsa de manera sorprendente como catalizador de la movilización nacional.

La brutalidad con la que se ha reprimido a la marcha indígena en Yucumo, sobre todo el trato cruel a los niños y a las mujeres, en particular a aquellas en estado de gestación y a las de la tercera edad, ha afectado profundamente la sensibilidad de la población boliviana. De manera natural, se ve al uniformado como un verdugo cruel y sin una gota de sensibilidad en la conciencia, capaz de ejecutar los actos más monstruosos contra los débiles. Sin embargo, no hay que olvidar que tanto la policía como el ejército son instituciones armadas creadas para reprimir a los explotados; no deliberan ni toman decisiones y sólo obedecen, guardando un estricto respeto a la jerarquía, cuya autoridad suprema es el presidente de la República.

Lo imperdonable es que los cobardes e hipócritas del gobierno deslinden responsabilidades de semejante vejamen. El viceministro Navarro y otros cínicos del Ejecutivo han prometido investigar de dónde salió la orden de la intervención, en qué consistió esa orden y cómo se cumplió, todo para encontrar chivos expiatorios en los coroneles, capitales, tenientes, cabos, sargentos y en el resto de la tropa, y proteger las cabezas del Presidente y de sus secuaces.

La cacería de policías inmediatamente ha desencadenado un profundo malestar en la policía. Los represores de Yucumo explicaron que solo cumplieron órdenes de instancias políticas y judiciales; y advirtieron que no tolerarán que ningún jefe, oficial o clase sea acusado como responsable de la represión. Cuando se rebelan y ocupan las calles y los caminos, los explotados ejercen una poderosa presión social sobre las fuerzas del orden, y eso está ocurriendo ahora con la tropa y con los mandos medios y superiores. Ya se han pronunciado las esposas de los carabineros, condenando la cobardía de los gobernantes que ocultan la mano después de tirar la piedra, y han anunciado que si sus esposos son inculpados se sumarán a la marcha indígena.

Las maniobras del gobierno, como la renuncia de los ministros, lejos de parar la movilización, la alientan y hacen que crezca como una bola de nieve. Las marchas desde Quiquibey y la de los suyus desde el Altiplano ya no encontrarán obstáculos en el camino y llegarán muy fortalecidas a La Paz, soldándose con las movilizaciones obreras y populares en las ciudades, que probablemente permitirán dar nuevos saltos en la situación política.

El conflicto del TIPNIS ha tenido la virtud de desnudar las contradicciones profundas que están desgarrando el llamado “proceso de cambio”. Evo Morales ha abusado de la demagogia durante estos seis años de gobierno, hablando de “profundas transformaciones” a favor de los pobres, pero hoy no puede ocultar que hace todo lo contrario de lo que dice. La demagogia hiperinflada del oficialismo y sus acólitos ya no tiene sustento.

¿La actual movilización potencia a la derecha?

Frecuentemente se escucha decir a los gobernantes, a los parlamentarios oficialistas y a los dirigentes sindicales controlados por el oficialismo que la movilización de los explotados contra el gobierno, que día a día crece de manea incontenible, potencia a la derecha. En los volantes que circulan los sayones del gobierno, esos que se hacen llamar “Partido Comunista”, señalan que los polos opuestos, la ultra izquierda y la ultra derecha, se unen para derrocar a un gobierno democrático, popular y hasta revolucionario. Parten de la apreciación equivocada de que el enojo popular es coyuntural y que las masas muy pronto se someterán nuevamente a la férula oficialista.

¿Por qué esgrimen con tanta frecuencia esta impostura nada creativa y original? Para asustar a los que luchan, para desorientarlos y volcarlos en favor del gobierno. Manejan el fantasma de la derecha y de las dictaduras para maniatar otra vez a los bolivianos detrás del gobierno agente de las transnacionales y de la empresa privada nacional.

Lo cierto es que la incapaz derecha encarnada en la Media Luna ha muerto; y ahora el MAS ocupa su lugar. Los trabajadores del país tienen que estar seguros que la vieja derecha ya está derrotada y carece de programa propio que la diferencie del gobierno; sus banderas han sido expropiadas por el MAS y la mayoría de sus líderes o están en las cárceles purgando sus raterías o en el exilio; y los que todavía andan sueltos (entre ellos algunos parlamentarios o los reencarnados en el MSM) han perdido toda perspectiva y toda iniciativa. Todos ellos ya no son una referencia política para nadie, y por tanto ya no constituyen un peligro.

Esto no quiere decir que la derecha haya desaparecido. Mientras actúen las transnacionales imperialistas en el país, mientras haya empresarios privados chupasangres, mientras sobreviva la clase dominante opresora, tiene que haber partidos de derecha, que son sus instrumentos políticos para controlar el Estado y su gobierno, con la finalidad de poner a salvo sus propiedades y sus ganancias del peligro que representan los hambrientos y desposeídos que todos los días se rebelan.

