El Reino Unido se propone reformar su sistema bancario interno y separar la banca minorista de la banca de inversión. La Comisión Independiente del Sector Bancario (ICB)[i]acaba de presentar[ii]su informe sobre la reforma del sector bancario.

La ICB fue creada por el Gobierno británico en junio de 2010 con el objetivo de que considerara posibles reformas estructurales y no estructurales del sector bancario del país a fin de mejorar la estabilidad y la competencia y reducir riesgos para los contribuyentes y para las finanzas públicas, y que presentara al Gobierno sus recomendaciones al respecto a más tardar en septiembre de 2011. Está presidida por Sir John Vickers, y de allí que el reciente informe se conozca también como Informe Vickers.

Según el informe de la ICB la incertidumbre sobre el sistema bancario requiere la adopción de prontas medidas de reforma. Sin embargo, dada la escala de las reformas que propone y las cifras que hacen falta para implementarlas, estima que el plazo para su total aplicación podría extenderse hasta 2019. No obstante, la ICB propone que los bancos introduzcan cambios operativos en lo inmediato y que a lo largo del período límite de casi ocho años se completen las reformas más complejas y costosas.

La IBC recomienda que los bancos minoristas mantengan una reserva para absorber el impacto de potenciales pérdidas o para enfrentar futuras crisis financieras, de al menos el 10% de sus activos minoristas internos de alta calidad, como acciones o ganancias retenidas, y que los grandes bancos mantengan reservas de seguridad de entre el 17% y el 20% de sus activos de más alta calidad, que puedan ser fácilmente convertidos en capital.

La Comisión recomienda además establecer una “ring-fence” (cerca de protección)[iii]para los bancos minoristas en suelo británico, en los términos siguientes:

“En resumen, la opinión de la Comisión es que los servicios nacionales de la banca minorista deben funcionar dentro de la ‘cerca de protección’ y la banca de inversión internacional/mayorista debe operar fuera de esa cerca, y que la prestación de servicios bancarios directos a grandes compañías no financieras internas pueda operar dentro o fuera de ese mecanismo”.

En la actualidad muchos bancos, en especial los grandes bancos, prestan servicios de banca minorista y a la vez servicios de banca de inversión y/o mayoristas.

Los servicios minoristas comprenden principalmente toma de depósitos, servicios de pago y otorgamiento de préstamos a personas y a pequeñas y medianas empresas. La banca de inversión, por su parte, realiza operaciones de alto riesgo, con derivados complejos (instrumentos respaldados por activos o por hipotecas), fondos de inversión y cobertura, operaciones en corto y al descubierto, etc.

Cuando esos bancos enfrentan problemas, como en la crisis del 2008 y en la crisis actual, todos los servicios se ven afectados y entre todos soportan las pérdidas del banco, y en caso de rescate público, los contribuyentes del país en cuestión cargan con los costos de mantener un sistema bancario complejo y riesgoso.

Los bancos británicos, y los europeos en general, enfrentan hoy serios riesgos, enormes pasivos y grandes tenencias de bonos soberanos en problemas. Estados Unidos manifestó hace muy poco su preocupación sobre la solvencia de los bancos europeos ubicados en territorio estadounidense, y de hecho esos bancos no consiguen financiamiento en Estados Unidos.

Con la separación propuesta los negocios de la banca minorista, de mucho menor riesgo y con sistemas de protección de depósitos, etc., quedarían aislados de las consecuencias de las operaciones de alto riesgo de la banca de inversión.

Para ello los bancos deben separarse en dos entidades distintas: una para los servicios minoristas y otra para la banca de inversión. Los bancos minoristas operarían entonces como entidades jurídicas independientes y en el marco de un sistema de regulación diferente.

El Ministro de Finanzas de Gran Bretaña George Osborne dijo ante el Parlamento que en el marco de estas reformas los bancos británicos seguirían siendo competitivos.

“El Gobierno quiere que Gran Bretaña y la City de Londres sean el centro mundial por excelencia para la banca y las finanzas. Queremos que bancos de todo el mundo tengan aquí su base de operaciones, con todas las ventajas que brinda”.

“Las operaciones de la banca de inversiones a nivel global de los bancos del Reino Unidos pueden seguir siendo tan competitivas como las que se realizan en cualquier otro lugar del mundo”.

La banca se opone a estas reformas en particular desde que se iniciaran los trabajos de la IBC, aunque es más apropiado decir que la banca se opone a cualquier reforma que limite sus operaciones o sus ganancias.

En el informe se recomiendan muchos otros cambios, aunque es difícil predecir si algunos o todos llegarán a aplicarse. La crisis en Europa no cesa y nadie puede asegurar que no tengan que aplicarse al sector financiero medidas inmediatas o de muy corto plazo. Si no fuera el caso, 2019 está demasiado lejos y el cabildeo de la banca puede modificar muchas cosas en el camino.

No obstante, estamos otra vez ante medidas de regulación unilaterales, que protegen o regulan determinadas jurisdicciones internas, pero promueven centros financieros que exportan operaciones de alto riesgo a otros mercados más abiertos o no regulados.

En este caso la reforma propuesta protege a los contribuyentes británicos –de hecho es en sí misma una medida proteccionista fronteras adentro del Reino Unido– , pero no modifica las practicas de los bancos británicos en operaciones globales, entre las cuales las que provocaron la implosión de los activos tóxicos de 2008, o la reciente especulación contra bonos soberanos griegos, españoles o italianos, por mencionar unas pocas.

En todo caso, se implemente o no la reforma propuesta, el mero hecho que el Reino Unido, cuyo centro financiero es el más antiguo y de los más poderosos del mundo, considere cambios de este tenor hace pensar que la crisis ha conmovido los cimientos del sector bancario y financiero mucho más de lo que podemos evaluar con los datos que conocemos; en particular las cifras de sus pasivos y de sus activos expuestos a riesgos. También hace pensar que quienes conocen la escala real del impacto en los bancos locales evalúan improbable mantener ese sistema a costa de rescates con dineros públicos y a la vez sostener la estabilidad interna y el crecimiento económico.

Hasta el momento, pese a que fue un reclamo reiterado en el seno de las cumbres del G-20 que tuvieron lugar durante la crisis de los activos tóxicos, no aparecen iniciativas de regulación financiera concertada a nivel global. Y es dudoso que surjan en medio de la crisis del mundo desarrollado, de hecho la escala de esta crisis es la principal razón del largo plazo de ocho años propuesto por la ICB.

Sin embargo, la iniciativa británica, pese a ese plazo, dice mucho más que cualquier enérgico reclamo, y debería servir de “alerta temprana”, para que autoridades de otros países, en especial de países emergentes y en desarrollo adoptaran medidas de protección nacionales y/o regionales que salvaguardaran a tiempo a sus contribuyentes y a sus economías.

Notas:

[i]http://bankingcommission.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2010/07/ICB-Final-Report.pdf.

[ii]12 de septiembre de 2011.

[iii]Ring-fence: Expresión utilizada en este contexto para describir un sistema que protege determinados servicios; los bancos que operan dentro del sistema pueden brindar sólo servicios de bajo riesgo y cuentan con requisitos y mecanismos de salvaguardia que limitan esa exposición.

* Editada en Inglés en http://www.politicapress.com/