Mogadiscio, Naciones Unidas y La Habana (PL).- Bay, en el sur de Somalia, fue declarada hoy en estado de hambruna por la ONU, con lo cual suman seis, incluyendo esta capital, las regiones donde el organismo internacional decretó incapacidad de subsistencia sin ayuda internacional urgente. Unos 750 mil somalíes corren el riesgo de muerte inminente en los próximos cuatro meses a causa de la hambruna, advierte la ONU. 

La última alarma por hambre fue el 20 de julio e incluyó a El Pasillo de Afgoye ubicado a las afueras de Mogadiscio y el Medio Shabelle; antes el llamado fue para Baja Shabelle y la región meridional de Bakool. La mayoría de las regiones el sur están bajo control de la milicia islámica Al Chabab (juventud árabe), lo cual complica el trabajo de los socorristas internacionales y la llegada de alimentos y medicinas.

En ese país del Cuerno Africano ocurren 7,4 muertes diarias por cada 10 mil personas, siete veces más del índice requerido para declarar un estado de emergencia y se teme por las vidas de al menos 750 mil somalíes. Unas 12 millones de personas, la mayoría somalíes, pero también de Kenya, Etiopía, Uganda y en menor proporción de Djubouti, sufren las severas consecuencias de la mayor sequía de los últimos 60 años.

Millones de niños en la región están propensos a contraer sarampión, malaria y cólera y es inminente la expansión de las infecciones a otros países del área. Junto a la escasez de precipitaciones son causas de la tragedia humana el alza de los precios de los alimentos en el mercado mundial y las acciones violentas interétnicas, incluso por posesiones de recursos materiales.

Unos 750 mil somalíes corren el riesgo de muerte inminente en los próximos cuatro meses a causa de la hambruna que azota el Cuerno de África, advierte hoy un informe de la ONU. “Si el nivel de respuesta actual (a la crisis humanitaria) continúa así (en términos de ayuda), el hambre avanzará todavía más en los próximos cuatro meses”, alerta el Centro de Análisis para la Seguridad Alimentaria de Naciones Unidas (Fsnau, por sus siglas en inglés). Recuerda el texto que “decenas de miles de personas ya murieron, de las cuales más de la mitad eran niños”.

La hambruna, que se ha extendido a una sexta región del país (Bay, en el sur) debido a una sequía excepcional en todo ese territorio africano, afecta en total a unos cuatro millones de personas que se encuentran “en situación crítica en Somalia”.

Según la ONU el estado de hambruna tiene una definición precisa en la región: 20 por ciento de las familias afectadas por una grave penuria alimentaria, 30 por ciento de la población con una grave malnutrición y una tasa de mortalidad diaria de dos personas sobre 10 mil.

En las últimas décadas casi 12,4 millones las personas han sufrido la peor sequía que se reporta en el denominado cuerno de Africa y necesitan ayuda humanitaria, de acuerdo con el organismo multilateral.

En julio pasado otras cinco regiones somalíes fueron declaradas en hambruna por la ONU: Baja Shabelle y el sur de Bakool, ambas contiguas a Bay. Además se incluyen en la lista los 400 mil desplazados de los campamentos de Afgoye, al norte de Mogadiscio, los instalados en la propia capital y los distritos de Balaad y Adale, en la zona de Media Shabelle.

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Somalia al borde de cualquier muerte

Silvia Martínez Puentes *

En Somalia, cuando no se muere en el fuego cruzado de la guerra civil, la hambruna cobra proporciones aterradoras sin que ninguna ayuda humanitaria pueda paliar la dimensión de la tragedia. Para atenuar la crisis hacen falta de inmediato dos mil 500 millones de dólares, de los cuales solo han sido recaudados mil 100.

La subsecretaria general de la ONU para Asuntos Humanitarios, Valerie Amos, teme que la catástrofe alcance mayores proporciones si el apoyo internacional falla. Pero la alerta rebasa el drama de hoy y advierte que en el futuro cercano el cambio climático, los desastres naturales y la sequía, como la que vive hoy el Cuerno de África, serán “más severos y frecuentes”.

Expertos de la ONU coinciden en que existe alarma de hambruna cuando ha fallado todo y no se avizoran mecanismos de subsistencia. Rara vez ese término es usado por las organizaciones humanitarias: por última vez fue aplicado hace 20 años en la atribulada Somalia.

También hace apenas un mes la ONU declaró hambruna en cinco zonas de ese país africano, incluyendo Mogadiscio, la capital, donde ocurren cada día siete muertes por cada 10 mil niños menores de cinco años a causa del hambre y las enfermedades contagiosas curables, que amenazan con extenderse a otras regiones.

Para cientos de miles de somalíes, en especial los grupos más vulnerables, aunque nadie escapa a ese destino, la salvación podría estar en llegar a un campamento de refugiados donde es posible encontrar agua, alimentos y medicinas. Muchos sucumben en el intento, otros tantos son devueltos a sus lugares de origen, tras caminar cientos de kilómetros, y no pocos mueren al llegar al refugio o en la espera de recibir ayuda, la que puede demorar entre siete y 12 días, debido a la enorme cantidad de necesitados.

Los campamentos están abarrotados de personas y los socorristas confiesan encontrarse al límite de sus posibilidades. El refugio keniano Dadaab, por ejemplo, con capacidad para 90 mil personas, alberga a 370 mil y tiene un retraso en el registro de 16 mil.

Los infantes que huyen del hambre y la guerra en Somalia llegan aferrados a la vida, pero exhaustos. “Debemos hacer algo más que obligarlos a soportar la espera (para el ingreso) en la maleza”, aseguró Prasant Naik, responsable de una ONG en Kenya.

Un año atrás, los llamados grupos de alerta temprana, llamaron la atención sobre los niveles insuficientes de lluvia y poco tiempo después vaticinaron la catástrofe que se avecinaba. Occidente desoyó el reclamo y nada hizo para frenar la pandemia de que amenazaba a la región.

Prueba de ello es que por ejemplo entre 2008 y 2010 Estados Unidos redujo un 90 por ciento la ayuda a esa empobrecida nación. Por añadidura, Somalia sufre un conflicto armado desde hace dos décadas, el cual no sólo divide al país en dos, sino que dificulta el acceso humanitario, por la inseguridad.

Tanto Al-Chabab (la Juventud) como las milicias afines al Gobierno Federal de Transición somalí reclutan a niños como soldados en los campos de refugiados; y en muchas zonas, sobre todo del sur, se apropian por la fuerza de los donativos de alimentos y medicinas.

Somalia es el eslabón más débil de la cadena de calamidades que padece el Cuerno Africano, donde además de la severa sequía, razones económicas, políticas, confesionales y sociales ensombrecen el futuro del continente.

La crisis estructural de la agricultura, la inseguridad alimentaria, las deformadas infraestructuras económicas y sociales y los conflictos políticos y étnicos, limitan el desarrollo.

África hace por crecer, pero la avaricia humana, traducida en guerra y expoliación, cercenan sus recursos naturales, y lo peor, matan a su gente con bombas, y de hambre y enfermedades.

La ciudad somalí de Mukarama recibe al visitante con una pancarta: “Bienvenidos al país olvidado del mundo”. El mismo Mogadiscio, fundado en el siglo X por mercaderes árabes y persas y otrora conocido como la Perla Blanca del Océano índico, ha devenido hoy la más pobre e insegura ciudad del planeta.

* Periodista de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.