¿Cuál es la expresión política de esa nueva derecha que ha desplazado a la vieja Media Luna? Es el MAS y su gobierno que encarna a cabalidad los intereses materiales del imperialismo y de la clase dominante nativa. Este gobierno no duda en reprimir a los explotados cuando exigen mejores condiciones de vida, fuentes de trabajo, más pan, educación y salud; y es capaz de reprimir a los que lo encumbraron en el poder para cumplir su compromiso con las transnacionales de entregarles los recursos naturales del TIPNIS.

El imperialismo y el empresariado privado de este país han encontrado en el gobierno del MAS la mejor garantía para invertir y seguir exprimiendo la sangre y sudor de los explotados. La prueba de lo que decimos es que la burguesía está obteniendo grandes utilidades —como nunca antes— a costa de la explotación y el hambre de la mayoría de la población. Esto explica por qué Evo Morales se lleva tan bien con la CAINCO, con los empresarios privados en general y con sus “socias” las transnacionales.

A los falsos comunistas y a los papagayos oficialistas como el Viceministro Navarro y el Vicepresidente, que no se cansan de injuriar al POR, hay que preguntarles: ¿Qué más derecha que el MAS y su gobierno? A los estalinos contrarrevolucionarios que se han incrustado en todos los niveles del actual gobierno y hacen el papel de esquiroles y agentes en el seno de las organizaciones obreras y sociales hay que recordarles que ya son un cadáver político, y cargarán con el fracaso de un gobierno anti obrero y pro imperialista; ese es el precio de su oportunismo.

¿Qué nivel han alcanzado los explotados en el desarrollo de su conciencia?

Dos datos importantes deben ser tomados en cuenta: las movilizaciones callejeras han superado el problema que se expresaba en la pregunta ¿después de Evo qué? Se trataba de un obstáculo en la conciencia de la gente que, sin decirlo, temía el retorno de la odiada derecha. Sin embargo, ahora las masas movilizadas, sin ninguna dificultad, plantean la renuncia de Evo Morales. Por otra parte, en Oruro, Jaime Solares ha lanzado la consigna de reinstalar la Asamblea Popular para instaurar el gobierno obrero campesino, consigna frenéticamente ovacionada por la masa.

Ambos hechos muestran que los sectores movilizados rápidamente llegan a la conclusión de que este gobierno incapaz debe ser echado; pero los otros sectores que aún no se han incorporado a la lucha siguen atrapados por el temor. Este proceso es acumulativo y contradictorio a la vez; el desarrollo de las luchas sociales nos enseña que los diferentes sectores no avanzan con el mismo ritmo.

Los diferentes sectores que se incorporan a la movilización lo hacen también reivindicado sus propios objetivos orientados a resolver sus problemas generados por la crisis económica. De este modo, las acciones de los explotados tienen un referente nacional unificador que es el TIPNIS y los problemas vitales de cada sector. La limitación está en que no se logra consolidar aún un pliego único nacional que impulse a los explotados hacia adelante.

A diferencia de los ambientalistas de las fracciones políticas derechistas y los disidentes del gobierno, que no van más allá de la solidaridad con los indígenas y de la defensa de la flora y la fauna del Parque, el POR se esfuerza por explicar el contenido político de este conflicto. Se trata de una de las manifestaciones de las contradicciones de la pequeña y gran propiedad privadas contra las formas de la propiedad comunitaria encarnada en los originarios en lucha. En el fondo del problema está el hecho de que el gobierno, con la apertura del camino, pretende materializar la entrega a vil precio de inmensos recursos hidrocarburíferos, mineros y forestales al imperialismo.

Las promesas de una “nueva Bolivia” se hacen añicos ante los ojos del pueblo boliviano, y la poderosa movilización que crece día tras día coloca a Evo Morales en la disyuntiva de ceder a las reivindicaciones de la COB y de los pueblos originarios del TIPNIS o ser echado del Palacio de Gobierno. Por eso ha llegado el momento de lanzar la respuesta que están esperando los explotados de la vanguardia, éstas que en el desarrollo de los acontecimientos arrastrarán y dirigirán a las capas más atrasadas.

Hay que señalar con claridad que la lucha debe encaminarse a estructurar un nuevo orden social basado en la propiedad colectiva de los medios de producción. Sólo el gobierno obrero campesino, asentado en los órganos de poder de las masas, puede expulsar al imperialismo y a sus lacayos internos, y rescatar a Bolivia del atraso y la miseria.

* Profesor de Filosofía y dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR).