(Comisión de Comunicación de la Marcha).- Con buen clima, pero con el camino embarrado, volvió a avanzar la VIII Marcha Indígena hasta la comunidad La Embocada, a 350 kilómetros de su destino, la ciudad de La Paz. A 20 kilómetros queda Yucumo, donde persiste el bloqueo de campesinos afines al gobierno de Evo Morales. Allí habría 300 policías para evitar que se cumplan las amenazas de los bloqueadores y nadie resulte lastimado.

La tarde del viernes 9 de agosto abandonó San Borja la ministra de Justicia Nilda Copa, con lo que la escena del diálogo entre los marchistas y el gobierno quedó nuevamente vacía. “El gobierno nacional trata de engañar a la opinión pública y a la misma gente del TIPNIS, diciendo que está abierto al diálogo. Pero mantiene la intransigencia sobre el proyecto carretero, y dice que no se modifica (el trazo ni se construye la vía por fuera del TIPNIS). Ante ello, la decisión de nosotros ha sido bien clara: no vamos a aflojar en la defensa del TIPNIS y vamos a evitar que lo destruyan”, afirmó el representante indígena Adolfo Moye de la comunidad Santísima Trinidad.

La marcha tiene un pliego de 16 demandas, mayormente relacionadas con la intromisión del gobierno nacional y empresas privadas en los territorios indígenas para explotar recursos naturales. El trazo de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos es el primero de los 16 puntos a tratarse. El gobierno pretende que el asfalto atraviese el territorio indigena y a la vez reserva natural de un millón de hectáreas, sin haber consultado a los dueños legítimos, los pueblos Yuracaré, Mojeño y Chimán. Hasta que esta demanda no sea resuelta, la VIII Marcha se niega a tratar el punto dos. Así hasta resolver las exigencias de los pueblos indígenas y cumplir con sus derechos establecidos en la Constitución Política del Estado.

La lluvia que hasta el viernes cayó sobre Horeb, localidad del pueblo Chimán a cuatro kilómetros de San Borja, había imposibilitado que estuvieran en el camino; solamente los vehículos 4×4 podían andar sin quedar sumergidos en el barro líquido. 

El aguacero apagó todas las velas encendidas en memoria de Eddy Martínez Rivero, el cacique de la Organización Indígena Chiquitana (OICH) fallecido en el accidente del avión de Aerocon, en Trinidad. “No podemos nosotros protestar por lo que pasa con la naturaleza. Creemos más bien que esta lluvia es una lágrima de nuestro hermano Eddy, que no ha podido lograr lo que él soñaba. No quería volver a su casa en un cajón. Quería volver sabiendo que nuestros derechos de los pueblos indígenas han sido realmente respetados, que ha dado respuesta el gobierno nacional a nuestras demandas”, dijo Fernando Vargas Mosúa, presidente de la Subcentral de Comunidades del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), por donde el gobierno de Evo Morales quiere hacer pasar una carretera.

La noche del viernes el cielo empezó a despejarse y la luna casi llena volvió a meterse en los charcos. Muchos marchistas andaban aburridos de pasar la noche y el día mojados, a lo sumo humedecidos, atravesados por el viento frío.

A las 8.30 del sábado, los cerca de 1.000 indígenas ya habían terminado de empacar sus cosas y desayunar, listos para reanudar la caminata. A la marcha se incorporó una nueva bandera, una negra, llevada por la Organización Indígena Chiquitana (OICH) en memoria de los tres hermanos que los indígenas tuvieron que enterrar desde su salida de Trinidad, el 15 de agosto. Pedro Moye Noza, de 13 años; Juan Uche Noe, de ocho meses; y Eddy Martínez Rivero, un joven cacique de la OICH.

Avanzarían ese día hasta la comunidad La Embocada, a 23 kilómetros. La lluvia fuerte hizo con el polvo del camino un barrial intratable. Aunque esa mañana un poco había secado, largos tramos de la vía Trinidad-La Paz eran un pantano.

A lo largo del día, se agregaron grupos de indígenas a la marcha, que rondaba los 1.500 participantes; la mayoría de los llegados son del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ). Se masifica la marcha hasta la Plaza Murillo porque el Presidente Morales no desiste en su plan carretero, que vulnera los derechos de los pueblos indígenas legibles en la Constitución Política del Estado.

