Con promesas de desarrollo e integración de la región amazónica se pretende justificar la destrucción que la carretera ocasionará a la rica biodiversidad y a las tres naciones que habitan el TIPNIS. Uno y otro gobierno han utilizado este argumento para saquear y vender a precio de baratijas los recursos naturales. Es imposible desarrollar al país en los marcos del capitalismo mundial, que nos ha dado el papel de proveedores de materia prima.

Desde el 15 de agosto, los 36 pueblos indígenas de Bolivia han iniciado una marcha hacia la sede de Gobierno demandando respeto a sus derechos y territorios. El detonante de la movilización fue la construcción de la Carretera Villa Tunari -San Ignacio de Moxos ( 360 Kms) que partirá en dos el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).

El conflicto por el TIPNIS ha adquirido dimensiones políticas que ponen en cuestionamiento al gobierno boliviano, su relación con las transnacionales y demandas históricas de pueblos indígenas y campesinos. El verdadero carácter del gobierno de Evo Morales, que se autoproclamaba indígena, revolucionario, antiimperialista y defensor de la “madre tierra”, se ha puesto al descubierto.

Con promesas de desarrollo e integración de la región amazónica se pretende justificar la destrucción que la carretera ocasionará a la rica biodiversidad y a las tres naciones que habitan el TIPNIS (mojeños, chimanes y yuracarés).

Uno y otro gobierno han utilizado este argumento para saquear y vender a precio de baratijas los recursos naturales mientras Bolivia sigue hundida en el atraso y la pobreza.

Desarrollar al país en los marcos del capitalismo mundial que nos ha dado el papel de proveedores de materia prima es imposible. Ese es el desarrollo que ahora defiende el gobierno, uno que beneficia a transnacionales en base al extractivismo descontrolado dejando a su paso destrucción ambiental y social.

Lo que se pretende es construir la carretera del saqueo. No en vano la petrolera Petroandina SAM (que es la sociedad de PDVSA y de YPFB) invierten millones en exploración petrolera en la zona. Y es que Bolivia vive un déficit de volúmenes de gas que tiene comprometido para los mercados de Brasil y Argentina. Asegurar el gas para mercados externos mientras el mercado interno enfrenta desabastecimiento a causa de que la prometida industrialización del rubro gasífero no se ha dado pues la nacionalizada YPFB es solo un florero que adorna el supuesto socialismo del gobierno.

Intereses transnacionales detrás de la carretera

El 80% del financiamiento para la carretera lo está haciendo la banca brasilera a través del Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES) la construcción ha sido adjudicada dudosamente a la transnacional brasileña OAS, cuestionada por el sobreprecio de la carretera y por acciones similares en Perú y Ecuador .

El gobierno boliviano no es más que el regente de los intereses transnacionales por eso el 3 de junio ha iniciado la construcción del tramo I sin recurrir a las consultas que establece la propia constitución como derecho de los pueblos indígenas.

El TIPNIS y el asunto de la tierra

El gobierno está promoviendo un enfrentamiento entre indígenas versus colonizadores y campesinos, organizando contramarchas y bloqueos que respalden su proyecto carretero. El acceso a la tierra es el fondo del problema. El campesinado sigue teniendo necesidad de tierra, pero el gobierno se ha dado a la tarea proteger el latifundio y legalizarlo en el artículo 398 de la Nueva Constitución. El informe “Extranjerización de la Tierra boliviana” de la Fundación Tierra asegura que más de un millón de hectáreas de las mejores tierras se encuentran en manos de empresas transnacionales. Antes que tocar un pelo al latifundio el Gobierno pretende paliar la necesidad de tierra del campesinado penetrando los territorios indígenas.

El presidente ha rechazado una y otra vez el pedido de bajar a dialogar en la marcha. Sin embargo recientemente ha tenido un encuentro con el empresariado agroindustrial en el que les ha ofrecido garantías para mejorar la producción, así como millonarios créditos y beneficios para el sector. Muestra de que la denominada “revolución agraria” es para los intereses empresariales y los agronegocios. De yapa Evo les ha legalizado el ingreso de semillas transgénicas.

El antiimperialismo de EVO

El gobierno de Evo Morales ha utilizado una y otra bajeza-incluidos los pinchazos telefónicos- para relacionar a la marcha indígena con USAID, la embajada norteamericana y el imperialismo. Cuando las amenazas imperialistas no están detrás de los movimientos que lo cuestionan, sino detrás de su “carretera revolucionaria”.

Las amenazas de expulsar a USAID son poses antiguas del gobierno: Un artículo de Bolpress señala que los ministerios de Salud y de Medio Ambiente trabajan con financiamiento de USAID (aproximadamente 30 millones de dólares) según declaraciones de la propia embajada norteamericana.

Es en el marco de crisis internacional y la presión de los negocios capitalistas sobre los países más pobres se destapan las imposturas de los gobiernos latinoamericanos “progresistas” y “revolucionarios”, que no han roto las estructuras capitalistas y por eso enfrentan rebeliones populares en su seno.

El conflicto por el TIPNIS es una muestra más del proceso de derechización gubernamental, y la progresiva ruptura con sectores que antes lo apoyaban.

No hay Evo antiimperialista, no hay Evo defensor de la Pachamama, ni de los pueblos indígenas. Evo no gobierna obedeciendo al pueblo sino a las transnacionales.