“El gobierno sufre por su soberbia, por su abuso, por su prepotencia. El gobierno sufre cuando la marcha sale y está en el camino. Yo creo que esa es nuestra fortaleza y, por supuesto, nosotros los indígenas vamos a seguir adelante, pese a todos los cuestionamientos, pese a todos los improperios, pese a toda la discriminación de la que nosotros hemos ido objeto. Hasta nos han dicho que somos salvajes, por eso ellos (el gobierno) quieren hacer la carretera a través del TIPNIS, para que dejemos de ser salvajes con la carretera. Eso es una afrenta contra nuestra dignidad de indígenas que somos. Vivimos en las comunidades, vivimos en el monte, pero eso no quiere decir que somos salvajes. Pero si así nos ve nuestro Presidente del Estado Plurinacional y así lo están construyendo al proceso de cambio; yo creo que están muy equivocados”, se quejó Pedro Nuni, asambleísta del pueblo Mojeño.

“¿Este es el desarrollo que el gobierno quiere dar?”, se preguntaban los marchistas en diversos idiomas mientras hundían los pies en el camino. Cada tanto tenían que salirse de la vía porque decenas de flotas y camiones habían quedado atascados, sumergidos hasta los ejes.

“En gran parte del territorio beniano y paceño no hay carreteras asfaltadas. Hace más de 40 años fue hecho este camino y hasta ahorita no lo asfaltan. Pero sí están empecinados en romper el equilibrio ecológico de una reserva forestal, de un patrimonio del Estado boliviano y de un territorio perteneciente a tres pueblos, a los que quiere liquidar. Vemos este gran desequilibrio, esta gran contradicción que el gobierno tiene, quien realmente busca beneficiarse de los muchos intereses que lastimosamente se juegan si se abre esa carretera”, observó el asambleísta indígena.

La gente saludaba a los marchistas desde los vehículos que pasaban, les pedían que tuvieran fuerza. Algunos convidaban una botella de soda tibia y por la mitad, otros conductores donaban sus bolsitas de hojas de coca. Los pasajeros de una flota con destino a San Borja salieron a las ventanillas para dar ánimo a las y los caminantes. -¡Que baje la choquita!- rogó un marchista atacado de amor a primera vista. Pero la pasajera en cuestión se hizo la sorda.

Algunas movilidades llegaron con donaciones recolectadas en todo el país. “Todo este sacrificio trae desgaste físico, eso se repone con medicina, con alimentación, con agua. Y también con el ánimo que nos da la gente, porque ‘no solamente de pan vive el hombre’, sino también de todas las muestras de apoyo y solidaridad que estamos recibiendo… En esta movilización, por delante de todo está nuestra fortaleza, nuestro coraje y nuestra consecuencia en la defensa de la Madre Tierra, que es lo que caracteriza a esta marcha pacífica”, declaró Nuni, uno de los voceros de la VIII marcha.

A Yucumo

Desde el inicio de la marcha el 15 de agosto en la ciudad de Trinidad (incluso antes) el gobierno nacional se vale de los medios de comunicación públicos –también paga espacios en otros medios- para arrojar decenas de acusaciones contra las y los marchistas. Pero ninguna de las agresiones del gobierno nacional fue respaldada con las pruebas correspondientes.

La última de las versiones –más insólita que las anteriores- indica que los marchistas viajan con armas en sus vehículos. El encargado de emitirla fue el asambleísta del Movimiento Al Socialismo (MAS) por la provincia Ballivián Heriberto Cazorla. El “Honorable” declaró a los medios que los marchistas llevaban movilidades cargadas con armas, y como toda prueba dijo que eso le habían contado los bloqueadores de Yucumo.

“Le decimos al señor Cazorla que sea bien responsable con lo que dice. Nosotros en ningún momento estamos en son de guerra, no estamos en son de enfrentamiento. Nuestra marcha es pacífica, hasta aquí hemos llegado así y vamos a continuar así, de manera muy pacífica. Jamás hemos dicho ‘vamos a atacar a alguien, vamos a destrozar a alguien, a quien se ponga en el camino lo vamos a barrer’, jamás. El gobierno nacional ya no ha podido mostrar pruebas sobre las acusaciones de que USAID financia la marcha y todas esas cosas. Ahora dicen que tenemos camiones con armas, lo cual es totalmente falso. Nosotros vamos a exigirle a esta persona, a esta autoridad, que lo demuestre, que lo pruebe. De lo contrario, él está calumniando a los pueblos indígenas que estamos marchando”, retrucó Vargas.

“Ratificamos que nuestra marcha es pacífica, es una marcha muy responsable. Nosotros no venimos a buscar la confrontación con nadie. Nuestras demandas son justas y ratificamos nuestro pliego de 16 puntos que ya conoce el gobierno. Lo que pedimos es una pronta solución a nuestras demandas. No pretendemos llegar sí o sí a La Paz porque queremos, más bien, que el gobierno llegue hasta donde nosotros nos encontremos. Pero si no llega y nos obliga a llegar a La Paz, vamos a llegar a La Paz”, anunció después el asambleísta indígena Pedro Nuni.

“Si nos agreden en Yucumo no vamos a responder, no vamos a entrar en ese círculo de violencia. De todas maneras, estamos tomando nuestros propios recaudos para evitar cualquier enfrentamiento. Si nos agreden, la respuesta de nosotros va a ser y debe seguir siendo pacífica”, aseguró Nuni.

Días atrás, los principales dirigentes de la marcha fueron a dialogar con los bloqueadores. “Ellos nos hicieron conocer su planteamiento, muchos de los cuales se han despejado. Sin embargo, hay tozudez en ellos y creemos que tienen la misma posición del gobierno. Lamentablemente buscan condicionar cinco de los 16 puntos de nuestro pliego, a los que nuestra marcha no puede renunciar. Creemos que nuestro reclamo es legítimo y lo vamos a llevar hasta donde podamos, para que el gobierno responda”, contó Nuni.

“Actualmente, la Defensoría del Pueblo y la Iglesia Católica hacen gestiones para que no haya agresiones en el momento de pasar por Yucumo. Ya nos han confirmado que hay 300 efectivos policiales allí para dar seguridad a todos los marchistas que pasemos. Hemos estado allá (en el bloqueo) y no hemos visto a más de 50 personas y creo que exagero con la cifra… Dicho sea de paso, nos han informado que han llegado alrededor de 10 flotas con colonizadores a Yucumo para hacer un ampliado. De todas maneras, en La Embocada vamos a descansar y prepararnos para entrar a Yucumo.”, comunicó el mojeño.

“Pedimos a los hermanos colonizadores deponer su actitud soberbia. Pero no creemos que la marcha vaya a ser atacada por los colonizadores. Jamás hemos pensado en eso y no pensamos que esto pueda suceder. Aquí estamos nosotros cuestionando al gobierno y a su poca sensibilidad para con nosotros. A tal punto que están empecinados a dividirnos al interior de nuestra marcha, que han tenido la osadía de sacar a 50 personas en dos enviones. Uno fue por la convocatoria de la cumbre municipal de San Ignacio de Moxos, cuando se llevaron representantes de algunas comunidades del TIPNIS. Al día siguiente, el señor (Carlos) Romero, ministro de la Presidencia, se reúne con ellos y logra cooptar a algunos comunarios. La segunda arremetida ha sido en San Borja, llevándose a otra parte de hermanos indígenas del TIPNIS hasta San Ignacio, seguramente para hacerlos abandonar la marcha y hablar en contra de ella marcha”, denunció Nuni.

“Nos hemos enterado de que en los próximos días el señor Evo Morales estaría llegando a una comunidad indígena del TIPNIS para tomarse una foto, para decir que los hermanos ahí están de acuerdo con la construcción de la carretera. Pero si el gobierno llegara a un acuerdo con ellos, sería en condiciones de desigualdad. El gobierno cuenta con el aparato del Estado y todos los mecanismos del Estado están a su favor. Y van a hacer todo para quebrar esta marcha. Pero, pese a todo, vamos a seguir”, aseguró.

“Hasta ahorita no han tenido éxito las estrategias del gobierno para debilitar esta marcha. Todas sus estrategias se les están cayendo por el suelo”, recordó Vargas.

La marcha es encabezada por las banderas del patujú –flor símbolo de esta movilización-, las de Bolivia y una whipala sostenida por tata Gualberto Baraona, mallku de Medio Ambiente del CONAMAQ. Con el pasar de las horas, el sol cocinaba las cabezas y también la humedad del suelo, que hacía al aire de la Amazonía todavía más caliente. Sin embargo, al tata Gualberto le gusta más marchar de día, así se pueden ver los paisajes selváticos. Cuando marchan de noche, solamente ven hasta donde alumbran las linternas, además los vehículos y las vacas se muestran más dispuestos a atropellarlos. Por el camino también hay muchos toros, que a veces se la quieren agarrar con la marcha. Por eso, uno de los presentes va adelante para espantarlos, así a nadie atacan.

Los marchistas llegaron a La Embocada embarrados, luego de caminar y resbalarse durante 23 kilómetros. Para llegar a la ciudad de La Paz todavía les falta caminar más de 350 kilómetros. Luego de que atraviesen el bloqueo de Yucumo, lo que reste de camino hasta el Palacio Quemado será en subida.